Pedro Medellín | Martes 25 de noviembre de 2008
“¿Y quien me puede decir ahora que en Venezuela hay una dictadura?”, dijo desafiante el Presidente Hugo Chávez, ante los resultados de las elecciones regionales el domingo pasado. No lo dijo solamente porque la oposición ganó en los estados más populosos, sino también porque –a pesar de ese resultado- el mandatario venezolano fue el gran ganador del proceso electoral.
El cobro de Chávez, no es gratuito. Todas las previsiones lo señalaban como el gran derrotado. Con más o menos diferencias, los análisis anticipaban una derrota del Presidente venezolano. Y no era para menos. Todos recordaban el peso que habían tenido los votantes locales, al derrotar en las urnas la propuesta de Chávez de centralizar el poder en Caracas (presentada en el referendo del año pasado). Y como el debate electoral se había centrado centró en la descentralización y la financiación de la lucha contra la inseguridad y la pobreza, los analistas consideraban que ese “espíritu autonomista” que se respiró en el referendo, se repetiría en estas elecciones, a favor de los candidatos de la oposición.
La campaña electoral se desarrolló bajo un clima de crispación tan fuerte que, días antes de las elecciones, Chávez llegó a amenazar con acciones militares para defender la revolución bolivariana, si ganaban los opositores en el Estado Zulia. Los analistas explicaban la actitud de Chávez como una reacción tanto a la presión internacional por la democratización de Venezuela, como a la publicación de las encuestas y los reportes que daban una clara ventaja a los candidatos de la oposición.
Pese a las expectativas, las elecciones transcurrieron con calma en todo el país. Al cerrar la jornada, los reportes iniciales del Consejo Nacional Electoral comenzaron a ser favorables para el gobierno de Chávez. Por una parte, al reportar una participación electoral del 65,45%, “la más alta registrada en comicios regionales y locales en Venezuela”. Y por otra, al informar, que 17 de las 22 gobernaciones en disputa, fueron obtenidas por el chavista partido PSUV (Partido Socialista Único de Venezuela).
De esos resultados, el dato más importante para el gobierno era haber podido recuperar el control de los estados Trujillo, Aragua, Guárico y Sucre, que había perdido en las elecciones pasadas a manos de la oposición. A su lado, también reivindicaba la victoria en el estado Barinas, pues al tratarse de un estado controlado completamente por la familia de Chávez, el esfuerzo que puso allí la oposición para derrotar a Adán Chávez (hermano del Presidente), fue mayúsculo. Ganar en Barinas, era ganar el feudo que gobernaba la Casa Chávez
Un caso aparte lo constituyen los resultados en los Estados de Carabobo y Táchira, en donde la estrechez de los primeros datos llevó al Consejo Electoral a decidir no publicarlos, hasta que haya un conteo que haya sido cuidadosamente revisado. Sin embargo, las Juntas Electorales de ambos estados ya habían anticipado la victoria de la alianza opositora.
Aun cuando la oposición reclama la victoria de de los Estados más populosos (Zulia y Miranda) y la alcaldía de Caracas, el resultado verdaderamente importante ha sido la derrota que le propinó al candidato chavista a la gobernación del Estado Miranda, Diosdado Cabello, quien ha sido vicepresidente y ministro en varias carteras, en los 10 años de gobierno de Chávez. El Estado Miranda era la joya de la corona.
Pero más allá de los determinantes de los resultados, el balance de las elecciones resulta, sin ninguna duda, una ganancia para Chávez
En primer lugar, después de un comienzo traumático, el régimen chavista ha logrado darle forma y proyectar al Partido Socialista Único de Venezuela (PSUV) como la primera fuerza política de Venezuela. No sólo gobernará en el triple de gobernaciones que sus adversarios, sino que además deberá cumplir la doble tarea de sentar las bases ideológicas de la acción partidista para la defensa de la Revolución Bolivariana y proveer los que serán los nuevos dirigentes nacionales del chavismo. No cabe duda que se trata de una organización política que cada vez más irá adquiriendo un mayor peso político. La presencia al frente del PSUV del General (r) Alberto Mueller Rojas, una de las personas que más respeta Chávez y a quien le ha permitido las más duras críticas, permite anticipar que no se trata de un partido de bolsillo del mandatario venezolano.
En segundo lugar, el hecho de que haya ganado en los estados más populosos y fuertes Zulia (2.141.055 electores) Miranda (1.781.361) y Carabobo (1.338.601), le confieren a la oposición un espacio importante en la decisión de los asuntos públicos. Estamos hablando del control sobre el 37% de los ciudadanos habilitados para sufragar, lo cual abre el cerrado régimen de la V República, para darle a la oposición un buen margen de participación política en el manejo de los gobiernos territoriales. Este es, sin duda, uno de los argumentos a los que recurrirá permanentemente Chávez cuando se le acuse de mantener un régimen dictatorial.
Y, finalmente, estas elecciones han terminado confiriendo una importante dosis de legitimidad al debilitado régimen de permanencia de Hugo Chávez. El que hayan sido éstas, las elecciones con mayor participación política (más del 65% de los electores) de los últimos años y con un resultado que la oposición reclama como victoria, le sirve al chavismo para proyectarse como un régimen abierto en el que los opositores pueden tener juego. Esa percepción es mayor cuando se observa cómo, los opositores electos como gobernadores y alcaldes han comenzado a invocar espacios de colaboración “sin peleas” entre el gobierno nacional y los gobiernos territoriales.
Una buena señal para una sociedad agotada por las disputas y la polarización, y una coyuntura que debe tener pensando al Presidente Chávez, cómo rehacer el camino hacia su reelección.
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