memoria histórica
Jueves 27 de noviembre de 2008
José Utrera Molina obtuvo durante 1937 y 1975 36 condecoraciones por su carrera política. Este malagueño que presidió la subjefatura provincial del Movimiento en su ciudad, fue gobernador civil de las provincias de Ciudad Real, Burgos y Sevilla, subsecretario del Ministerio de Trabajo y ministro de la Vivienda durante el primer Gobierno del almirante Carrero Blanco. Por todo ello, fue nombrado Hijo Predilecto y, entre otras condecoraciones, la Medalla de Oro de su tierra.
Ahora los socialistas que gobiernan Málaga junto con Izquierda Unida, aprovechan la Ley de la Memoria Histórica para exigir la retirada de los honores otorgados al suegro de Gallardón. Según publica Málaga Hoy, el PSOE "en virtud de lo establecido en la denominada Ley de la Memoria Histórica y basándonos en el principio de que las Administraciones Públicas tomarán las medidas oportunas para evitar toda exaltación de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la dictadura, en el convencimiento de que los ciudadanos tienen derecho a que los símbolos públicos sean ocasión de encuentro y no de enfrentamiento, ofensa o agravio”.
A raíz de esta noticia, Manuel Alcántara publica en el diario SUR bajo el título "Pepe Utrera" el siguiente artículo:
HABLO del Excelentísimo señor don José Utrera Molina, con la excusa de que nos conocimos casi en el Antiguo Testamento, cuando yo tenía diez años y él doce, calle de la Victoria, arriba. Le llamo Pepe. Somos amigos de eso que se llama de «toda la vida», aunque ninguna de las dos haya llegado a su final y puedo decir algo de cómo era, o sea, de cómo sigue siendo. Ahora leo que la Diputación de su bien amada tierra de Málaga, que es la misma mía, quiere retirarle los honores que se ganó, luchando precisamente por ella, aunque también por otras.
Resulta que Pepe Utrera es el único personaje de toda la lista de represaliados retrospectivos que puede sufrir la absurda venganza. A los otros desposeídos les traerá sin cuidado, ya que lo han dejado «entre las azucenas olvidado» o entre las trincheras o los hospitales. No combatió él contra nadie. Todo lo contrario: ayudó a construir algo en lo que creía. Le vi por tierras de Ciudad Real y Burgos, en jornadas maratonianas. Y luego en Sevilla, donde literalmente era adorado. Lo he visto siempre, ya que en mí no ha tenido un camarada, sino un amigo, que es categoría algo más definitiva.
Hace falta ser brutos para intentar restarle a un hombre cabal lo que ha venido sumando a lo largo de los años. También hace falta ser ladrón para robarle a alguien los honores acumulados. Ser excelente es mucho más difícil que ser excelentísimo y me duele que este rencoroso propósito haya nacido en nuestra tierra. ¡Qué razón tenía don Gregorio Marañón cuando me dijo que «las guerras civiles duran un siglo»! Hace falta que se liquiden tres generaciones para que la llamada «memoria histórica» no chorree sangre. Pero él no es culpable de nada, porque le bombardearon la infancia. Mira, Pepe: te podrán quitar los honores, pero no el honor.
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