Destino. Barcelona, 2025. 256 páginas. 21,90 €. Libro electrónico: 12,99 €. El escritor y periodista argentino se ha alzado con el Premio Nadal 2025 con esta emocionante historia centrada en su padre, emigrante asturiano a Buenos Aires, y su compleja relación con él, unidos por el amor al cine clásico
Por Soledad Garaizábal
“No puedo precisar el día exacto en que comencé a filmar películas dentro de mi cabeza […]. Seguí imaginando películas y actuando sus diálogos y escenas en todas las edades de mi existencia, como si el proyector no hubiese podido apagarse o como si no lograra vivir sin soñar una historia”. Jorge Fernández Díaz (Buenos Aires, 1980), autor de aclamadas novelas, contador de historias, narrador de vidas, miembro de la Academia Argentina de Letras, distinguido con la Cruz de la Orden Isabel la Católica, cronista policial, periodista con más de cuarenta años de oficio, flamante premio Nadal de Novela 2025, confiesa en El secreto de Marcial que porta por partida doble el gen del virus del cinéfilo: “Filmé con mi mente una película tras otra durante mi adolescencia, a lo largo de mi juventud y de toda mi madurez, y sigo haciéndolo en estos meses, mientras escribo esta novela”.
Confiesa también que, seguramente, el irrefrenable pulso vital melodramático lo incubó siendo aún muy chico, en formato blanco y negro, en la casa de Ravignani con Santa Fe del barrio de Palermo, al calor de la pantalla pequeña de televisión de un hogar de inmigrantes asturianos. En esa casa en la que tuvo la fortuna de crecer, con unos padres como Carmina y Marcial, donde se hablaba de tú a tú y en bable a las grandes estrellas de la pantalla, resultó imposible librarse del impacto irreversible que produjeron en la imaginación del niño aprendiz las sucesivas reposiciones de “Hollywood en castellano” y, más tarde, “Sábados de súper acción”, que espesaron el alimento de su bagaje cultural.
Mogambo, Gilda, Breve encuentro, El motín del Caine, Sangre y arena, Río Bravo o Centauros del desierto fueron algunas de las películas en las que actores y actrices se desprendían de la pantalla para dar lecciones de vida al niño Jorge. A través de los diálogos y los gestos de las estrellas del cine encontró nuevas formas de mirar el mundo, convirtiéndose la pantalla en la primera escuela sentimental del futuro escritor. “Las reglas del melodrama moldearon nuestras mentes” afirma, pero el periodismo le enseñó más tarde que la realidad supera cualquier ficción y que las vicisitudes vitales de las personas corrientes no tienen nada que envidiar al mejor guion.
Marcial Fernández García cruzó el Atlántico huyendo del hambre y se casó en América con Carmina Díaz. El matrimonio duró toda la vida, aunque “ambos habían dejado pistas de su agrio y perpetuo desamor”. Sin embargo, esta vida novelada de Marcial que ahora llega a nuestras librerías contiene besos de película y amargas despedidas, acciones heroicas y duelos al sol. Ni Tyrone Power, ni Glenn Ford, ni Anthony Quinn en ninguno de sus papeles eclipsan al que desempeñó el propio padre del escritor, “un hombre que fue un enigma” y que se fue a la tumba guardando grandes secretos. La relación entre Marcial y Lorenzo, arquetipo de la amistad, y la importancia crucial en sus vidas de otra asturiana de Cudillero, Lucrecia, marca el eje central de toda la conmovedora historia.
La temprana vocación literaria del hijo le pareció a Marcial “en el mejor de los casos, un error absurdo y temerario y, en el peor, una simple coartada para la vagancia”. La novela, además de al cine, rinde homenaje a toda una generación de españoles que se esforzaron hasta el agotamiento por sacar adelante a su prole en tierra extraña, prosperaron a base de sudor y privaciones y fueron capaces de, en ocasiones, sacrificar su propia felicidad para dar un futuro mejor a sus familias.
El autor de la aclamada Mamá (2023) utiliza en esta nueva novela una prosa que fluye impecable entre las páginas. La obra se desarrolla entre la segunda mitad del siglo XX y la actualidad, en Argentina y España, pero tiene como encuadre todos esos fotogramas imperecederos del mejor cine clásico que sacan al individuo de sus coordenadas espacio temporales y lo sitúan ante el eterno dilema de los amores imposibles, las pasiones, las lealtades y la traición.
Su técnica narrativa es deudora del periodismo, destacando el manejo de los ritmos en una estructura simple distribuida en seis capítulos que progresivamente se alejan del tono costumbrista para adentrarse en el género de intriga casi detectivesca o de suspense. Desde los dos primeros, “Los amores”, “Los amigos”, se pasa a los capítulos centrales, “El dolor”, “Las cenizas”, para acabar en “Los adioses” y “Las sorpresas” y culminar una trama en la que resulta difícil separar los datos autobiográficos reales de todo lo que aporta a la historia la imaginación del autor.
El secreto de Marcial es una novela muy bonita. Se adentra en la particularidad de las relaciones filiales y nos vuelve emocionar con la fiebre de los amores imposibles, volcánicos o secretos, tan melodramáticos en la vida real como en el celuloide. Al fin y al cabo, como reconoce Marcial en su lecho de muerte, “somos lo que vimos”. Esta lectora añadiría que también “somos lo que leímos”, así que aprovechen la oportunidad y lean esta novela, no se la pueden perder.