El público llenó más de la mitad del coso madrileño. El frío fue invernal, pero hacía sol por primera vez en varias semanas. Los toros de Adolfo Martín han salido de buenas hechuras y muy armados. Elegidos con esmero. La mayoría fue ovacionada nada más pisar el ruedo. Tenían distintos temperamentos, pero tomaron las varas a gran distancia, si les dejaban bien puestos. En general, los tercios de varas han sido de fuertes. Aitor Sánchez recargó mucho, Manuel J. Ruiz Espartaco marró, pero puso el palo como pudo. Juan Sierra e Iván García se destacaron con las banderillas.
El regreso de Rafael de Julia es para olvidar. No se animó ni siquiera a lidiar los toros de su lote. Todo lo encargó a los subalternos. Pisó el albero sólo para… no sé para qué: un muletazo sin decisión ni ánimo y cogió la espada de verdad. Se salía de la suerte para matar de cualquier manera. Ni así tuvo la habilidad de abreviar. Así en los dos de su lote. Pastelero (1º 2/20), tampoco Chaparrito (4º 4/19) mostraron tan mal genio como para merecer tal mala suerte. De Julia se llevó unas grandes pitadas y fue despedido a almodillazos.
Lo contrario sucedió a Damián Castaño. Sus contrarios tuvieron sentido, le perseguían y buscaban más allá de la muleta. El diestro los dominaba desde los primeros vuelos de la muleta, con la mano baja. Primero, hizo una gran faena a Arenero (2º 4/19). Una obra compuesta de series rematadas, de pases largos, imponiéndose al bicho en el terreno de los medios. El rugido de la plaza acompañaba cada muletazo. Falló con la espada. Revoltoso (5º 2/20) fue de los marrajos. No tienen un pase. Así pensábamos los del público, pero Castaño le dio una serie de naturales con la diestra y luego se cambió al natural. El toro apretaba cada pase más y más, Damián seguía arriesgándose y apostando su vida. Llegó una cornada: cogido por la chaquetilla, cayó al albero con zarandeado y con una cornada en el muslo.
Adrián de Torres hizo los únicos quites de la tarde. Se pasó a un “adolfo” por chicuelinas a unos centímetros de los tobillos. Volador (3º 2/20) fue bien llevado por el percal, tomó las varas de lejos y embistió con buen son los primero muletazos. Con peligro apretó al diestro en el remate de cada embestida. De Torres lo llevó por ambas manos, saliendo ileso de una caída en la cara del animal. La espada defectuosa. Peinador (6º 3/20) fue el toro más bello de la corrida: alto, ensillado, fino de hechuras. Sin embargo, algo pasó durante la lidia, quizá una puya caída le hiciera daño, el toro iba cayéndose. La espada mal.