El autor reconoce que admira a los finalistas y que le merecen mucho respeto
Jueves 27 de noviembre de 2008
El escritor barcelonés Juan Marsé ha recibido con "mucha alegría" la distinción del Premio Cervantes, una noticia que ha conocido casi dos horas después de un fallo que se ha hecho público mientras el autor estaba en el médico.
Un grupo de periodistas montaban guardia en el portal de su casa, mientras otros más privilegiados casi auxiliaban a su mujer y a su hija Berta en la dura tarea de atender a los medios y a los políticos que llamaban.
La mujer de Marsé prácticamente recitaba de memoria la inevitable respuesta: "Juan Marsé está en el médico, tenía hora a las cuatro y media y todavía no ha vuelto, pero él no sabe nada, a no ser que se lo haya dicho el taxista".
Tras las insistencias al otro lado del auricular, la réplica era también invariable: "No le puedo dar ningún teléfono de contacto, porque aquí somos antimóvil".
Varias llamadas infructuosas más, alguna del Ministerio de Cultura para comunicárselo oficialmente, y al fin ha llegado Marsé, rodeado de una oleada de flashes y cámaras de televisión.
Al traspasar la puerta, en el vestíbulo, una Betty Boop sobre la pared contemplaba la escena, junto a una vitrina en la que el autor guarda colecciones de cajas de cerillas, de soldaditos y de juguetes de hojalata.
Ya sentado en una de las butacas del salón, al hilo del comentario de su mujer, "podías haber ido al médico otro día", Marsé ha contestado con rapidez: "La salud es lo primero. Me acabo de enterar".
Con más calma, pero sin haber tenido tiempo para asimilarlo, el autor de Rabos de lagartija ha confesado: "naturalmente, estoy muy contento, después de que he sido finalista durante dos o tres años, así que (ganar el Cervantes me ha parecido) muy bien".
Sin tener claro si pensaba que este año ganaría el premio, el escritor barcelonés ha indicado: "Me lo esperaba y no, porque este año entre los finalistas estaban Pepe Caballero Bonald, Ana María Matute y Javier Marías, que son escritores que me merecen mucho respeto y a los que admiro".
Marsé no se considera un escritor reacio a los premios, pero aclara que no trabaja para los premios, puesto que opina que "el premio está en la escritura". Confiesa que escribe "para evocar algunas experiencias que no he tenido y que me hubiera gustado tener" y naturalmente como búsqueda de una "determinada forma de belleza".
Aunque sin haber podido asimilar con la reflexión necesaria la obtención del galardón más importante de las letras hispanas, Marsé ha dicho, en una rueda de prensa, que la experiencia de la escritura le sirve también "para recuperar un tiempo perdido en un mundo que a veces no te acaba de convencer y que te empuja a buscar un mundo alternativo".
Marsé, uno de los más populares escritores catalanes que escriben en castellano, ha comentado que no se siente bandera de una lengua ni piensa hacerlo: "Cada uno escribe en la lengua que quiere, y en todo caso defiendo mi derecho a escribir en la lengua que me dé la gana, porque la lengua es un vehículo, una manera de entender y yo no soy en absoluto nacionalista".
El autor de Últimas tardes con Teresa está escribiendo ya una nueva novela, aunque no ha querido desvelar mucho de su contenido, por temor a "estropear el argumento al contarlo". De esta nueva obra apenas ha revelado que "tiene que ver con las novelas que a mí gustan, como Rabos de lagartija, que transcurre una parte en los años 40 y otra en la actualidad".
Ha confesado: "Siempre me cuesta escribir un nueva novela, porque soy muy quisquilloso, pero me gusta hacerlo porque disfruto escribiendo".
Preguntado por cuál de sus "hijas" literarias es su preferida, el autor barcelonés ha dado rápidamente los nombres de Si te dicen que caí y Rabos de lagartija, pero su "debilidad" es su primera novela, Encerrados con un solo juguete (1961), finalista del premio Biblioteca Breve, porque la escribió en un momento importante de su vida, cuando vivía en París.
Marsé ha querido dedicar el premio a Paulette Goddard, la que fuera mujer de Charles Chaplin, una actriz que le gustaba mucho cuando él tenía 13 años.
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