el chivato
Martes 25 de noviembre de 2008
Todos creían que se quedarían en el tranquilo camposanto limeño, donde por quinto año consecutivo reaparece entre panteones el drama de José Zorrilla -un cementerio, singular escenario de la representación, que fue construido en 1808 por orden del Virrey Don Fernando de Abascal según planos del arquitecto español Presbítero Maestro-. Noviembre se aproximaba y los deseados espíritus –también estaba Buttarelli- no se quedaron solamente las noches de noviembre en la sacramental ultramarina con los músicos y bailarines del Centro Cultural Español de Lima. Así que Tenorio, Mejía y toda la comparsa, además de materializarse entre lápidas y panteones de la ciudad americana, se hicieron presentes en varias localidades españolas, entre otras, Sevilla, claro. O la noche de Todos los Santos, en el Teatro Principal de Zaragoza en una presentación iconoclasta, donde los espíritus de la mítica historia cobraron relieve desde el texto, en las voces y presencias del Alcalde de la ciudad, concejales, miembros de los partidos de la oposición y ciudadanos encantados de participar.
La principal manifestación literaria en lengua española de la leyenda del Don Juan seductor; ese personaje deseado y odiado, absuelto y admitido en el cielo gracias al amor de una mujer, es la del vallisoletano José Zorrilla, –por cierto, una mujer, Ana Mariscal, encarnó al burlador, allá por los años cincuenta, en el Teatro Español- “¿Qué tiene, pues, mi Don Juan?/ Un secreto con que gana/ la prez entre los dos Juanes;/ el freno de sus desmanes:/ que Doña Inés es cristiana./ Tiene que es de nuestra tierra/ el tipo tradicional;/ tiene todo el bien y el mal/ que el genio español encierra./ Que, hijo de la tradición,/ es impío y es creyente,/ es balandrón y es valiente,/ y tiene buen corazón…” Y, al fin cuando nadie lo esperaba llegó a Madrid. En esta ocasión al Teatro Bellas Artes, de la mano del inmarcesible director Emilio Hernández, según la idea interpretativa de Fran Perea, que aprovecha su traza propia para recrear un personaje anárquico, despreciable, sin salvación divina, a partir del galán creado por Tirso de Molina en “El burlador de Sevilla”. Sea el de Tirso o el de Zorrilla, lo importante es que Tenorio y las Ánimas que lo amaron o padecieron, no falten a su centenaria cita anual con los madrileños.
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