Opinión

De Munich.. a Yalta

EN LA FRONTERA

Rafael Ortega | Sábado 15 de febrero de 2025

En septiembre de 1938, un exultante primer ministro británico, Chamberlain, llegaba a Londres y mostraba sus conciudadanos, nada más bajar del avión que le traía de Munich, el Pacto firmado con Hitler y Mussolini y que “aseguraba la paz en Europa”. Un pacto por el que se entregaba, entre otras concesiones, la región checoslovaca de los Sudetes a Alemania.

Ahora, febrero del 2025, se celebra en Munich la Conferencia de Seguridad bajo la tutela, aunque no lo creamos, de la administración Trump, empeñada en acabar con el conflicto de Ucrania. Un deseo plausible pero con un posible gran perdedor, como es el país invadido por Rusia y con Putín como vencedor que quiere, por encima de todo, quedarse con los terrenos invadidos en Ucrania y con el retroceso de Europa, que en la posible mesa de negociación está de mera espectadora, sino se pone las pilas y es capaz de jugar por fin a ser una gran potencia unida frente a las apetencias del poderoso del Este y ante la pasividad del vecino del otro lado del Atlántico, que tiene ahora puesta sus miras en el sector el indo-pacífico.

Titulamos este artículo “De Munich a …Yalta”, porque nos recuerda los acontecimientos del siglo pasado que desembocaron en la Segunda Guerra mundial y el posterior reparto del mundo, pues en el Palacio de Ladavia de Yalta, ciudad de Crimea, se reunieron desde el 4 al 11 de febrero de 1945, el soviético Stalin, el británico Churchill y el norteamericano Roosevelt, y que fueron la continuación de la serie de encuentros que empezaron con la conferencia de Moscú de agosto de 1942, que tuvo lugar en el Kremlin, y que continuaron con la Conferencia de Casablanca, del 14 al 24 de enero de 1943; la de El Cairo, del 22 al 26 de noviembre de 1943; y con la conferencia de Teherán, entre el 28 de noviembre y el 1 de diciembre de 1943.

Ahora, no se sabe lo que Trump y Putin han negociado, mientras que Zelensky trata por todos su pobres medios de oponerse a futuras concesiones, mientras que en la mente de muchos están los repartos que se hicieron en Yalta, sin que las demás naciones pudieran hacer nada. Incluso el francés De Gaulle no fue invitado a la Conferencia, y eso que había sido un ejemplo determinante para la victoria aliada frente al EJE.

La Unión Europea es ahora el nuevo De Gaulle que ve como los acuerdos pasan por encima del viejo continente que tiene el deber de proteger a todos los países que lo conforman ante la latente amenaza de Moscú, que seguro no se conformará con Crimea y con los territorios conquistados en el Este de Ucrania y aspirará, casi seguro, a las naciones del Báltico.

Por eso, no esperemos a una nueva Yalta y tomemos decisiones serias y valientes, como son unas políticas exterior y de defensa comunes y dejémonos de tonterías absurdas en gastos defensa, porque si no hacemos una Unión Europea fuerte nos veremos en serias dificultades, ante la pasividad futura y anunciada de Washington y las apetencias del vecino del Este.