Cultura

Raquel García-Tomás: “Cuando escucho o leo una partitura, imagino formas y colores”

(Foto: Lluc Queralt).

ENTREVISTA

David Felipe Arranz | Sábado 08 de marzo de 2025
Ha obtenido el Premio Nacional de Música 2020 y Premio Nacional de Cultura 2024 de la Generalitat de Cataluña, lo cual quiere decir que hay una unanimidad con respecto al talento y la genialidad de la barcelonesa Raquel García-Tomás, que no es nada fácil poner de acuerdo a tanta gente influyente en un país donde la envidia y las rivalidades truncan e interrumpen carreras a gentes de excelencia. Esa bella ruleta del reconocimiento en la que giran, dando vueltas y saliendo una u otra de entre cientos de producciones musicales genuinas, según la suerte del momento, a ella le ha sonreído: sus óperas Je suis narcissiste y Alexina B. han recibido igualmente multitud de reconocimientos. Pero hemos atisbado su misterio, una característica personal que comparte con compositores como Aleksandr Skriabin u Olivier Messiaen: poseer una mente sinestésica, que va del pentagrama a la imagen visual (formas y colores) y a la inversa. El Ciclo OCNE en su “Sinfónico 16” ha programado este fin de semana en el Auditorio Nacional su obra sinfónica Las constelaciones que más brillan (2023) dirigida por Cornelius Meister. Esta temporada, Raquel es compositora residente de la Real Filharmonía de Galicia y compositora destacada del Palau de la Música Catalana. Hemos hablado de ello con Raquel y de muchas cosas más.

Vd. se ha especializado en creación interdisciplinar y es doctora por el Royal College of Music de Londres. ¿En qué consiste la manera de crear a partir de la sinestesia?

Tiene una doble vertiente: a veces se hace desde un punto de vista estructural y otras a través de las sensaciones. Para mí no es especialmente difícil porque no puedo evitar asociar formas y colores a letras y notas musicales cuando las escucho o las leo en el pentagrama. Es muy fácil para mí porque la sinestesia es una asociación involuntaria. Es una característica personal que comparto con compositores como Aleksandr Skriabin u Olivier Messiaen. He escrito obras de cámara acompañadas de videocreación: la música me lleva a imaginar formas, colores y estructuras, creando imágenes a partir de la música. Yo acudo al Auditorio Nacional y cuando escucho, imagino los colores, y cuando miro las partituras y leo las notas y las armonías, veo también formas y colores.

Explíquenos qué es la sinestesia en su dimensión práctica.

La sinestesia es la unión de dos sentidos humanos; hasta donde yo sé, nacemos con nuestros sentidos más unidos y después se van diferenciando a medida que crecemos. A veces no se separan del todo y, en mi caso, aprendí a leer y a identificar números y letras desde muy pequeña, a la vez que imaginaba su traducción en formas y colores. Pero no estoy muy segura de que esto que digo conforme una teoría científica asentada.

¿Cómo ha realizado el trasvase de significado de una ilustración a una obra sinfónica?

A partir de un encargo –Las constelaciones que más brillan lo es–, me llamó la atención la ilustración homónima del Libro de maravillas (2023) de Pere Ginard y me pareció muy interesante, porque me fijé en una representación de algo que parecían constelaciones y atisbé un juego que desencadenaba una “lectura” naif al respecto; y, por otra parte, al estar dicha ilustración organizada en modo de cuadrículas, me generaba una lectura concreta de dicha imagen porque veía parámetros que se repetían. De manera que observé que había un parámetro estructural y tangible y observé una ilustración lineal negra sobre papel blanco muy minimalista, y ese fue el punto de partida. Me dejé llevar por esa sencillez de una representación naif del cosmos que proponía Ginard como en una exploración poética.

¿Qué es lo que le influye a la hora de crear? ¿Algún compositor?

Todo me influye y he tenido tantas influencias que no he sido muy consciente de ello, porque desde lo que veo cada día por la calle hasta un mensaje de teléfono, todo es influyente para mí a la hora de crear. De manera que, en mi caso, las influencias vienen por todas partes y a todas horas, todo me sirve porque todo entra en mi subconsciente. Tampoco tengo compositores favoritos, porque mi gusto va cambiando: hay épocas en que tengo más preferencia por unos que por otros, pero ya digo que eso va en continua evolución.

¿Cuándo comienza su relación con la música?

En casa se escuchaba mucha música en la radio, que siempre estaba encendida, al igual que en discos de vinilo, alimentando mi sensibilidad desde niña. Mi abuela, que lo vio, me regaló un teclado eléctrico a finales de la década de los ochenta. Aunque mi ilusión era tocar el piano, no se cumplió hasta que, con diez años, fui a una escuela de música que se había fundado. Empecé a estudiar Bellas Artes porque me gustaba mucho pintar e interrumpí mis estudios para ingresar en la Escuela Superior de Música de Cataluña (ESMUC) para estudiar piano, pero me lesioné las manos provocándome una tendinitis y cambié a la especialidad de composición. Finalmente, me fui a Londres, donde me doctoré en el Royal College of Music con un estudio precisamente sobre la interdisciplinariedad.

