Opinión

Occidente y la guerra en el Congo

ORIENT EXPRESS

Ricardo Ruiz de la Serna | Domingo 02 de febrero de 2025

La ciudad de Goma, capital de la provincia de Kivu del Norte, en la República Democrática de Congo, ha caído en manos del Movimiento 23 de Marzo (M23), que avanza apoyado por fuerzas ruandesas. Parte de la llamada Alianza del Río Congo, que agrupa a distintos grupos armados opuestos al gobierno de Kinsasa y apoyado por Ruanda, el M23 comenzó a avanzar sobre la capital del provincia el pasado jueves 23 de enero como parte de una ofensiva mayor sobre las provincias de Kivu del Norte y Kivu del Sur. El M23 utiliza como pretexto para las hostilidades la defensa de la minoría tutsi en el Congo, pero en realidad no existe ningún «problema tutsi» en el país. Se trata de un intento de conquistar las provincias orientales de la República Democrática del Congo, cuyos minerales -por ejemplo, el coltán- las convierten en objeto de disputa. Hasta el momento, el número des desplazados asciende a más de 400 000.

El M23 ya tomó durante un breve periodo de tiempo la ciudad de Goma en 2012, pero todo parece indicar que la fuerza del ataque, en este caso, conducirá a una ocupación más prolongada. El apoyo ruandés ha convertido al M23 en un instrumento poderoso para desestabilizar la República Democrática del Congo y ocupar los territorios del este del país. El esfuerzo de las Fuerzas Armadas de la República Democrática del Congo, apoyado por efectivos de empresas contratistas -especialmente rumanos- y la Fuerza Conjunta del África Austral (con efectivos de varios países de la región; entre ellos Sudáfrica) han sido insuficientes para detener el avance del M23 y sus aliados ruandeses.

En un mensaje institucional, Félix-Antoine Tshisekedi, jefe de Estado de la República Democrática del Congo, ha hecho un llamamiento a la «resiliencia y, sobre todo a la resistencia», ha nombrado un nuevo gobernador militar para la provincia de Kivu del Norte con la intención de recuperar el territorio y ha desplegado una ofensiva diplomática en las Naciones Unidas -en particular, ante el Consejo de Seguridad - así como ante las instancias del Proceso de Paz de Luanda, el mecanismo de paz intermediado por Angola.

Sin embargo, la República Democrática del Congo no cuenta con la ayuda internacional que recibe Ruanda de Estados Unidos, Alemania, Canadá y los países escandinavos. En el pasado, la reducción de esos fondos ha servido como instrumento de presión sobre el gobierno de Kigali y ha logrado que Ruanda cesase en su apoyo al M23. De momento, no parece que Occidente vaya a reaccionar del mismo modo ante este nuevo avance de Ruanda y sus aliados. Félix-Antoine Tshisekedi ha denunciado, en este sentido, la vulneración de la soberanía congoleña así como de los principios fundacionales de la Carta de Naciones Unidas y ha advertido del riesgo de«una escalada imprevisible que ponga en peligro toda la región de los Grandes Lagos».

Cabe también el recurso a las sanciones contra los responsables ruandeses del apoyo al M23. La Unión Europea ha sido bastante tibia a la hora de incluir al M23 y a los responsables del apoyo ruandés en la lista de organizaciones terroristas y entre los individuos sujetos a sanciones respectivamente. Tampoco se han adoptado medidas respecto de quienes les suministran armamento y tecnología (por ejemplo, drones). Es inevitable pensar que la Unión reacciona muy rápido frente a algunos conflictos y con una extrema lentitud frente a otros.

Tampoco se ha incoado ningún procedimiento penal contra los responsables del M23 ni contra sus aliados ruandeses. Las 6 causas seguidas ante el Tribunal Penal Internacional se refieren a hechos de la primera década de este siglo. De nuevo, parece que la comunidad internacional es bastante lenta cuando se trata de evitar una escalada bélica en África.

El próximo objetivo del M23 es la ciudad de Bukavu, la capital de Kivu del Sur. Es imposible prever cómo puedan evolucionar los combates en la provincia. El gobierno congoleño ha intensificado el reclutamiento de efectivos mientras el M23 se refuerza con los recursos de los territorios que ocupa. La situación en el país es muy grave. Según cifras de la Comisión Europea, hay 25,4 millones de personas en riesgo de desnutrición. 7,3 millones de personas están desplazadas en el interior del país. Más de un millón de refugiados de la República Democrática del Congo están en países vecinos. En 2024, la Unión Europea dedicó más de 108 millones de euros a ayuda humanitaria. Para 2025 ya se han anunciado 60 millones.

Sin embargo, el conflicto no se va a detener con ayuda humanitaria, sino con presión intensa y efectiva sobre las autoridades ruandesas mediante sanciones, embargos y procedimientos penales contra los responsables del M23 y sus aliados. En este aspecto, la Unión Europea debería revisar el estado de sus relaciones con Ruanda y, en particular, el acuerdo de febrero de 2024 acerca del suministro de materias primas críticas.