Los Lunes de El Imparcial

A.J. Ussía: Borroka. Años de plomo y sangre

Crónica

Domingo 16 de marzo de 2025

Espasa. Barcelona, 2024. 296 páginas. 20, 90 €. Libro electrónico: 9, 99 €.

Por Teresa Sánchez González



Alfonso J. Ussía en Borroka. Años de plomo y sangre presenta una obra pertinente y atrayente. Una narración que invita a la lectura voraz y donde el escritor nos va adentrando, pausadamente, en una crónica bicéfala: por un lado, en la vida y trabajo de tantos hombres y mujeres que lucharon por la defensa de la libertad y en contra del terrorismo de ETA; por otro, en la cotidianidad de esos comandos terroristas cargados de muerte y destrucción. El relato, contextualizado a finales de los 80, acerca, de manera muy necesaria, los años en los que la banda terrorista desarrolló su estrategia de socialización de la violencia.

En esos años, ETA decidió ampliar los objetivos de sus acciones violentas y, además de miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado, jueces o fiscales, la sociedad en su conjunto se convirtió en víctima directa de sus atentados. La estrategia era clara: que la población sintiera la amenaza y el miedo, inoculándose en todas las esferas de la sociedad. El terror se democratizó de la peor manera posible: los atentados se sucedían casi a diario y las víctimas no dejaban de multiplicarse, aumentando, de esta manera, la consigna de que nadie se sintiera seguro ni a salvo. Así, de 1958, año de fundación de ETA, hasta el año de la muerte de Franco, la banda terrorista asesinó a 43 personas.

Sólo en 1980 mataron a más del doble que durante la dictadura, lo cual destierra uno de los grandes mitos que ETA siempre se ha empeñado en defender: la idea de definirse como un grupo revolucionario que luchaba contra el franquismo, en un vano intento de justificar sus crímenes (pág. 16).

El relato, de estos años de plomo y sangre, el lector lo recorre de la mano de la protagonista, Deva Valdés, una agente de la Guardia Civil que luchará, como ejemplo y personificación de tantos otros, de forma incansable contra el terror de la banda terrorista. Desde sus ojos, recordamos algunos de los episodios más duros y crueles de nuestra historia, como el atentado a la casa cuartel de la Guardia Civil de Vic el 29 de mayo de 1991. En él fueron asesinadas diez personas, cinco de ellas niños y jóvenes, con un potente coche bomba que fue introducido en el patio interior del cuartel provocando una enorme explosión que destrozó el edificio de tres plantas.

Del mismo modo, la obra nos permite hacer una reflexión sobre cómo se articulaba la lucha contra ETA en el exterior y cuál era la postura que países de nuestro entorno mantenían ante el grupo terrorista. Así, se relata, de manera especialmente interesante, el papel de Francia y sus diferentes gobiernos en la lucha antiterrorista. De este modo, por ejemplo, los dos lustros de gobierno de François Mitterrand, la banda terrorista era considerada, en el país galo, como un grupo revolucionario que luchaba contra el franquismo.

Ahí radicaba la explicación de por qué muchos de los miembros de ETA se refugiaron allí donde eran considerados una suerte de pseudo exiliados políticos. Tendrían que llegar los atentados, en 2001, a las Torres Gemelas de Nueva York, para que las posturas y las medidas antiterroristas cambiaran y se comenzaran a poner en marcha políticas más globales contra el terrorismo y en pro de la seguridad internacional.

Como dice el autor, «a nadie se le debe olvidar que hubo un tiempo en España -que duró más de cincuenta años- en que unos terroristas te pegaban un tiro en la nuca si no aceptabas su extorsión, que te secuestraban si no pagabas el dinero de los chantajes y que una bomba te estallaba al ir al colegio o al volver de comprar el pan un domingo cualquiera» (pág. 292). Ese tiempo no está tan lejano y es obligación de una sociedad democrática que permanezca indeleble el recuerdo y la dignidad a sus víctimas, ese último reducto de decencia y honorabilidad.

En estos días en los que, desde algunos lugares, se intenta reescribir la Historia o lo que es más nauseabundo, blanquearla, libros como este nos sirven para recuperar la memoria y que se siga conociendo la verdad porque, como decía Cicerón, «la verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio».

TEMAS RELACIONADOS: