La Real Sociedad cayó eliminada este jueves de la Liga Europa. Hincó la rodilla con total merecimiento en un ejercicio de impotencia e inferioridad que le dejó sin argumentos. Sin embargo, sí encontraron los donostiarras excusas por un arbitraje discutible que tuvo que ser rescatado varias veces por el VAR y que tomó todas las decisiones en favor de un Manchester United que avanza a cuartos de final. La mejor versión del curso de los ingleses acabó con el sueño vasco en una noche para el olvido en todos los sentidos.
Imanol Alguacil ordenó salir de inicio con ambición y personalidad. El 1-1 cosechado en San Sebastián hace una semana les había demostrado que podían tutear a este aristócrata venido a menos. En consecuencia, se plantaron con una presión alta e hicieron acopio de la iniciativa. Además, combinaron rápido con armonía y velocidad para domar el centro del campo y empezar a generar peligro. Y en su primera llegada pescaron el primer penalti del encuentro. Ocurrió en el sexto minuto, cuando Takefusa Kubo abrió para el centro de Aritz Elustondo. Mikel Oyarzabal se anticipó a Matthijs De Ligt y fue derribado en el área. El VAR corrigió al trencilla y el capitán visitante facturó el 0-1 -minuto 10-. Era el 11º tanto de la temporada de este emblema 'txuri urdin', que sigue siendo indispensable por su inteligencia y calidad. Su templanza en la transformación de la pena máxima, como buen especialista, dio premio a la valentía de sus compañeros. Habían saltado al césped bordando ambas fases del juego -también la activación tras pérdida- y recogieron el fruto. Pero el bloque entrenador Rúben Amorim respondería con contundencia y del modo que sabe: pisando el acelerador, imponiendo un ritmo abrasador y gobernando desde el físico. A partir de ahí se nubló el evento para los españoles de una manera inesperada.
Los locales avisaron lanzando a sus potentes carrileros hasta posiciones de remate. Patrick Dorgu y Diogo Dalot se desplegaron y superaron con creces a Aihén Muñoz y a Elustondo. Discretísimo partido de ambos y de Pablo Marín, la fallida apuesta de Imanol para suplir la baja de Luka Sucic. Estos tres jugadores no rindieron como exigía el partido y lo notó su delegación. Incapaces de templar el compás por medio de la posesión, los donostiarras quedaron a merced de la intensidad rival durante demasiados minutos. En el minuto 13 arrancó la tormenta sobre el área de Álex Remiro, con un zurdazo centrado de Alejandro Garnacho y el cabezazo claro que Dorgu desperdició. Entonces emergieron colosales Casemiro y Bruno Fernandes. El primero se mostró excepcional en el pase en profundidad y el corte, y el segundo brilló como nunca como director de la orquesta mancuniana. Ambos apocaron la influencia de Martín Zubimendi y de un Brais Méndez que forzó y acabó lesionado. Había cambiado por completo la inercia y en el minuto 16 llegó el empate. Un pase al espacio de primeras de Casemiro dejó sin marca a Bruno, que regaló una asistencia de oro a Rasmus Hojlund. El danés fue arrollado por detrás por Igor Zubeldia y el árbitro señaló penalti. Fernandes selló las tablas con una clase proverbial en el lanzamiento.
La Real no atinaba a reaccionar con consistencia. La portería de Andre Onana le quedaba muy lejos y le costaba mucho cerrarse con solidez. Le entraron las dudas a un once que no sabía si presionar o ceder metros. Se partía y eso es demasiado resbaladizo ante la velocidad británica. En el 20 Bruno pintó un centro magnífico al que Hojlund no llegó de milagro y Casemiro conectó fuera un cañonazo lejano; en el 24 Garnacho remataba un centro de Dorgu y Zubimendi intervenía, providencial; y en el 30 Hojlund marraba en el área pequeña un centro frenético de Joshua Zirkzee. Este neerlandés espigado al fin parece haber encontrado su plenitud en Inglaterra. Amorim se ha dado cuenta de que no es un '9' sino un mediapunta talentoso y fornido, al estilo de Ruud Gullit (salvando las distancias), y con metros para crear resplandece. Esta noche Zirkee dio una exhibición de regate, lectura de las situaciones, conducción y distribución. 'Bailó' entre líneas a los defensas blanquiazules y les complicó las ayudas defensivas. Zubimendi hubo de incrustarse entre sus centrales para ajustar un desbarajuste alimentado por la movilidad del atacante nórdico y la creatividad de Fernandes. Aún así, aunque el United remató 11 veces en el primer acto no se movería más el marcador. Las opciones más destacadas antes del descanso corrieron a cargo de Dorgu, que en el 40 mandó por encima del travesaño una volea y en el 44 desperdició un disparo nítido (siempre a pase del iluminado Bruno).
