Se recrudece la guerra entre María Jesús Montero y Yolanda Díaz, entre el PSOE y Sumar, y se ahonda la crisis interna del Gobierno, mientras Pedro Sánchez, aparentemente, mira para otro lado. La coalición se cuartea sin remedio por su conglomerado de partidos y por su deriva ideológica que un día pacta con el “supremacista” Puigdemont una ley racista y el otro, con Otegui, el condenado por terrorismo, para que los etarras salgan a la calle en medio de los festejos que organiza Bildu para recibirlos. Porque al final, Sánchez más que pactar, compra los votos para seguir en el poder. Da igual que esos votos vengan de la extrema derecha o de la extrema izquierda. Valen igual.
Yolanda Díaz, que también llegó al poder por sus escaños, ahora menguantes, se ha ganado a pulso la irrelevancia política y hasta el desprecio de sus compañeros de Gobierno. No sólo por traicionar a Pablo Iglesias, quien la aupó a la vicepresidencia. También por manipular descaradamente las cifras del desempleo, sacando de los datos oficiales a casi un millón de parados con el nombre de “discontinuos” o aprobando la subida del SMI sin hablarlo siquiera con los empresarios, que son, al final, los que pagan las ocurrencias comunistas de la diva caída en desgracia.
Pero Yolanda Díaz se ha encontrado con la horma de su zapato. Sánchez, harto de las ínfulas y errores de bulto de la vicepresidenta de Sumar ha encargado a María Jesús Montero que le pare los pies. Primero, para bajar los humos a la aspirante a diva del comunismo. Y, en especial, porque una cosa es alardear de ayudar a los “más vulnerables” con la incesante subida del SMI y, otra, perder 600 millones de euros en la recaudación del IRPF. Porque una cosa es que apoquinen los empresarios y, otra, que el Gobierno deje de recaudar un dinero que necesita para sus suntuosos y costosísimos gastos en cientos de miles de asesores o asaltos a empresas privadas sin olvidar los continuos vuelos del Falcon que en un viaje a Toledo consume tanto queroseno como la gasolina de cien mil coches en hora punta. Y contamina más.
Pero a Yolanda Díaz sólo le importa su futuro político, su popularidad. Y ha decidido aprovechar la subida del SMI como tabla de salvación. De ahí, su enconado enfrentamiento con Montero que se ha empeñado en que los perceptores del salario coticen a la Seguridad Social. Y la vicepresidenta de Sumar ha llegado a amenazar al propio Sánchez con aliarse con el PP para que eso no ocurra. Parece improbable que la comunista llegue a apoyar una iniciativa de Feijóo. Pero, al menos, Yolanda Díaz ha vuelto a salir en las portadas con ese amago de pacto. Se trata, probablemente, del canto del cisne de una política que se despeña sin remedio por esas torpes maniobras que aparentan ser comunistas aunque sólo busquen un protagonismo puntual. Porque, al final, los beneficiados por el incremento del SMI están abocados a cotizar como todo quisqui. Porque hay que pagar los gastos del Gobierno más caro de la Historia.