Opinión

Jubileo: esperanza que nunca se extingue

EN LA FRONTERA

Rafael Ortega | Sábado 25 de enero de 2025

Este fin de semana centenares de informadores de todo el mundo estamos celebrando en Roma el Jubileo de los Periodistas en el marco del Año Santo, convocado por el Papa que, como el mismo apuntó, debe estar caracterizado por “la esperanza que nunca se extingue. Una esperanza que no solo está dirigida a la vida personal de cada creyente, sino que se extiende a la sociedad en su conjunto, a las relaciones interpersonales y a la promoción de la dignidad de cada persona y que nos nos ayude también a recuperar la confianza necesaria en los vínculos interpersonales, en las relaciones internacionales, en la promoción de la dignidad de toda persona y en el respeto de la creación”.

Hace 25 años tuvimos la fortuna de participar también en el Jubileo de los Periodistas y entonces hicimos una serie de reflexiones, que creo siguen siendo muy válidas hoy, pues si en esta sociedad que nos quiere construir el laicismo, el ser “católico se desea que sea una anécdota, el ser periodista católico, lo es todavía más”. San Juan Pablo II nos dijo en su día: “Cada hombre lleva consigo sus propias ideas, sus preferencias y hasta sus prejuicios. Pero el responsable de la comunicación no puede escudarse en lo que suele llamarse la imposible objetividad. Si es difícil una objetividad completa y total, no lo es la lucha por dar con la verdad, la decisión de proponer la verdad, la praxis de no manipular la verdad, la actitud de ser incorruptible ante la verdad”.

Esto nos quiso decir también el Papa FRANCISCO en su mensaje ”La Verdad os hará libres. Fake News y Periodismo de Paz”, con motivo de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales: “El mejor antídoto contra las falsedades –nos dijo el Papa-no son las estrategias, sino las personas que, libres de la codicia, están dispuestas a escuchar y permiten que la verdad emerja a través de la fatiga de un diálogo sincero; personas que atraídas por el bien, se responsabilizan en el uso del lenguaje. Si el camino para evitar la expansión de la desinformación es la responsabilidad, quien tiene un compromiso especial es el que por su oficio tiene la responsabilidad de informar, es decir: el periodista, custodio de las noticias”.

Los periodistas, en general, somos personas difíciles. Nos creemos el ombligo de todas las cosas y opinamos de los divino y de lo humano. La noticia, como decíamos en la cita anterior sobre la esperanza, también se desarrolla en dos dimensiones, como los brazos de una cruz. La noticia no permanece en los informadores. La proyectamos hacia los demás. La pregunta es ¿cómo la proyectamos?: para decir la verdad o para mentir descaradamente, para difamar, para ridiculizar. Los periodistas no vivimos solos. Parece que escribimos para nosotros mismos y para los políticos y los elementos de la sociedad que consideramos importantes. De la gente normal pasamos descaradamente. Somos tan soberbios que pensamos que vivimos solos ante un ordenador, estudio de radio o de televisión…que no necesitamos de nadie para salvarnos…y que nosotros somos los salvadores de la sociedad.

Como decía nuestro maestro y amigo, José Luís Martín Descalzo, en su magnífico libro “Buenas Noticias”: “No nos hagan ustedes mucho caso. Que se atengan a los hechos y no a las opiniones. Que aprendan a distinguir una información objetiva de otra tendenciosa. Que lean con las gafas de la inteligencia y puestas. Que aprendan a distinguir lo que surge de los hechos y lo que brota de los prejuicios del que escribe. Que duden por principio de las informaciones escandalosas. Y que estén seguros de que, de cada diez cismas en la Iglesia que pronostiquen los diarios, nueve y media son ganas de llamar la atención. Ya se sabe que la obediencia nunca tuvo buena prensa. Pero, gracias a Dios, es mucho más frecuente en la Iglesia que la rebeldía”.

Hoy estamos en Roma con esta vivencia excepcional, como es el Jubileo de los Periodistas e invito a reflexionar sobre el hecho, por ejemplo, de que la palabra “crisis” se haya impuesto en el lenguaje común. Todos estamos en “crisis”, o por lo menos así nos lo quieren hacer ver aquellos que quieren que reine el desconcierto moral. Conviene, porque no decirlo. Les conviene ese desconcierto y que los católicos nos creamos que estamos fuera de juego. Pero esos que desean ese desconcierto, están ya comprobando que hay un cambio de actitud entre los católicos.

Si hace 25 años, en el pasado Jubileo de los Periodistas ya nos dijo san Juan Pablo II que “san Pedro y san Pablo fueron los primeros grandes comunicadores al transmitir la fe al inicio del cristianismo”, nosotros. los periodistas católicos. tenemos que ser los seguidores de Cristo con una vocación específica en el mundo de la comunicación social.

Por último, quiero recordar unas palabras del Padre Alberione, que fue “un profeta de la comunicación: ”Desde la Casa del Padre me preocuparé de los comunicadores y de todos los que trabajan con los medios más modernos y eficaces para la promoción de los hombres. Por favor, no nos avergoncemos de ser cristianos y periodistas o periodistas y cristianos y defendámonos ante los que nos vituperan y los que están por poner en duda la fe”.

Así, que ¡feliz Jubileo!, queridos compañeros.