Pedro Sánchez ya ha confesado que este año no presentará los Presupuestos en el Congreso, a pesar de estar obligado por la Constitución, porque es consciente de que carece de apoyos suficientes para aprobarlos. Se escabulle de su obligación e incumple la ley ante el riesgo de salir escaldado del Hemiciclo y de poner en evidencia que su Gobierno, más que en fase terminal, está acabado.
Este jueves, Pedro Sánchez ha comprobado que ya no cuenta ni con Sumar, su socio de coalición, que ha votado en contra del “rearme” de Europa y, aún peor, a favor de que España salga de la OTAN. Y sus socios de investidura están en plena estampida. El batacazo parlamentario del Gobierno ha resultado antológico. Ni siquiera ha sido capaz de aprobar la creación de la Agencia Estatal de Salud Pública, a pesar de creer que saldría adelante al contar con los votos de Junts. Pero Puigdemont ha querido darle otra colleja a Sánchez y ha votado en contra. Otro fracaso de Mónica García que pensaba colocar al sabio Fernando Simón al frente del invento. El sabio que aseguró que la pandemia no afectaría a España, que pasaría de largo.
Pero mientras se producía su estrepitoso batacazo parlamentario, Pedro Sánchez daba clases de semántica en Bruselas recriminando a Von der Leyen que hablara del “rearme” de Europa en lugar de referirse a la “seguridad”. "Tengo que decir- ha declarado con su habitual solemnidad- que el término “rearme” no me gusta en absoluto. Creo que tenemos que dirigirnos a nuestros ciudadanos de otra manera cuando hablamos de la necesidad de mejorar la seguridad y las capacidades de defensa europeas". Poco después se ha enredado aún más al aportar un nuevo término: la “tecnología de doble uso” para justificar que Europa invierta 800.000 millones de euros en su defensa. Y esa ha sido la única aportación del presidente español en el Consejo Europeo que se ha celebrado en Bruselas y que ha votado a favor del “rearme”, con la anunciada excepción de Hungría. Eso sí, la UE se ha solidarizado una vez más con Zelenski y con la soberanía de Ucrania. Un gesto tan emocionante como inútil.
Después del batacazo parlamentario en Madrid y de hacer el ridículo en Bruselas, Pedro Sánchez anunció con orgullo que en abril viajará a Pekín para entrevistarse con Xi Jinping. Está seguro de que allí convencerá al líder chino del futuro de “la tecnología de doble uso”. Y, de ahí, al Nobel de la Paz. Pero, aquí, sin presupuestos en 2025 y, probablemente, tampoco en 2026. Prorrogará los de 2023, pero permanecerá en La Moncloa hasta el último día de la legislatura.