Bildu no ha condenado abiertamente los crímenes de ETA. Bildu ha justificado en más de una ocasión la época de “la lucha armada”. Bildu ha exigido siempre el traslado o la libertad de los presos de ETA. Bildu ha festejado aniversarios de etarras muertos y se ha sumado a los homenajes a destacados dirigentes de la banda criminal. Bildu ha sido siempre secesionista y anticonstitucional.
María Jesús Montero en unas insólitas declaraciones audiovisuales ha cubierto de elogios a Bildu. Ha hecho esfuerzos para blanquear a sus dirigentes. Ha asegurado que el partido proetarra “se ha reconvertido”. La vicepresidenta del Gobierno sanchista ha puesto a Bildu como ejemplo de integración política. A pesar de la reacción de las víctimas del terrorismo, sobre todo de Covite, María Jesús Montero no ha pedido excusas ni ha retirado uno solo de los elogios con los que perfumó a Bildu, “que sigue legitimando el terrorismo de ETA, exigiendo la excarcelación de los asesinos presos (a los que llama presos políticos). Los trata como a héroes”, según la respuesta de las víctimas del terrorismo al intenso lavado que la colaboradora de Pedro Sánchez ha hecho del partido al que el sanchismo cubrió de dinero, otorgándole además la alcaldía de Pamplona. Un sector de la opinión pública no se explica por qué María Jesús Montero ha salido a defender a Bildu, cuando el partido proetarra se ha mantenido siempre en su posición hostil a la Constitución, a la unidad de España y a la libertad democrática.
¿Tiene explicación semejante despropósito? La tiene. Bildu dispone de seis votos en el Congreso de los Diputados y Pedro Sánchez los necesita para permanecer cómodamente sentado en su poltrona monclovita. No sólo de Junts vive el presidente.