La retinosis pigmentaria, enfermedad ocular genética, tiene ahora muchas probabilidades de que los clínicos la puedan prevenir gracias a una plataforma informática.
El investigador español Horacio Pérez-Sánchez, de la Universidad Católica de Murcia, ahora en la Universidad Case Western Reserve, en Ohio (EE UU), formó parte del equipo de científicos dirigido por Beata Jastrzebska.
Como indican en este trabajo que aparece en PLOS Biology, las mutaciones patógenas que causan “el plegamiento incorrecto de la rodopsina, conducen a un espectro de enfermedades que producen ceguera, actualmente sin tratamiento, y que se denominan colectivamente retinitis pigmentosa”.
En este estudio, utilizaron el cribado virtual para buscar moléculas similares a fármacos “que se unan al sitio ortostérico de la opsina de bastón y mejoren su plegamiento y tráfico. Identificamos y validamos los efectos biológicos de dos compuestos no retinoides con propiedades farmacológicas favorables que cruzan la barrera hemato-retiniana”.
A renglón seguido, explican que “estos compuestos se unen de forma reversible a la opsina de bastón no ligada, cada uno con una Kd comparable a la del 9- cis -retinal y mejoran la estabilidad de la opsina. Al mejorar la red de estructura proteica interna (PSN), estos ligandos de opsina de bastón también mejoraron la expresión en la membrana plasmática de un total de 36 de las 123 variantes de RP clínicas analizadas, incluida la variante P23H más prevalente”.
Destacan también que estos compuestos “protegieron las retinas contra la degeneración inducida por la luz en ratones vulnerables a lesiones por luz brillante y prolongaron la supervivencia de los fotorreceptores en un modelo de ratón con retinitis pigmentosa, debido al plegamiento incorrecto de la opsina de bastón”.
En la retinosis pigmentaria, la proteína de la retina rodopsina suele estar mal plegada debido a mutaciones genéticas, lo que provoca la muerte de las células de la retina y conduce a una ceguera progresiva.
Estos científicos hacen hincapié en que son necesarias pequeñas moléculas para corregir el plegamiento de la rodopsina y tratar a las, aproximadamente, 100.000 personas que padecen esta enfermedad solo en Estados Unidos.
Los tratamientos experimentales actuales incluyen compuestos retinoides, como los derivados sintéticos de la vitamina A, que son sensibles a la luz y pueden ser tóxicos, lo que conlleva varios inconvenientes.
El equipo probó los compuestos en el laboratorio y demostró que mejoraban la expresión de la rodopsina en la superficie celular en 36 de los 123 subtipos genéticos de retinosis pigmentaria, incluido el más común. Además y como se indica líneas arriba, protegían contra la degeneración de la retina en ratones con retinosis pigmentaria.
“Se han identificado pequeñas moléculas farmacochaperonas -insisten estos científicos-, que suprimen los efectos patógenos de varios mutantes de la rodopsina in vitro y ralentizan la muerte de las células fotorreceptoras en un modelo murino de retinosis pigmentaria, lo que ofrece un posible nuevo enfoque terapéutico para prevenir la pérdida de visión”.
La retina es la capa de tejido ubicada en la parte posterior del ojo. Esta capa convierte las imágenes luminosas en señales nerviosas y las envía al cerebro, como explica MedlinePlus.
La retinitis pigmentaria puede ser hereditaria. Es un trastorno que puede darse por varios defectos genéticos. Las células que controlan la visión nocturna (bastoncillos) son más propensas a resultar afectadas. Sin embargo, en algunos casos, las células del cono retiniano son las que reciben el mayor daño. El principal signo de la enfermedad es la presencia de depósitos oscuros en la retina.
El principal factor de riesgo es un antecedente familiar de retinitis pigmentaria. Es una enfermedad poco común que afecta a aproximadamente a 1 de cada 4.000 personas en los Estados Unidos.
Los síntomas con frecuencia aparecen primero en la niñez. Sin embargo, los problemas graves de la visión a menudo no se presentan antes del comienzo de la edad adulta: disminución de la visión nocturna o cuando hay poca luz; pérdida de la visión lateral (periférica), que causa “estrechamiento concéntrico del campo visual”, siempre según MedlinePlus; en casos avanzados, pérdida de la visión central que afectará a la capacidad para leer; pérdida de la vista de color y sensibilidad a la luz.