El tracio Demócrito es uno de los filósofos del Mundo Antiguo que más me ha llamado la atención. Contemporáneo de Tucídides y una generación posterior a la de su paisano Protágoras, tuvo que vivir la decadencia del Imperio Ateniense o Liga ático-délica, de la que su ciudad, Abdera, era miembro. En Abdera vivía un político ateniense como próxenos, una especie de embajador en el mundo griego, con el que tuvo relación el joven abderita. Demócrito también visitó Atenas como turista anónimo, sin ser conocido por nadie. Me llama la atención porque su teoría atomista, completada por Epicuro y exaltada por Lucrecio, es un intento portentoso de armonizar los fenómenos visibles captados por los sentidos ( “conocimiento bastardo” ) con la realidad invisible e inaccesible a los sentidos descubierta por el intelecto ( “conocimiento legítimo” ). Dentro de los fenómenos visibles estaba también la pólis democrática, a la que cohonesta o compagina armónicamente con el cosmos. Un sustrato invisible, compuesto de átomos y vacío, explica todos los fenómenos naturales y la libertad del hombre. Mientras que Tucídides sostenía que sólo como ciudadano de un determinado tipo de orden social podía el hombre llegar a comprender las limitaciones de su capacidad para alcanzar el bienestar y actuar de acuerdo con esa comprensión, Demócrito afirmaba que la forma en que el individuo podía asegurar su propio bien era atendiendo a su naturaleza en cuanto hombre. Para Demócrito, el orden que configuraba y expresaba el ejercicio de la autonomía humana no era político, sino cósmico. Las normas postuladas por el atomismo se aplican a todos los hombres como seres humanos, no sólo como miembros de un orden social o ciudadanos de una democracia. Al igual que la visión democrática de la igualdad cívica, la ética atomista se basa en un concepto de autonomía personal que no se limita a aquellos con recursos y privilegios sociales superiores. El atomismo da a los hombres razones para actuar de determinadas maneras que son internas y, sin embargo, más objetivas y estables que las establecidas mediante la interacción política. Ahora bien, el atomismo llegó a establecer una conexión sólida entre el bienestar personal y un orden genuinamente político.
Mientras que los principios de la física atomista son referidos y discutidos por fuentes relativamente tempranas y fiables, como Aristóteles y su alumno Teofrasto, así como por el filósofo atomista de finales del siglo IV/principios del III a. C., Epicuro, las reflexiones éticas de Demócrito sólo existen como máximas conservadas por epitomadores muy posteriores bajo el nombre de Demócrito ( en la colección de Estobeo ) o Demócrates. Como fuente, Estobeo es probablemente algo más fiable que Demócrates.
Los fragmentos conservados incluyen reflexiones sobre el funcionamiento de un sistema político en el que los funcionarios son responsables ante el pueblo, y una declaración según la cual la pobreza en una democracia es evidentemente preferible a la riqueza en una ciudad gobernada por una “dynasteia”. El lenguaje de la comparación («es tan preferible como la libertad a la esclavitud») es un indicio de que no se trata de las palabras de alguien que, como Platón, desprecia tanto la democracia como la oligarquía, y para quien ambas son serviles. Demócrito también reconstruye los valores aristocráticos -buena cuna y valor- en términos de autocontrol y prudencia. En un sentido más general, el enfoque de la prudencia y el orden social reflejado en los fragmentos parece coincidir con los intentos de Protágoras y Tucídides de interpretar el orden político, la unidad y la estabilidad en términos no del dominio institucional de una élite hereditaria o propietaria, sino como el producto de la interacción entre una élite del mérito ( que tiende, por supuesto, a solaparse con lo anterior) y la masa de ciudadanos a los que hay que llevar no simplemente a someterse sino a «exhibir» prudencia y a una participación política libre. El materialismo atomista trata de hacer posible que la ordenación de los dos reinos, cosmos y pólis, se suelden, sin sacrificar la estabilidad y objetividad del uno ni la autonomía o libertad del otro. Al unir atomismo y antropología, Demócrito revela la naturaleza del hombre como criatura tanto del cosmos como de la pólis. Su teoría procede a dos niveles, integrados por una concepción de la naturaleza humana: el atomismo es una investigación del cosmos, una explicación de la existencia, unidad y continuidad del mundo que experimentamos, incluidos nosotros mismos; la antropología es una exploración de las necesidades del hombre, de lo que significa experimentar ese mundo como las criaturas que somos, tanto atomística como fenoménicamente. Cada uno de estos dos niveles conforma y confirma nuestra comprensión del otro. Los átomos sólo se diferencian por su tamaño y su forma. Así pues, las cosas del mundo visible varían según el tamaño, la forma, la posición ( tropê ) y la disposición ( diathigê ) de los átomos que las componen. Los atomistas estaban en condiciones de explicar la existencia y el comportamiento de los compuestos estables y autorreproducibles en función de sus componentes. Una combinación de circunstancias ( colisión, un vórtice, proximidad ) y el carácter ( tamaño y forma ) de los átomos da lugar a la aparición de una gran variedad de compuestos . Una vez juntos, los átomos del compuesto permanecen juntos a causa de que interactúan con poderosas fuerzas invisibles para cohesionarse en una síntesis estable.
La desviación ( paráklisis ) del átomo de la línea recta, proclamada por Epicuro, supone la primera forma de autoconciencia cósmica, y esa misma resistencia a la línea recta, que quiebra los pactos del destino ( fati foedera ), que dice Lucrecio, crea los mundos al colisionar cada átomo con otros átomos y la realidad ( etêe ). La desviación del átomo y los conglomerados conexos de átomos producen el mundo fenoménico desde una libertad metafísica, engendradora de azar ( tychê ). Es así que las póleis cuyo gobierno se fundamenta en la libertad continúan la naturaleza del ser atómico en realidad ( etêei ). La parékbasis – desviación política - incesante contra la tiranía está programada en nuestra naturaleza atómica. La desviación del átomo como resistencia a su destino “ni en lugar cierto ni en tiempo determinado” engendra eternamente libertad. Somos metafísicamente libres y la libertad fundamenta la realidad. Finalmente, para Demócrito la realidad atómica golpea nuestros sentidos, con las pieles de las cosas, y nuestro entendimiento de acuerdo a la “schesis” – disposición, pose - de cada uno, siendo la conciencia universal una pluralidad de conciencias. La interacción de los átomos en el vacío es nuestra esperanza. El atomismo democriteo impone la soberanía de la libertad.