Los Angeles Rams impusieron su oficio de campeón y derrotaron a los Minnesota Vikings en el último partido de la ronda de Wild Card de la NFL. A pesar de no llegar a la cita con la etiqueta de favoritos ganaron con claridad gracias a un ejercicio defensivo estruendoso. La presión a la que sometieron al quarterback Sam Darnold acabó por entregarles un triunfo que les coloca en la siguiente ronda, en la que medirán pedigrí con los Eagles de Jalen Hurts y Saquon Barkley. Sea como fuere, los californianos rindieron mejor que nunca en el día señalado, todo lo contrario que unos visitantes que llegaban con un sobresaliente balance de 14 triunfos y sólo tres derrotas en la temporada regular. Como tantas otras veces, los playoffs volvieron a desnudar la verdadera valía de los contendientes.
El ya mítico entrenador Sean McVay supo doblegar en la pizarra a su pupilo Kevin O'Connell, con el que ganó el anillo en el Súper Bowl LVI (2021). Sabía que se enfrentaba a la segunda mejor defensa de carrera de la liga, así que viró su plan acostumbrado y aparcó el juego terrestre para dar protagonismo a un Matthew Stafford que cumplió de maravilla (209 yardas de pase, dos touchdowns y un 19/27 en intentos). El pasador dejó atrás la inconsistencia que ha arrastrado en estos meses y ofreció un ejemplo de cómo gestionar los 'blitzes' rivales. La potente línea defensiva del bloque de Mineápolis no llegó a tiempo de cortar los pases cortos y rápidos del que fuera número uno del draft, cayendo en la trampa de un estratega que ordenó buscar acciones aceleradas hacia la espalda de los linebackers oponentes. Y les salió a la perfección. Así arrancaron el encuentro, amontonando envíos frenéticos y desactivando el mejor arma de la defensiva contrinacnte, en una declaración de intenciones que no supieron leer los técnicos visitantes.
El brillante receptor Puka Nacua, que se 'merendó' a Stephon Gilmore, inauguró el desequilibrio con su contundente físico y Tyler Higbee acompañó para colocar a los locales en buena posición de campo. El importante tigh end se lesionaría, pero sus compañeros no miraron atrás. Construyeron un drive sostenido de cuatro minutos y medio que coronaron aprovechando una penalización absurda de Mathew Bullard. Stafford conectó un pase de cinco yardas con Kyren Williams, por el centro, para abrir el marcador (7-0, minuto 4:38). De este modo demostraron desde temprano que no iban a temblar y lo confirmaron de inmediato, provocando un tres y fuera en la primera posesión de los Vikings. Es más, avisaron de lo venidero con el primero de los nueve sacks que dedicarían a Darnold, obra de Byron Young.
El primer cuarto se le atragantaría al dubitativo pasador al tiempo que Stafford redondeaba un 9/9 y más de 100 yardas de pase cuando sólo se habían completado ocho minutos. No le llegaba la presión de la defensa de Minnesota, con los destacados pass rushers Jonathan Greenard y Andrew Van Ginkel impedidos, y dejaban espacios detrás de esa presión inicial infructuosa. Así alimentó el quarterback de los angelinos a Demarcus Robinson con un pase de 23 yardas, en un avance ampliado por la carrera de Williams y que concluyó en un gol de campo de 34 yardas anotado por Joshua Karty (10-0, minuto 10:51). Les salía todo a los californianos, que en esta fecha jugaron en Arizona por los terribles incendios que están asolando su ciudad, y sólo la indisciplina evitó que su superioridad se plasmara en una paliza sonrojante en el electrónico. Cometieron 10 penalizaciones para 90 yardas, mas no lo sintieron. Así de cómodos lucieron.
O'Connell le ofreció una soga a Darnold abriéndole a los running backs como receptores y por ese camino parecía que localizaba firmeza el pasador, que estrenó a Justin Jefferson con un pase de 22 yardas. Sin embargo, su desempeño de este martes se iba a resumir en problemas serios salpicados por aciertos descontextualizados. Acto y seguido sufrió otro sack y perdió terreno. Ese fue su sino, en culpa compartida por su línea ofensiva y por su lentitud en la toma de decisiones desde el pocket. Ambos factores agigantaron a la zaga de los Rams y la mejoría se quedó en un gol de campo de 34 yardas embocado por Will Richard oara recortar distancias (10-3, minuto 15:33). Entonces la defensiva visitante reaccionó con todo. Vieron cómo su organizador estaba naufragando y le sostuvieron, a la espera del despertar del ataque.
