El Highmark Stadium de Orchard Park, Nueva York, acogió este lunes el partido gigantesco de la ronda divisional de la NFL. Se enfrentaban dos contendientes íntimos, los Buffalo Bulls y los Baltimore Ravens. Y chocaron los dos candidatos al MVP del año, palabras mayores. De este espectacular y esperadísimo combate saldría vencedor el desempeño templado y mesurado de Josh Allen (127 yardas de pase, dos touchdowns de carrera), mientras que Lamar Jackson vivió una montaña rusa de sensaciones (254 yardas aéreas, 293 totales, con dos pases de anotación, una intercepción y un fumble sufrido). El aplomo ganó y los locales viajarán a Arrowhead para mirar a la cara de nuevo a los Kansas City Chiefs de Patrick Mahomes. Llevan desde 2021 esperando este momento.
Con un frío paralizante (16 grados bajo cero) y nieve en el emparrillado se remangaron unos y otros para morder cuanto antes. La guerra mental iba a jugar un papel relevante, por eso había celebrado tanto la ventaja de campo el equipo preparado por Sean McDermott. En casa ganan muchos enteros y se sienten capaces de todo, incluso de responder a un primer drive maravilloso de los visitantes. Y es que el entrenador John Harbaugh (que acumula 12 temporadas pisando Playoffs) preparó una posesión con cuatro pases determinantes de su quarterback. Para sorprender desde temprano. Una conexión de 39 yardas con Isaiah Likely abonó el terreno para el touchdown de Rashod Bateman, que bajó una bala centrada, vertical, de Lamar (0-7, minuto 14:20).
Arrancó el doble MVP con una personalidad propia de tal estatus. Seguro y amenazando en la suerte que peor maneja, el lanzamiento desde el pocket. Mas la torsión del plan (los Ravens han sido élite este curso en el juego de carrera y todo lo contrario en el pase) no hizo dudar a los neoyorquinos. Se ciñeron a un libreto que llamaba a equilibrar el tipo de jugadas y, sobre todo, a huir de la precipitación y el riesgo con el pase. De hecho, Allen sólo lanzaría siete pases antes del descanso. Su estratega le ordenó dañar de otra manera, con envíos cortos y usando otra de sus grandes virtudes: la potencia de sus piernas. Los esfuerzos del valioso running-back Calvin Cook le abrieron las puertas y la Ray Davis remató, cuarto down mediante, para empatar con una carrera de proximidad (7-7, minuto 10:27). En un drive de 13 jugadas que vio nueve acarreos terrestres. Una declaración de intenciones en toda regla.
Como se puede comprobar ambos contendientes entraron en calor pronto, pero la defensiva de Búfalo aceleró antes que la de Baltimore. Y un desnivel de intensidad en esta exigencia causa consecuencias devastadoras. Lo pudieron comprobar los visitantes desde que Lamar Jackson lanzó una intercepción grosera a las manos de Taylor Rapp (minuto 11:08). Amanecieron los fantasmas del referente de los Ravens, que arrastra una alargada sombra de sospecha en la postemporada -nadie, nunca, ha registrado una diferencia tan grande de victorias entre el curso regular y los Playoffs-. Emitió un pase horrible sin presión ni receptores cerca. Aún así, su retaguardia le rescató al arrancar un punt a continuación.
Mas sintieron sus compañeros el derrumbe de su guía, y también acusaron la extraordinaria labor de freno de la defensiva local sobre el potencial de Derrick Henry. El fenomenal corredor sólo pudo aportar 21 de las escasas 73 yardas de carrera con las que su equipo llegó al intermedio. Las dudas se expandieron en la banda de Harbaugh mientras que Bobby Babich lanzaba una tormenta de blitzes sobre Jackson, con Matt Milano como punta de lanza. Habían olido sangre y pescaron un punto de inflexión: en el segundo cuarto comenzaron a capturarle y el notable Damar Hamlin le provocó un fumble que recuperó Von Miller, en un esfuerzo de retorno de 39 yardas. Allen facturó el regalo alimentando a su socio Khalir Sharir y a Cook, antes de ampliar la renta en primera persona, con otra carrera corta para touchdown (14-7, minuto 21:08).
No alcanzó la defensiva de la delegación Maryland a tapar otra vez las vergüenzas de su quarterback y el ataque tampoco salía de la incomodidad. Lamar recurría a sus carreras para salir a flote y la ayuda de Henry le bastó para conseguir aire. Emitiría un chispazo hacia Bateman de 42 yardas, pero no traducirían la mejoría en una buena tajada. Un placaje impresionante de Dorian Williams detuvo a Derrick sobre la yarda uno, Gregory Rousseau penalizó los titubeos del pasador y la posesión finalizaría con desazón visitante y con un gol de campo de 26 yardas embocado por Justin Tucker (14-10, minuto 26:17). Para más inri, los Bills aumentaron la brecha antes del parón con un despliegue sensacional de Davis, una polémica interferencia pitada a Tre'Davious White y la anotación terrestre de Allen (21-10, minuto 29:44).
Baltimore entró en los camarines irreconocible y castigado por las pérdidas de balón. Con más yardas de pase que su oponente y menos de carrera (a pesar de que en la victoria previa ante los Steelers habían conseguido 299 yardas terrestres). Se había jugado a lo que había dispuesto el banquillo local, así que les urgía reaccionar y para ello optaron por aplicar la receta básica. Empezaron por subir las revoluciones y la agresividad de una defensa que se puso las pilas -empezaron a forzar muchos terceros downs y punts-, con Ar'Darius Washington, Kyle Hamilton, Malik Harrison y Kyle Van Noy empujando. E insistieron en el juego aéreo de Lamar, que descubrió a Mark Andrews en la reanudación, hasta que se dieron cuenta de la imprudencia. El desacierto del pasador, en la precisión y la lectura de las situaciones, dejó un drive reseñable en un gol de campo de 47 yardas de Tucker (21-13, minuto 40:13).
Entonces se volvieron integristas con la fórmula que les había traído hasta aquí. Había que correr hasta el aplastamiento físico del rival. Construyeron una posesión de seis carreras potentes, de la mano de Justice Hill y de un Henry que ahora sí dañaba con esa naturalidad que atemoriza. En plenitud es una apisonadora y dejó la desventaja en dos puntos (21-19, minuto 43:23). Habían dejado a Jackson en un simple rol de acompañante y tuvieron éxito, pero un mal pase les arrebató el empate en la conversión siguiente de los dos puntos extra.
Buffalo se descubrió con la obligación de sumar en ataque y parecería que les pilló a desmano. Eso sí, no se precipitaron (quizá pecando de excesivo conservadurismo) y la defensiva de los Ravens, al galope de los blitzes, haría su trabajo. Amarró la capacidad anotadora local a dos goles de campo de Tyler Bass (de 5 y 21 yardas, respectivamente, para un marcador de 27-19, minuto 56:31), dejando el escenario perfecto para que su líder, ese que les ha comandado durante meses, resplandeciese al fin. Y lo hizo en un solitario fogonazo postrero, con tres pases magníficos que Likely vistió de anotación (27-25, minuto 58:27). Mas no le siguió Andrews, su mayor colega. Había concedido un fumble y cometió un drop determinante, en la conversión que pudo haber enviado el partido a la prórroga. Así pereció Lamar, con un último chispazo de clase que no bastó. Qué difícil es sostener la grandeza cuando ronda la presión de quedar eliminado.