Opinión

Algo de virtud

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 05 de febrero de 2025

Curioso el pasatiempo que practican los liberados sindicalistas de la UGT y CCOO, que ante la falta de otros quehaceres salen a la calle a tomar el sol de invierno. Se manifiestan contra la oposición, que es tanto como manifestarse contra ellos mismos. Una majadería de rango superior mientras estas federaciones sigan viviendo del cuento como teloneros del Gobierno.

El domingo se cumplió una vez más la carencia de virtud como excelencia moral, privilegio que no obedece a un concepto de tiempos pasados, sino a la falta de sentido común. Es decir, la tenencia de juicio frente a la sandez y el despropósito.

Acostumbrados estamos a la agitación callejera cuando este gobierno se siente constreñido y, claro, morder la mano de quien te da de comer obliga a la servidumbre de actos, aunque éstos sean tan innecesarios como ridículos. Según los organizadores de la manifestación, acudieron 300 acólitos, mientras que para la versión policial no pasaron de 299. Cifras que dan escalofríos.

Desconozco si esto importa demasiado, pero es preciso acudir a estas extravagantes maneras de enaltecer el destino de nuestros impuestos, pues en pequeña o gran medida que tenga el evacuatorio del dinero del contribuyente, merece poner negro sobre blanco. El conflicto entre acción y contemplación pocas veces se resuelve conjugándolas por culpa de nuestro propio desdén. Somos muy dados al encogimiento de hombros, cosa que honradamente nos identifica en mayor medida con la desgana. Estamos afectados por la urdimbre del enredo político y la caducidad de la vida es algo que carece de plan B para darle la vuelta al calcetín.

Vivimos en estado de franquicia permanente. Todo se transgrede hacia la falta de valor; por cierto, hoy en día, por ejemplo, ¿hay cosa tan digna de burla? Nos agreden con el derecho de propiedad. Nos cercenan con palabras gruesas, tachándonos de ser lo que no somos y, aun si lo fuéramos, ¿quién es nadie para prejuzgar? A todos ellos que de forma repugnante trafican con el ideario ajeno y el libre pensar, se les puede aplicar el dicho inglés de que en las rosquillas no ven más que el agujero.

Diría a estos caballeros de ocio, calle y ruido que depongan sus infantiles pancartas y salgan a manifestar una de las verdades que, por falta de equidad de doña Mónica García, ministra de Sanidad, es ejemplo de vociferar alto y claro, puesto que salir a la calle a perder el tiempo es flojera de intereses, pero hacerlo para justicia de salud pública, a lo mejor bien vale labores sindicales como las suyas. Y es que doña Mónica, al parecer, viene renunciando a financiar ciertos medicamentos para combatir algunos tipos de cáncer. Y esto sí trae causa de manifiesto y no la memez de salir en mañana de domingo a regar los adentros.

Pues sí, señores de UGT y CCOO, es tiempo de reivindicar injusticias a lo largo y ancho de los cuatro puntos cardinales de este país, cada vez menos nuestro, pero no por ello hay que dejar solos a quienes más lo precisan. Según ha transcendido a los medios, parece que el referido ministerio de Sanidad tiene previsto dar 60 millones a la OMS; y sin embargo, no se puede invertir ese dinero en nuestro Sistema Nacional de Salud para salvar vidas porque no es rentable el fármaco para tratar la leucemia linfoblástica aguda tipo B, sobre todo en niños. Curiosamente, con esos 60 millones de euros se podrían tratar a 700 pacientes. Una sola vida, ya lo vale.

Pues sí, señores sindicalistas, salgan también a manifestarse contra doña Yolanda Díaz y las luciérnagas que la iluminan en ideas por exhibir un plan de apoyo psíquico a los afectados por “catástrofes provocadas por el cambio climático”, mientras continúan sin llegar las ayudas prometidas a Valencia. ¿Acaso la psique sabe discernir? ¿Conoce la diferencia entre afectados por una ola de calor o una contumaz sequía y los damnificados por una falta de prevención? ¿O tal vez en el caso de la DANA, quienes tuvieron que discernir no cumplieron con su responsabilidad de evitar lo evitable? Salgan a la calle haciendo examen de conciencia frente al Gobierno Central por su dejación de funciones. Pongan algo de virtud en sus alforjas que, a decir de don Francisco de Quevedo: “Solo los necios confunden valor y precio”. No olviden, señores de UGT y CCOO, que allí el barro se volvió fango y el lodo, calvario.

Sobrados motivos hay para no perder el tiempo en mañanas de regocijo dominguero.