Opinión

La democracia muere en la oscuridad, santo fracaso, Batman

WELTPOLITIK

Carlos Ramírez | Miércoles 05 de marzo de 2025

Después de sus primeros roces con el iracundo Donald Trump en la Casa Blanca, el empresario Jeff Bezos, dueño de Amazon y apenas acomodándose como dueño del periódico liberal The Washington Post, pagó a una agencia de publicidad para que crearan un lema que definiera la actividad del diario que se hizo legendario por combatir el autoritarismo de Richard Nixon en los casos de los papeles del Pentágono y de Watergate.

La historia la cuenta Martin Baron, un periodista que también tenía poco de hacerse cargo de la dirección editorial del diario capitalino proveniente del Boston Globe y su Pulitzer por denunciar los abusos sexuales de la Iglesia local. La frase escogida se inauguró como publicidad espectacular y muy costosa en el medio tiempo del Super Bowl y el anuncio estaba conducido por el actor Tom Hanks, activista progresista, pero también activo político de las Fuerzas Armadas estadounidenses.

La frase, hay que reconocerlo, fue impactante: “la democracia muere en la oscuridad” y se colocó debajo del logotipo de The Washington Post en su versión impresa y también digital y agitó un poco a los medios tradicionales progresistas que no gustaban de involucrarse en debates políticos o ideológicos con el poder central de la Casa Blanca. Inclusive, con picardía, el director periodístico del The New York Times se permitió la broma de que esa frase parecía poner a la ciudad de Washington como la Ciudad Gótica de Batman.

Baron publicó en 2023, dos años después de haberse jubilado en el Post, su libro Frente al poder. Trump, Bezos y el Washington Post, cuya edición en español (La esfera de los libros) llevó un subtítulo provocativo: “un testimonio indispensable sobre las corporaciones, la política y la democracia en Estados Unidos”. Baron le dedica muchas páginas y reflexiones a reconocer primero y defender después la forma en que Bezos se había resistido --no confrontado ni provocado-- las ironías hirientes de Trump contra el empresario y contra su periódico. Y las historias que cuenta Baron efectivamente mostraron a un Bezos con marcada distancia del discurso ideológico ultraderechista del presidente de EE UU.

Pero he aquí que la vida da muchas vueltas. La víspera de las elecciones presidenciales estadounidenses de noviembre de 2024 marcaron un giro estratégico espectacular del The Washington Post: Bezos se opuso de manera ostentosa a la tradición del periodismo liberal que ante cada elección presidencial planteaban en un editorial de portada su preferencia y llamaba a votar por determinado candidato que estaría representando, cuando menos en el discurso de campaña, una defensa liberal de la democracia estadounidense.

En enero de 2025, Bezos apareció en la lista de empresarios con muchos recursos económicos --su fortuna es de 225,000 millones de dólares-- que donaron centenas de millones de dólares al Partido Republicano para financiar la ceremonia y actividades de la toma de posesión de Trump el 20 de enero. Y después de estar en la zona VIP de la ceremonia de jura presidencial al interior del Capitolio, Bezos tomó la decisión de redefinir la línea periodística del The Washington Post en función de la promoción de dos nuevos principios políticos que limitarán las opiniones: “las libertades personales y la libre empresa”, y desde luego con el refuerzo en el control de la sección de opinión con el relevo del responsable y en busca de uno nuevo que se encargará de vigilar que esos dos criterios ideológicos que definen a la derecha sea en esencia de la sección editorial del Post.

En el recuento de daños, hay que registrar uno muy significativo: el exdirector Baron, después de conocerse la nueva línea política del diario, solo alcanzó al señalar que “en mi libro de 2023” que se publicó en español en 2024, “retrato a un Bezos muy diferente”. Y en efecto, Baron le dedica muchas páginas a elogiar el cuidado que tuvo Bezos para tratar de mantener una línea de autonomía relativa en el enfoque editorial crítico de la realidad del diario y los intereses de su poderoso consorcio Amazon. Pero, como siempre ocurre, al final de cuentas los intereses entra la democracia informativa y el negocio del capitalismo llegan al conflicto: en 2024 los responsables de la política editorial del Post impidieron que se publicara una caricatura de su dibujante Ann Telnaes en la que se veía el cuerpo obeso de quien se supone identificaba a Trump y al pie de esa estatua los dibujos de los ricos que aportarán bolsas con cientos de millones de dólares para la ceremonia de posesión de Trump, entre ellos estaba el dibujo claro de Bezos, con el agregado de un Mickey Mouse desmayado al pie de la escalinata.

La decisión de Bezos no fue secreta ni oculta: como empresario optó por el apoyo total al proyecto político, económico e ideológico de Trump y el The Washington Post tendrá que apagar la batiseñal en sus ediciones impresa y digital que definía que “la democracia muere en la oscuridad” y desactivar la responsabilidad del periodismo democrático del Post en su historia de la segunda mitad del siglo XX.

A destiempo, Baron públicamente se arrepintió de lo que escribió en su libro para elogiar la firmeza de Bezos ante los ataques de Trump contra la línea editorial del anterior The Washington Post: “Bezos también demostró una comprensión sofisticada de la diferencia entre la libertad de expresión en teoría y lo que se necesita para garantizar la libertad de expresión en la práctica. "Tenemos libertad de expresión en este país. Está escrito en la Constitución", dijo. "Pero la Constitución, a excepción de nuestras normas y nuestros comportamientos, las historias que nos contamos a nosotros mismos como nación sobre quiénes somos, es solo un pedazo de papel. Hay un montón de naciones que tienen constituciones escritas a las que no prestan atención. La gente sigue desapareciendo".

En política, dice la muy pragmática experiencia mexicana, no hay sorpresas sino sorprendidos.


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