El fallecimiento de Dalmacio Negro ha dejado un vacío en el pensamiento en una época oscura, caracterizada por el dominio del nihilismo. El Catedrático de la U. Complutense tuvo que enfrentarse a un recetario ideológico que ha extendido la ignorancia, la sensiblería, la palabrería y la irracionalidad; y, más en concreto, contra la aspiración del wolkismo transhumanista y ecologista de acabar con la naturaleza humana considerada un residuo del pasado. El ideologismo, profundamente destructivo, ha creado una degradación tal, que la estupidez, el cinismo más simple y lo grotesco se imponen sobre el sentido común –sentido fascista, como dijo hace unos días una iluminada-, justificando todos los actos contrarios a los principios rectores de la civilización con la pretensión de sustituirlos por idealismos antiéticos. Se constata que las ideas raíz de la civilización han quedado oscurecidas o eliminadas, siendo sustituidas por falsas creencias y ocurrencias que han distorsionado al individuo, provocando en muchos una enajenación radical de su naturaleza y un histérico caos.
Dalmacio Negro siguió la estela de una generación brillante, los componentes de la extraordinaria “vegetación del páramo” (Julián Marías), siendo un digno heredero de Luis Díez del Corral, su principal maestro, Luis Fueyo, Gonzalo Fernández de la Mora, Antonio Truyol y Serra, Federico de Castro, Luis García Valdeavellano y muchos otros. El catedrático de la UCM se fue adaptando al curso histórico con una concepción de lo político, el Estado, la Moral, y el Derecho –en realidad, legislación, cuando no convertido en bestial (B. de Jouvenel) que le permitirá comprender la época valorando el hombre en cada tiempo. Nunca apreció que se adquiriera el conocimiento por sí mismo, sino como un medio para dar con las principales coordenadas en que se movía el hombre.
Del pensamiento dalmaciano cabe destacar algunos rasgos y señalar ciertas consideraciones: En el proceso de formación, investigación y composición de su propio pensamiento, trataría de que las ideas entroncasen con la realidad, apoyándose en una acertada elección de los autores que le servirían para analizar tanto el contexto histórico como el momento presente, rechazando el idealismo-cuentismo del ideologismo. Utilizando adecuadamente los hallazgos de varios autores, su discurso será muy distinto de las alienantes ideologías que han tenido una gran influencia en la formación de las mentalidades sociales y en la composición de las estructuras institucionales, especialmente del Estado.
La obra dalmaciana es una excelente exposición de las realidades de la época, asentada en una determinación conceptual y un rigor ejemplares. Uno de sus méritos fue crear un orden de ideas y conceptos de los que vivieron una época contemporánea, predominantemente desordenada, creciendo el desbarajuste con la extensión de la tecnoburocracia, impidiendo a la gente aproximarse muchas veces el sentido de las cosas. Con el necesario principium divisiones, supo articular el pasado en el presente a partir de los presupuestos de lo político, los datos empíricos y cualquier otra esfera de saber con los que compondrá una teoría y una rigurosa propuesta de filosófica política. Se alejará de las formaciones dogmáticas imaginarias y del análisis sectorial de la política a través del sicologismo, sociologismo, etc. integradas en el culturalismo, que han impuesto una visión mecánica del progreso, obviando todo análisis o explicación objetiva de la realidad.
Como historiador de las ideas escogió a los pensadores que le darían seguridad para determinar los movimientos históricos, tanto por su capacidad para extender sus propuestas, como para entender los elementos que daban lugar a la actuación humana y con los que se llevarán a cambio las transformaciones que dibujan cada época, los anhelos, las equivocaciones, las incesantes repeticiones, los compromisos, las frivolidades y las obligaciones, las esperanzas y las decepciones, las frustraciones y los logros, las lealtades y las traiciones, la sensualidad y el dolor, el infortunio y el triunfo, el deleite y las náuseas, la condición y la circunstancia.
Los estudios de Dalmacio Negro sobre unos cuantos autores habrán de ser los cimientos que consoliden el saber para entender y con los que se servirá para desbrozar la realidad. Uno de sus objetivos sería proponer las medidas para mejorar la salud social y reducir en lo posible los inevitables conflictos. Dalmacio Negro utilizará su conocimiento como historiador de las ideas para, además de exponer los contenidos de las aportaciones de los autores, ofrecer una sólida teoría política, cuyos contenidos tendrán una raíz en el pasado, que habrán de proyectar de una u otra manera en el futuro, y con los cuales logrará diseccionar objetivamente las realidades vitales en el movimiento histórico. Quizá sea necesario recordar que al pensador se le juzgará por su capacidad para componer una estructura de pensamiento que posibilite poder penetrar en la realidad, y se evite lo fantasioso, aunque en el caso de la política, cuando la imaginación llega al poder inevitablemente se extenderá el cinismo y la falsedad que son las que más caracterizan al despotismo.