En el otro área a Onana sólo le inquietó Kubo. El nipón demostró actitud y buscó la gloria en solitario. En el 27 probó los guantes del meta camerunés en un córner sacado de forma sorpresiva y en el 32 se filtró con un eslalon brillante y estrelló su lanzamiento en el zaguero juvenil Ayden Heaven. Este defensor ha ascendido a la titularidad en el marco de los 10 lesionados que padecen los 'Red Devils'. La plaga ha dejado en la estacada a nombres como Lisandro Martínez, Harry Maguire, Luke Shaw, Kobbie Mainoo, Amad Diallo, Mason Mount o Leny Yoro lesinado, pero los ingleses han puesto su diana en esta competición. Es su última bala para clasificarse a la próxima Liga de Campeones. Esa sensación de urgencia les ha llevado a no conocer la derrota todavía en este torneo. Cuando suena el himno de la antigua Copa Uefa dejan de ser el "peor equipo de la historia del Manchester United", como les ha llegado a catalogar Amorim. Mientras que en la Premier League viajan en la 14ª plaza y sólo han ganado al Ipswich Town desde enero, en Europa están volando. Como tantas otras veces, la motivación se demuestra como la mejor gasolina para la concentración y en esta fecha eclosionaron con un rendimiento sobresaliente que ganó enteros en la reanudación.
Hasta entonces habían señalado a Nayef Aguerd como el mejor jugador visitante y en el segundo acto aumentaron las revoluciones sin mirar atrás. Fueron a por el resultado y se encontraron con el tercer penalti del enfrentamiento. En el minuto 50 una circulación elitista de Bruno acabó en el derechazo rasante de Zirkzee que Remiro despejó con reflejos; el cuero le cayó a Dorgu, que fintó antes de que Elustondo llegara tarde. El defensor vasco trató por todos los medios de quedarse quieto y mostrar involuntariedad, mas nada pudo maquillar que había llegado tarde y tocado al carrilero danés. Bruno compareció para anotar con una jerarquía asombrosa.
Y ahí se deshizo del todo la competitividad 'txuri urdin'. Imanol realizó un triple cambio en el 56 para agitar el guion y con el fin de recular. Sacó del campo a los transparentes Sheraldo Becker y Pablo Marín, y dio entrada a Ander Barrenetxea y a Beñat Turrientes (suplencias incomprensibles las suyas). También metió en cancha a Jon Aramburu para colocar a Elustondo de central, su posición natural. Mas no habría suerte. El técnico añadió lógica a su propuesta pero la energía local seguiría mandando por encima de cualquier otro parámetro. Nunca pudo la Real refugiarse en el balón. Cómo echan de menos en estas tesituras a Mikel Merino. La secretaría técnica no puede sacar pecho por los relevos contratados, del mismo modo que tampoco puede presumir de los refuerzos en ataque. La falta de puntería es, a estas alturas, un mal decisivo.
Llegaban a este encuentro los 'realistas' en una racha de cuatro partidos sin ganar. No es casualidad. Y de vuelta al 'Teatro de los Sueños' la falta de colmillo y de resuello se subrayaron hasta la conclusión con una tozudez impía. El United disfrutó de una comodidad absoluta en el repliegue y en la ofensiva, beneficiados por más episodios de ruptura esquemática de los visitantes. La pobre cohesión ofertaba espacios para correr a los velocistas mancunianos y éstos se relamieron. Más aún cuando Aramburu hubo de derribar a Dorgu cuando éste se escapaba para encarar a Remiro. El lateral venezolano vio la roja directa en el 64, pero antes ya se había decidido la relación de fuerzas.
Zirkzee prolongó su obra y Fernandes y Casemiro no aflojaron. Así, Garnacho bordeó la diana en el 58; De Ligt voleó a las nubes una acción de balón parado en el 65; Hojlund cometió una pifia en el 69 cuando sólo tenía que empujar la pelota a las redes -el joven atacante, de altísimas expectativas, no levanta cabeza en la finalización y empieza a ser muy preocupante, lleva 22 partidos sin marcar-; y Bruno descerrajó un latigazo que Remiro detuvo con solvencia en el 78. Ni rastro de orgullo de una Real de brazos caídos aunque estaban a un gol de forzar la prórroga. Era cuestión de tiempo que aconteciera la sentencia y ésta arribó 87, al galopar Bruno y resolver con un misil cruzado, imparable (para completar un triplete que eleva su notable producción a 15 goles y 13 asistencias). Dalot puso la guinda en el descuento -minuto 92- y despidió a unos donostiarras que regresan a casa ofuscados por la labor arbitral -que en el 86 pitó un posible penalti de Traoré a Dorgu y lo convirtió en un libre indirecto extrañísimo-. Pero, cuidado, que el árbol deje ver el bosque.