Opinión

Mariscada a la vista

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 29 de enero de 2025

El próximo 2 de febrero, si la autoridad no cambia de idea, está prevista una manifestación por el “Día del dolor social” o algo parecido. El acto en sí, convocado y concelebrado por los líderes sindicales de UGT y CCOO, lo será con el propósito de rendir pleitesía al autoproclamado ‘Padre todopoderoso’, que no es otro que el mismísimo Pedro Sánchez.

La cosa nace en el mismo instante en que el Congreso de los Diputados vota en contra de la conocida “Ley ómnibus” presentada por el PSOE como remedio casero para satisfacer los deseos propios de don Pedro que, con cierto toque apicarado, trataba de colar mezclando lo bueno y lo malo en el mismo saco con la excusa de las pensiones, las prestaciones por la DANA, sin olvidar las ayudas al transporte y las familias vulnerables que dependen del Ingreso Mínimo Vital. Por supuesto y sin lugar a dudas, estas medidas, todas ellas sin excepción, son de primerísima necesidad y de máxima urgencia. Ahora bien, para este viaje resulta que las alforjas contenían doble fondo con mercancía disfrazada. A saber:

Facilidades para los okupas. El impuestazo energético y bancario. Penalizaciones a los propietarios. Subvenciones a la inmigración ilegal (MENAs). Blindar el monopolio de Correos. Intervencionismo empresarial en OPAs y causas de disolución. Otro impuestazo al trabajo con mayores gravámenes a los salarios. Obligar a las empresas a devolver ayudas si han tenido que despedir. Y, como guinda, darle poderes a la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia con la intención de amordazar las redes sociales y limitar la libertad de expresión. Sin olvidar el regalo al PNV de un palacete en París, que, dicho sea de paso, pertenece a todos los españoles.

Es decir, una especie de saco roto lleno de acarreos más propio de los chamarileros de los de siempre, dicho sea con el debido respeto hacia las personas que ejercen el noble oficio de buscarse la vida mediante la recogida de trastos viejos u objetos de ocasión. Y claro, don Pedro se ha encontrado con el rechazo del Partido Popular, Vox e incluso Junts, que se han opuesto a su aprobación porque en el pícaro disimulo entra la ley del embudo. O sea, una ley trampa con clara intención malsana, dicho en argot callejero: “Por si cuela”, porque en este gobierno, quien no corre vuela.

Y ante tanto mercado persa —por aquello del regateo—, como un resorte, han saltado los mandamases sindicalistas de UGT y CCOO sacando pecho en su particular y benefactora mamandurria que les protege. Desde que Sánchez llegó a la Moncloa, en 2018, el Ministerio de Trabajo ha multiplicado por cuatro las subvenciones a los sindicatos; de tal manera que de los 8 millones de euros en 2019, alcanzaron los 17 millones en 2024. No acaba aquí la progresión de la dádiva, pues Yolanda Díaz casi ha duplicado esta cifra, situándola en 32 millones para 2025. Entiendo que el precio de las gambas y demás marisco fresco, tan del gusto sindical, se ha puesto por las nubes, pero aun así conviene rebajar la ingesta de estos ‘tesoros’ gastronómicos por aquello del ácido úrico y demás efectos adversos. No lo digo yo, que no soy reumatólogo, pero sí un contribuyente pagafantas. Todo muy triste porque un servidor es más de letras que de cigalas y percebes, sobre todo por preservar la biodiversidad de mi bolsillo.

Llegado a este punto, lo que demandan los opositores votando en contra de esta “ley trampa” no es otra cosa que proponer de urgencia y por separado de la ‘ómnibus’ un decreto que solo contenga las medidas absolutamente vitales para el bienestar social y económico de la ciudadanía. Por consiguiente, que nadie trate de confundir ni tampoco poner escudos humanos a la política, pues en esta ocasión, tanto el PP como Vox y Junts apoyan estas ‘sanas’ medidas haciendo valer lo de separar el grano de la paja, en vez de mezclar todo —lo bueno y lo malo— en el saco de la falsa moneda.

Ahora el balón está en el tejado de Pedro Sánchez. Rectifique usted a tiempo aprobando un decreto que recoja solo las medidas sociales. Y aquí paz para los que necesitan las ayudas de verdad. Al final lo hará, no por el “dolor social”, sino por connivencia con Junts por aquello del sufrimiento político que le está infligiendo Puigdemont. Ya sabe, todo por mantener el poder que no le dan los votos. La gloria es lo de menos.

Mientras escribo estas palabras emulsionadas con el ardor del momento, consciente del vértigo que imponen los acontecimientos, llegan a mis oídos cantos de Moncloa, haciendo bueno, una vez más, aquello “del digo y el Diego” que tan acostumbrado nos tiene este gobierno. Al parecer, don Pedro quiere pasar del “dolor social” al “por el bien común”. La versión oficial será que ha cedido por amor al prójimo. Ya lo verán.

Puede que algunos se queden sin mariscada por cuenta de la casa. Ojalá que así sea.