Opinión

El presidente está desnudo

TRIBUNA

Fernando Maura | Lunes 24 de febrero de 2025

En 1837, Hans Christian Andersen publicaba el conocido cuento al que pondría por título El traje nuevo del emperador. En él relataba a un rey que se pavoneaba ante sus súbditos luciendo pretendidamente un espectacular atuendo, hasta que un niño observaría de manera juiciosa: “está desnudo”.

Algo así le está ocurriendo al presidente del gobierno español una vez que las órdenes ejecutivas y las declaraciones de Donald Trump han producido una devastadora repercusión en los estados mayores de las cancillerías europeas, de las instituciones de la UE, y por supuesto, del líder ucraniano Zelenski y del conjunto de sus conciudadanos.

La afirmación de la ausencia de cobertura vestimental de Sánchez viene referida a las declaraciones que ha hecho éste acerca de la necesidad de mutualizar deuda europea para acometer las requeridas inversiones en materia de Defensa, que ya no sólo se recaban de forma perentoria -como en su primer mandato requería Trump-, sino que se diría resultan inevitables para Europa, toda vez que el aliado americano, el que nos ha protegido durante tantos años, se nos está alejando de manera abrupta, por más que -no nos extrañemos por eso- se trataba de la crónica de un anunciado abandono, por parafrasear el título de una conocida novela de García Márquez.

Se trata de unas declaraciones, las de nuestro presidente del gobierno, que ocultan una realidad -y en eso consiste precisamente su desnudez-, que España es el país que menos esfuerzo ha realizado en materia de Defensa de los países de la Unión, por lo que reclamar ahora un nuevo endeudamiento europeo, a través de una medida similar a la adoptada con los fondos Next Generation para la necesaria recuperación económica como consecuencia de los devastadores efectos del COVID 19, supondría, a no dudar, un agravio comparativo para los países que vienen realizando las inversiones que España no ha sabido o no ha querido hacer. ¿Qué pensará, por ejemplo, Polonia de la propuesta de un gobierno que está en un escaso 1,3% del PIB, cuando ellos superan el 3,8%, o Francia, que está en un 2,06%?

Es cierto que la actitud cuando menos perezosa, si no reticente de España en materia de implicación militar viene de lejos, tan lejos como del año 1898, cuando perdimos nuestras últimas colonias en Cuba y Filipinas. A partir de entonces nuestro país se entregaría a un aislamiento internacional que nos hizo abrazar la neutralidad en las dos guerras que asolarían el suelo europeo. Jorge Bustos ha escrito, con exageración no exenta de algún punto de razón, que preferimos las guerras civiles.

A los españoles no parece llamarles la atención el conflicto existencial que se vive en Ucrania, la amenaza actual -y futura- que se cierne sobre Europa por la Rusia de Putin… y las manifestaciones de Trump quizás hasta puedan resultarnos algo así como las descabelladas ideas de un chulo de barrio que nos impide atravesar la calle que él considera de su propiedad; no pasa nada, en algún momento se presentará en la zona un policía municipal que le haga ver que la calle pertenece al conjunto de la ciudadanía.

No parece que entendamos muy bien que, en el suelo ucraniano, se están defendiendo los valores de la civilización, del respeto a los derechos humanos, de la separación de poderes, en fin, del sistema democrático que nos han convertido en superiores a los demás, porque constituyen un avance de la civilización, y sin ellos, retornaríamos a la barbarie tribal; tampoco que Rusia no se detendrá en Ucrania, que una vez recompuesta su economía y reforzado el ánimo de sus compatriotas, avanzará hacia el báltico, Polonia, Hungría o Finlandia, si Europa -ya que no los Estados Unidos- no la contiene; que Trump tiene un modelo empresarial y de negocios del mundo -las tierras raras de Ucrania, la Riviera en Gaza, el subsuelo de Groenlandia o la contención de China en el canal de Panamá para que los barcos americanos no se vean impedidos a atravesarlo, debiendo utilizar la larga y costosísima travesía del Cabo de Hornos.

Hay un orden internacional que se está haciendo añicos, el nacido de la Segunda Guerra Mundial, y nuestro gobierno con su presidente a la cabeza carece de respuesta a ese desafío, más allá de escenificar una patética representación de desacuerdo con el gran preboste de la Casa Blanca. No tenemos dinero para la Defensa, tampoco acuerdo entre los socios internos y externos del gobierno de coalición… viene a decir. La solución deberá venir de afuera.

Pero ese aislamiento nacional, reforzado ahora por las insuficiencias de un ejecutivo que no da más de sí, convendría que fuera subsanado por una oposición que se encuentre por fin con eso que en la política española nadie parece advertir: el sentido de Estado.

Convendría que el PP, más allá de esas pequeñas h pírricas acciones en su presuntamente victorioso resultado -como asociarse con Sumar y Podemos para que no paguen impuestos los que deberían pagarlos por el incremento del SMI-, ofreciera su concurso al PSOE para aprobar unos presupuestos que, además de plantear soluciones a los problemas pendientes que tiene nuestro país, encare de manera seria la cuestión de nuestro compromiso con Europa y su defensa. No sólo porque se trata de una materia que concierne a una vaga idea de valores, de derechos humanos, de separación de poderes o de democracia… sino porque en un mundo sin ley -según afortunada expresión del semanario The Economist-, que admitiría el derecho de conquista sin restricción alguna, Ceuta, Melilla y hasta las Islas Canarias se verían expuestas a la voracidad expansionista de nuestro vecino Marruecos. Una vez que les entregamos el Sáhara Occidental irán cayendo otras fichas del dominó, y nos quedaríamos solos para su protección.

No, no se trata solamente de defender nuestra civilización -que también-. Se trata de defender nuestra integridad territorial.