Pero su quarterback estaba ya en un plano depresivo, repleto de titubeos. El peor de los pecados a estas alturas de la temporada. Había emitido síntomas desconcertantes en la derrota ante los Lions de la última jornada y esta madrugada los corroboró. Sus increíbles 4319 yardas aéreas y 35 anotaciones registradas durante el curso han podido quedar en nada por dos discretísimas actuaciones, que no sólo le han arrebatado millones de dólares de sueldo futuro sino quién sabe si algo más en esta liga. Concedió otra captura y tiró una intercepción grosera a las manos de Ahkello Witherspoon que congeló las esperanzas de su hinchada. Y, para colmo, antes del descanso y cuando su defensiva manitaba a Los Ángeles, cometió un fumble -provocado por el sack de Witherspoon- que Jared Verse tradujo en un touchdown defensivo tras una carrera de 57 yardas (17-3, minuto 25:25). El tembleque del pasador sentenció a su delegación. Pagó muy cara la 'psicosis' de haber sido capturado más que nadie en la liga y McVay y el coordinador defensivo angelino Chris Shula sacaron tajada.
Ni la personalidad de los corredores Aaron Jones y Cam Ackers sirvió para capear el desastre. Y antes del intermedio hubo hueco para más miseria, para desgracia del play calling de los Vikings. En cuarto down y dos yardas prefirieron pasar y Kobie Turner cazó a Darnold en un sack de 11 yardas negativas. Los Angeles agradeció el regalo y amplió su renta con una anotación de Davis Allen después de un pase sencillo y rápido de 12 yardas de Stafford, en un avance abonado por Williams y Nacua (24-3, minuto 29:45). De esta manera entraron en vestuarios los visitantes, con seis capturas concedidas, más tiempo de posesión con el oval y muy poca producción. Y eso que durante la temporada se habían colocado en el Top-10 de yardas de pase. De nuevo, el mal de los playoffs, presente.
Al guadianesco quarterback de Minnesota le quedaba sólo defender su honra en la reanudación y hasta el final del minutaje. Y lo intentó aunque nunca consiguió salir de la irregularidad mostrada (25/40 y 245 yardas aéreas), con algún pase de media distancia reseñable y muchas más imprecisiones de corto rango y fácil ejecución. Los Rams estaban aplicando ya el modo ahorrativo, como hicieron en la jornada final dando descanso a sus primeros espadas. Se dedicaron en lo sucesivo a quemar el tiempo con carreras y fluidez, como en el drive de seis minutos que desembocó en un gol de campo de 44 yardas anotado por Karty (27-3, minuto 36:41). No les hacía falta arriesgar a los californianos y actuaron en coherencia. No erosionaron a Cooper Kupp, su MVP particular, y le dieron un único pase. Habían dominado tanto que les bastaba con economizar.
Darnold se dio una solitaria alegría al descubrir a Jalen Nailor como su mejor salvavidas. La electricidad de este receptor les colocó en disposición de anotar y T.J. Hockenson lo hizo, después de hacer bueno un envío horrible y correr por 26 yardas (27-9, minuto 39:55). Quedó como anécdota descriptiva que los Vinking fueron a por la conversión de dos puntos y fallaron. Acudieron a los QB sneak y ni aún así esquivarían las venenosas dudas del jefe de su ataque, que corría para sobrevivir. No pudo ni salir a flote por la indisciplina continuada de los angelinos, con el estelar Jefferson infrautilizado, y el último cuarto se esfumó en un parpadeo, para desolación de la otrora esperanzada afición de Mineápolis y jolgorio de unos Rams que se reivindicaron en ambas fases del juego. El State Farm Stadium les ha visto renacer y a partir de ahora es cuando todo es posible para el buque de McVay.