Entonces, en vd., entre el piano y la composición, ganó esta última…

Sí, porque había en mí una pulsión personal y, al final, ganó la creación frente a la interpretación. Pero admiro a los pianistas y al resto de intérpretes y trabajo con ellos muy a gusto. Tras la tendinitis, no había manera de desarrollar las habilidades específicas necesarias para ser pianista profesional, de manera que desarrollé las creativas. Las de los intérpretes son carreras muy específicas y creo que puedo aportar más como compositora que como intérprete.

Entonces, sus creaciones parten de la mezcla.

Sí, me gusta volver a mezclar disciplinas como en mis comienzos. Mi método me recuerda a mis años del bachillerato artístico y de mi primera formación musical, que simultaneé. Cuando me encargan obras que llevan incorporada la videocreación, me satisface mucho, aunque no sea tan experta en la creación audiovisual.

(OCNE / INAEM)

¿Qué gran obra tiene aún pendiente?

Aunque con el estreno de Alexina B. en el Gran Teatre del Liceu quedé muy satisfecha, de esto hace ya dos años, sí que quiero componer y estrenar en el futuro una ópera más grande en coproducción con varios teatros, esto sería lo ideal. Es cierto que una ópera grande supone mucho desgaste, así que esta temporada me estoy dedicando más a las obras sinfónicas y de cámara. El año pasado gané una beca Leonardo del BBVA para escribir una ópera de cámara y la estoy escribiendo inspirándome en el “Primer libro” de la Vida y visiones de la polímata alemana Hildegard von Bingen (1098-1179) y con Ana Cuéllar como directora escénica, y que tendrá una hora de duración. Es muy probable que estemos ante la primera persona compositora de la historia por derecho propio, porque Hildegard posee muchas más obras que muchos hombres de su época e incluso posteriores.

Muchas personas piensan que la música clásica solo es para paladares exquisitos porque no la entienden. ¿Vd. qué opina?

La música clásica abarca muchos géneros y épocas que nos podrían parecer lejanas, pero de cualquier lenguaje musical, por muy alejado que esté de nuestra época, se puede aprender. Hay composiciones clásicas que se han incorporado a las bandas sonoras de las películas y que, gracias a esto, se han popularizado. También ocurre con los anuncios de publicidad que recurren a la música clásica que, a renglón seguido, entra a formar parte del imaginario cultural de este momento. Además a las obras de música clásica hay que darles varias oportunidades para familiarizarnos con su lenguaje, su conocimiento, las sensaciones que nos producen, la apertura mental que nos proporcionan y la amplificación de nuestra capacidad de sentir, porque cada uno siente la música de una manera determinada y única.

¿Cree que la música actúa sobre la conciencia humana?

Mi experiencia es que sí. La música es un estímulo que genera muchas sensaciones, conexiones neuronales, y no es lo mismo escucharla, que cantarla, bailarla o interpretarla. Entran en funcionamiento, por lo tanto, muchas partes del cerebro a la vez, porque hay una parte de la comunicación musical que es interna y que implica una serie de conexiones neuronales. Ya lo dice el saber popular que “quien canta, sus males espanta”, porque la música es, además, un gran transmisor cultural. Escuchando la música de un determinado grupo cultural que no es el nuestro, aprendemos cosas íntimas de ese grupo al que estamos escuchando, como sucede con la música afroamericana, comunidad que ha sido mejor comprendida y conocida gracias al jazz o al blues. Gracias a la música podemos conocer una serie de tradiciones, gestos y guiños de ese grupo humano que no conocíamos. La música aproxima puentes y altera la manera en que recibimos estímulos.

¿Podríamos aplicar esto al exitoso y tan popular reguetón?

A mí, a nivel musical no me interesa nada, mucho menos sus letras tan machistas, pero reconozco que tiene muchísimo impacto social. Seguramente sea porque genera muchos ingresos al enorme apoyo de la industria musical. Pero a veces somos nosotros los que nos imaginamos conjuntos cerrados de gustos, porque quizá haya gente más culta que también escuche reguetón: hay gente que se define muy hermética y creo que cada uno de nosotros somos diversos y que existen muchos puntos en común entre los seres humanos. Quiero pensar que las personas tenemos gustos mucho más ricos de lo que pretenden definirnos. Incluso los que se definen como amantes acérrimos del reguetón y se retratan así, con todo lo que conlleva, son también diversos en sus gustos musicales, aunque a veces no lo sepan.

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