Tomo prestada la referencia literaria de Salman Rushdie en su novela alegórica de 2017 titulada La decadencia de Nerón Golden (Seix Barral), terminada de escribir cuando apenas se prefiguraba la figura de Donald Trump y su cabello rubio (hoy, como dice la canción de José Alfredo Jiménez, “tengo el pelo completamente blanco / pero voy a sacar juventud de mi pasado”). Los redactores de la editorial lograron colar en la contraportada una referencia premonitoria: la novela está “ambientada en los años que separan la llegada de Obama a la Casa Blanca y la irrupción de Donald Trump”, comprobando la tesis de que la literatura también es bola de cristal.
México está entendiendo muy bien la estrategia en modo demolición de la Roma –como Ucrania- porque los mexicanos están padeciendo las actitudes imperiales de Trump en modo del Nerón de la Roma de los Césares: el presidente de Estados Unidos fijó un plazo fatal del próximo miércoles 2 de abril para decidir si aplica sin piedad 25% de aranceles a México por razones de política de seguridad e inclusive atropellando las reglas del tratado de comercio libre T-MEC; el presidente americano exige que antes de ese plazo México destruya la infraestructura física y humana de los cárteles del narcotráfico que existen desde hace 41 años y que entregue a los (sin fijar nombres ni número) narcopolíticos que apadrinan a las bandas de producción y tráfico de drogas.
Los narcoaranceles meterían a México en una recesión brutal. Lo peor del caso es que Trump tiene razón en sus exigencias: los cárteles del narcotráfico en México nacieron y se consolidaron al amparo de los gobiernos de tres partidosen ese ciclo -- PRI,PAN y Morena -- y sobran las evidencias -- lo que ocurre en Sinaloa es contundente, entre otras entidades -- de la subordinación del Estado mexicano al poder de las bandas del narco. Dos datos están casi sobre el escritorio de Trump, además de que son de sobra conocidos: el Gobierno de López Obrador aplicó el modelo de “abrazos, no balazos” para establecer una especie de pacto no escrito con los narcos, de tal manera de que no hubo persecución ni arrestos a cambio de que los malandrines -- como se refiere el lenguaje castrense a los narcos -- no generaran violencia y, antes al contrario, aplicaran el modelo que estudia en especialistas de ”gobernanza criminal”, es decir, que los propios narcos se encargarán de no generar violencia y hasta perseguir a otros delincuentes. El resultado fue al revés: el crimen organizado organizado capturó a sangre y fuego territorios e instituciones del Estado.
El otro dato también es muy conocido: en marzo de 2019 el presidente López Obrador hizo una de sus muchas visitas a la zona de Badiraguato, considerada como la capital mundial del narco porque ahí nacieron los principales capos y la vida cotidiana está dominada por el narco. Sin acompañamiento de prensa, López Obrador convivió con lugareños pero en un momento dado arribó, a pesar del cerco de seguridad alrededor del presidente, una camioneta blanca con alto blindaje y en la ventanilla delantera apareció nada menos que la mamá de Joaquín El Chapo Guzmán Loera, jefe del Cártelde Sinaloa y en ese momento preso y juzgado en Estados Unidos por narcotráfico y asesinatos. López Obrador saludo de mano y muy amigable a la señora Loera de Guzmán, conversaron unos minutos y la camioneta se fue por su rumbo. El Chapo Guzmán estaba a punto de ser encontrado culpable de narco y crimen y de ser condenado a prisión perpetua.
Desde el poder que le da la bautizada oficina presidencial como Palacio Oval -- con adornos en oro que harían palidecer las oficinas de Sadam Husein en sus Palacios de la zona verde de Irak -- y referida ya como Mar-a-Casa Blanca --porque es réplica de su casa en Florida Mar-a-Lago --, Trump, de manera directa y en documentos oficiales que forman parte ya de la historia política de Estados Unidos, ha caracterizado a México como un narcoestado y su gobierno como responsable de proteger a las bandas del narcotráfico. Inclusive, de manera oficial, por instrucciones de Trump el Departamento de Estado incorporó a seis cárteles del narco mexicano a la lista de terroristas y por lo tanto ubicados en una zona del poder que le permite a Estados Unidos atacar a esos grupos en sus madrigueras de sus países de origen.
Ante la exigencia de Trump de que México entregue a narcopolíticos, el Gobierno de la presidenta Sheinbaum Pardo se ha escudado detrás de la retórica nacionalista y de soberanía nacional y solo ha concedido tres deseos: aumentar un poco los decomisos de fentanilo, aumentar fuerzas de seguridad federales en la frontera física entre los dos países para impedir el contrabando y regalarle a Trump --“para hacernos felices”-- 29 capos del crimen organizado que estaban en proceso de juicio en México, y entre ellos una figura deseada por Washington: Rafael Caro Quintero, fundador del Cártel de Guadalajara en 1984 y responsable directo del secuestro, tortura y asesinato de la gente de la DEA Enrique Camarena Salazar en febrero de 1985.
Estados Unidos ha armado un narcocerco político alrededor de México, como se ve en el mapa adjunto de esta columna: aviones espías de la CIA y de Defensa, barcos espías, naves de combate marinas con misiles Tomahawk, imposición de marines para entrenar a mexicanos en lucha contra el narco, envío de boinas verdes para entrenar en operaciones de asalto y un nuevo embajador americano entrenado en fuerzas especiales de asalto y exboina verde, además de mensajes reiterativos de EU en el sentido de que siguen esperando la entrega de narcopolíticos.
Como no hay plazo que no se cumpla, México tendría alrededor de una semana para cumplir las exigencias de Estados Unidos o prepararse para narcoaranceles que profundizarían la recesión que ya comenzó con los indicios de que en este año y el próximo habrá cifras del PIB debajo de cero. Los planes de emergencia de implicarían la búsqueda de otros destinos de las exportaciones, pero en el entendido -- usando una referencia española -- de que el comercio exterior no es un pincho de bar.
Los gobiernos de Morena -- López Obrador y Sheinbaum -- tienen un muy sólido lenguaje nacionalista, pero una economía absolutamente dependiente de Estados Unidos. Mexicanos dicen que ya sienten que en México es Ucrania en los juegos de guerra del Palacio Oval, digno el Nerón Golden de Rushdie.