Destino. Barcelona, 2024. Traducción de Manuel Pérez Subirana. 240 páginas. 20,90 €. Libro electrónico: 8,99 €.
Por Soledad Garaizábal
En Todos aquellos mares, la escritora Laia Aguilar (Barcelona, 1976) se centra en la relación entre tres mujeres de la misma familia. Son abuela, madre e hija, separadas no solo generacionalmente, también por tener muy diferentes formas de ser y sentir.
Asimismo, tiene un papel protagonista en la novela la isla de Formentera, enclave en el que se desarrolla la acción. Formentera y su magnetismo, sus paisajes mágicos, sus leyendas. Formentera y las historias de piratas, naufragios, tesoros y sirenas, perfectas para estimular y moldear la imaginación infantil.
La abuela Matilde siempre fue una mujer muy especial. Libre como el viento. La gente del pueblo decía de ella que era medio bruja, que sabía preparar pociones sanadoras. Se adentraba a nadar en el mar durante horas y regresaba a casa extenuada y renacida. En el verano recibía la visita de su hija Helena acompañada de su familia.
Entre madre e hija siempre existió bastante distancia, pero la separación se acortaba cuando se trataba de las niñas, Julieta y principalmente Greta, por la que su abuela siempre sintió una especial predilección. Matilde pasaba muchas horas jugando con sus nietas a inventar nuevas palabras con significados secretos, les contaba cuentos, les enseñaba a defender su libertad e independencia frente a todas las imposiciones exteriores.
Esos días maravillosos de verano acabaron de forma abrupta con la desgracia que da inicio a la novela. Una angustiosa interrogación; “-Greta, ¿dónde está tu hermana? ¿Dónde os habéis metido?”, es el punto de partida de todo el relato. La niña más pequeña ha desaparecido, probablemente en el mar. Por mucho que la buscan nunca llegan a encontrar su cuerpo. Una niña de siete años desaparecida, una madre desconsolada, una hermana que se siente culpable, esos son los mimbres con los que se teje esta historia. El espantoso suceso provoca un embrollo de devastadores sentimientos que hará que todas las relaciones intrafamiliares se resquebrajen. Durante años la culpa y el desconsuelo no harán más que crecer y la distancia entre unos y otros parece ahora insalvable.
Veinte años después, Greta es una mujer adulta que ha preferido poner tierra de por medio y hace tiempo que vive en el extranjero. Desde Londres vuela a la isla para cuidar a su abuela, que está muy mayor y quiere verla antes de morir. Allí se reencontrará también con su madre y con algunos amigos de la infancia, testigos del drama que se vivió en la familia.
La estructura de la novela se organiza en capítulos cortos narrados desde el punto de vista de las tres mujeres protagonistas, con lo que los sentimientos alcanzan así una perspectiva multifocal y enriquecedora a través de la cual empiezan a darse los primeros pasos hacia la reconciliación.
El peso de la culpa, la necesidad de hacer frente al diálogo imprescindible para poder sanar las heridas y la forma en que los caracteres pueden heredarse, en ocasiones saltándose alguna generación, son temas centrales en el desarrollo de la trama, que también se mezcla con un trasfondo mágico y misterioso. La autora, que ha publicado tres obras juveniles; Wolfang (extraordinario), Wolfang. El secreto del padre y Juno, parece tener un especial talento para conectar con este tipo de público o con otros que busquen algo ligero y fácil de leer.
Desde mi punto de vista, para el lector adulto Todos aquellos mares se queda un poco corta en cuanto a la capacidad expresiva y la profundidad de los personajes. También el hecho de que desde el planteamiento se conozca la tragedia que originó el distanciamiento familiar hace que su desarrollo me haya resultado demasiado plano y predecible. Eché de menos un estilo más depurado o algún diálogo que ayudara a dar mayor profundidad a los personajes.