Opinión

Mi cibernovia Kamila

LETRAS, CEROS Y UNOS

David Fueyo | Viernes 14 de febrero de 2025

Queridos lectores de EL IMPARCIAL: he ligado. Sí, y lo mejor de todo es que no he tenido que hacer nada, fue todo muy casual. Kamila entabló conversación conmigo en un post de Facebook de hace nueve años en el que sugería a un bar de León que regulasen la ecualización de sus altavoces. Cosas de quien trabajó en sonido en su tiempo. No recordaba ese comentario perdido en la red, hasta esta semana, en el que alguien misterioso reaccionó al mismo.

Y así llegó Kamila, con “K”, que, en el mismo post, buscaba ser “amigo sincero y honesto”. En un principio parecía ser algo similar a aquella familiar mía belga que apareció de la nada ofreciéndome un millon de euros de una herencia de un tio-abuelo desconocido mío que, sin dudar, le corroboré que lo era y que además tenía una grandísima relación conmigo a pesar de la diferencia de edad, económica y de la distancia entre nosotros. La película que le conté a esta señora con alma de estafador nigeriano fue antológica, toda ella en inglés, claro, porque tenía en unos días el examen para el B2 y así, de paso, entrenaba mi writing paper para el examen, a la vez que daba rienda suelta a mi imaginación narrativa contándole un rollo en el que al final le decía que ya estaba en Bruselas y que yo era abogado y que si quería quedar podría ayudarle yo a ella por un módico precio. Las largas brasas que le soltaba cada vez eran respondidas por su parte de forma más breve hasta llegar casi a monosílabos; y no puedo, por ello, pensar más que en un pobre chaval que allá en Minna, en Lafia o en Lagos debió tener la cabeza con un bombo con mis entrenamientos de uso del reported speech y las relative clauses. Por cierto, aprobé, así que ¡gracias, salao!

Pero no, Kamila no es así, empezó buscando amistad con muchos smileis de corazoncitos y florecitas ya en un privado que me abrió para estar más discreto. Ella es de Atlanta, ciudad de la Coca-Cola y de Rhett Butler. Tiene cinco fotos en su perfil en las que aparece vestida con atuendo sanitario en lo que parece ser una lujosa mansión sureña. El cinco de junio de dos mil veinte pone un fonendoscopio como foto de perfil, luego hay varios corazones de colores psicodélicos, una foto en la nieve, otra con mascarilla y otra de hace solo unos días con un fondo claro y una blusa negra que hace resaltar sus ojos claros. Tiene solo siete amigos, ninguno en común, pero me ha encontrado, ¡es un milagro!

Hablo con Camila, que me dice “Hello my dear, I see your profile and you are very handsome man. I feel big connection with you. Are you single? I think we can be very good together”. Le respondo que no vaya tan rápido, que me gustaría escucharle porque me interesa todo lo que una doctora me puede contar. Ella sigue con su almibarada conversación: You have very beautiful eyes, I feel like I drown in them. Yo le contesto que gracias por el cumplido y le pregunto cómo ha dado con mi perfil en una publicación bastante aséptica de hace tanto tiempo. Ella ya va al grano. I want to know you more, but my phone is broken. Can you help me with small gift card? Just $100 Amazon card. I send you very special photo after... But please, do not tell anyone. This is our little secret.. Juega con que le hace falta dinero, con que me enviará una foto especial después y con que será nuestro secreto. El inglés es chatarrero, indigno para una doctora de la ciudad de la Coca-Cola y de las Oiimpiadas del noventa y seis. Continua: I want send you special pictures, but I feel shy… Maybe if you help me little?. Yo le pido antes verla por webcam y, como no, I want to call you, but my phone is old and bad… Maybe you can help me get a new one?. Toda su conversación está trufada de smileis, corazoncitos y demás emoticonos amorosos que no reproduzco aquí por no fastidiarle a usted la lectura del periódico.

Decido acabar con la conversación aquí porque creo que mi misión de investigación para con este diario está cumplida. Otro éxito desde el sofá de casa. Denuncio y bloqueo. Evidentemente Kamila es lo que se llama un romance scam, o estafa romance. O bien la maneja un bot bastante básico o alguien desde algún remoto lugar del mundo decidido a sacarme los cuartos haciéndome creer que una bella e interesante doctora de Atlanta se ha interesado en este pobre cuarentón que escribió en dosmil dieciseis sobre unos altavoces de un bar de León.

Estos mensajes, que pueden parecer absurdos desde fuera, han logrado engañar a miles de personas en todo el mundo. Tengan cuidado o, ¡qué narices!, ¡diviértanse! Hace ciento veinte años Juan Ramón Jimenez también fue engañado por dos jóvenes limeños que se hicieron pasar por la inteligente y bella Georgina Hübner para conseguir libros gratis. La broma se les fue muy lejos cuando se enteraron de que Juan Ramón iría a buscarla para casarse con ella a Perú, por ello tuvieron que matarla también ficticiamente, lo que llevó al poeta español a escribir una serie de versos desoladores que se publicaron bajo el nombre de “Carta a Georgina Hübner bajo el cielo de Lima”. En fin, siempre digo que en la literatura no hay mentiras. Abro documento nuevo y te escribo, Kamila, don't worry, I'm not gone, I'll be with you, at least literarily, soon.