Los Lunes de El Imparcial

Maria Barbal: Peripecias

Novela

Domingo 09 de marzo de 2025

Traducción de Rosa María Prats de la Iglesia. Destino. Barcelona, 2025. 355 páginas. 20,90 €. Libro electrónico: 9,99 €.

Por Aránzazu Miró



Peripecias, libro que leo en su traducción al castellano, salido del horno a la vez que su original catalán, es una novela dentro de la novela. ¿Metaliteratura? No, no es eso. Peripecia, o Peripecias, que con las dos menciones aparece, es la novela que el protagonista, Anton Bellart, publica tras alcanzar la fama literaria con la edición de un libro de cuentos que queda finalista en un certamen. Es también el título de la obra que tenemos entre manos, que va y viene por el mundo editorial mostrando más llantos que alegrías, aunque transita siempre entre triunfadores. ¿Qué será, entonces, el mundo de los autores que ni siquiera triunfan? Quizás, donde de verdad se mueven tejemanejes sea precisamente entre los escritores que quieren vivir de lo que hacen, escribir exclusivamente.

Me ha costado interpretar en el libro la historia que apunta la contraportada, porque en realidad, todo se enreda mucho más de lo que se nos anticipa. Sí son sombras y luces del oficio de escritor, pero también de la preparación a la vida, y de las decisiones que se toman, y de las vidas regaladas, y del buscarse los garbanzos, y de las relaciones de pareja y las paternidades. De todo eso hay, quizá en demasía; como en la vida real. Y del vivir para escribir o del escribir lo que se vive, de las ficciones robadas al entorno en que se vive. ¿Escribe siempre de forma autobiográfica un escritor? ¿Es irremediable?

La novela no se plantea estas cuestiones metafísicas; solo las muestra, en un enredo de escritores que se lanzan a la escritura necesaria, es decir, por ímpetu insoslayable, y de quienes padecen las consecuencias de lo escrito.

Maria Barbal, que triunfó como escritora de lo rural, cuando quizá las diferencias eran mucho más marcadas, se ha situado en esta novela en el ámbito urbano; tampoco es la primera novela en que lo hace, y desde luego se mueve muy bien en los desapegos de la ciudad, pero también en los sentimientos de aquel entorno más reducido que ahora se queda únicamente en un lugar de veraneo, en el que nuestro protagonista intenta establecerse a escribir sin estorbos.

Escribir algo que tu pareja considera «un bodrio donde hay un personaje que es una burla de tu padre» y que la novela resultante triunfe, se venda, permita vivir de la escritura, ese es uno de los meollos de esta novela. Quizás le da muchas vueltas a las relaciones personales y profesionales de los personajes, que sin ser una novela coral, acaban siendo muchos. «La familia suele hacer mala pareja con la escritura, por algún lado chocan». Ese es uno de los temas.

Otro es la búsqueda «de un espacio de tiempo continuado para volcar sus ideas en palabras», y también la búsqueda de ese mismo espacio físico, esa habitación propia de que hablaba Virginia Woolf; sí, lugar, pero también disponibilidad.

Aporta alguna respuesta a tantas cuestiones. «A veces, los escritores se zambullen en su experiencia para crear un personaje de ficción, pero no se identifican del todo con él; a menudo, quien escribe está repartido en más de un personaje, o, tal vez, lo vivido, al ser fabulado, se refleja a la inversa. En el cuento, Sílvia no tenía por qué estar hablando de ella, pero Anton tenía la sensación de que su amiga contaba una relación muy honda que, al romperse, la había dejado herida».

Los libros que se mencionan en esta novela, Peripecias, son, además del mismo Peripecias, Élite, o Derivadas. Símbolos de por dónde transita su contenido. «Últimamente le parecía que casi nadie leía con libertad. Solo lo hacían movidos por quién es la persona que ha escrito, si es alguien conocido, si sabe promocionarse».

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