Opinión

A esta altura de mi vida...

TRIBUNA

Freddy Darino | Jueves 27 de marzo de 2025

Mi imprescindible y a su vez sencilla humildad no le teme a nada ni a nadie, tampoco a la muerte, ese inevitable “después” que me apartará de esta maravilla que es la vida…

Y justamente por ello, ya hace muchos años, le expresé a mi madre muerta: “no temas por mí madre, porque se me ha formado una coraza protectora tan dura como el diamante, como para que no puedan traspasarla fácilmente los dardos envenenados ni las arteras intenciones de algunos que no son pocos, con sus trampas…”

Y justamente por ello, no he de ceder, no me permitiré claudicar ni desfallecer, mientras un suspiro permanezca en mí, manteniéndome como centinela en mis trincheras…

Lo he dado todo, entregando mi ser sin reservarme nada. Lo he hecho por Amor y lo volvería a hacer, rechazando siempre con determinación no caer en cálculos previos de conveniencia, por lo general siempre teñidos de mezquindad…

No me arrodillé nunca ante el falso altar del dinero, el poder, la figuración, la hipocresía, las apariencias, la vanidad, la indiferencia, ni el de las ambiciones sin destino…, como tampoco le he rendido culto “al qué dirán o a los falsos profetas del engaño”.

Para mí las carencias y el sufrimiento de mis seres queridos han estado siempre en primer lugar, como también el dolor de mis semejantes víctimas de atropellos insensatos que nunca me serán ajenos, porque mi alma los sufre como si me castigaran a mí…

Me abracé a la pasión de amar, y recibí la sublime ventura de ser amado: “¿qué más puedo esperar”?... y hoy “a esta altura de mi vida”, siento el gozo inefable de poder continuar mi caminar transpirando la existencia, al enfrentar en cada amanecer desafíos nuevos en pos de horizontes con resplandores poblados de esperanzas, en aras de merecerme paso a paso aproximándome, al destino de mis sueños…

Siempre orientaré mis pasos detrás de modelo del Faro Redentor de Dios que nunca dejará de iluminarnos, y la ejemplar existencia de mi padre, que siempre llenó su alma con los chisperíos que explotaban de la fragua inextinguible del Amor, a la que en forma permanente les agregaré leños secos a ambos resplandores que me son imprescindibles, para que jamás se apaguen esos focos iridiscentes, de modo que por aferrarme a ellos tenga un verdadero sentido mi existencia.

He procurado siempre que mi transcurrir sea como un mero portador misionero de un resplandor que no es mío pero que, como “peregrino y soñador” le pueda ofrecer a mis seres queridos y al resto de mis semejantes, señales luminosas para que nunca claudiquen en derivas sin destino o se hundan en abismos sin retorno…

“A esta altura de mi vida”, y durante toda mi existencia he hecho lo posible, incluso sin saberlo, por vivir prendido al don de la FE, (aunque esto pueda sorprenderte padre mío que ya has partido, cuando perturbado a partir de tu inmenso dolor) desde niño me inculcaste otro rumbo apartándome de la fe, y yo prendido a LA CAUSALIDAD que ha guiado premonitoriamente mis pasos, he podido, pasados los años, despejar las sombras y comprobar que los axiomas de mi alma me han permitido vivir (más allá de mis defectos y omisiones), en estrecha simbiosis y Comunión con el Señor, hacia quien pretendo orientar, si es que la conquisto, mi salvación…

Nunca pretendí dar consejos de nada a nadie, salvo las orientaciones a los seres queridos que vienen a la vida y pueden necesitar de las experiencias adquiridas. Tampoco pretendí nunca dictar magisterios que no me atribuyo, pero sí, dejar rastros de mis aportes y testimonios, de mis entregas en el accionar inclaudicable que me he propuesto, en aras de no pasar en vano por esta vida…

Yo ansío, no lo puedo negar, que no me envuelvan los olvidos, y si a mi alcance está, deseo establecer enlaces generacionales que me mantengan vivo en la vida de quienes me honren deteniéndose en mí un poco más allá de mi vida, en base a los actos de mi cotidiano vivir, en mis libros y en mis registros escritos, en mis encuentros tertulianos, en mis “Misceláneas del Alma” y en otros aportes culturales.

Sería para mí, ya en el más allá en el inevitable después, el apetecible resultado de la siembra que siempre he regado, con “sangre, sudor y lágrimas”.

Yo no espero nada más. Lo he tenido todo y hasta demás. Mi conciencia está razonablemente tranquila, aunque nunca pude hacer alianzas con los conformismos…

Más allá de saber que lo mejor de mí, lo puedo alcanzar recién mañana, es que, “a esta altura de mi vida”, en esta existencia temporal y tan efímera, seguiré aspirando a que mis sueños no se interrumpan, mientras no me reclamen desde otra dimensión llegado el último suspiro, y entonces sí pueda acceder al destino donde ya no serán necesarias nunca más las esperanzas…

Pero como no tengo ningún interés en abandonar este maravilla de la vida”, ni razón alguna para que alguien crea que me estoy despidiendo, a ellos y a todos les aseguro, que si la parca resuelve venir a buscarme y sólo de mí pudiera depender evitarlo, le haré esquives, regateos como de niño y en mi juventud lo hacía con las globas (primero la de trapo, más tarde con la de cuero) y como lo intentaba cuando no podían conmigo y me daban fuerte para detenerme, pero cuanto más me daban, yo más quería, siempre guapeando, sin arrugarme jamás…

También aprovecharé cada instante para tomar distancia de las quejas que no conducen a nada, para querer más a quienes no he querido lo suficiente.

Prefiero soñar mucho y dormir menos; dar cuanto todavía no he dado; confesar “los te quiero que a borbollones palpitan en mi alma”, saltar la cuerda, andar en bicicleta, tirarme al suelo y jugar con mis nietitos queridos y reírme de mí, como si fuera un noble payaso para hacer felices a quienes me rodean.

Prefiero no confundirme en cuanto a subir repechos o remar mar adentro, sabiendo que la dicha está en intentarlo, siempre, sin dejar nada para un mañana, ante el riesgo que pueda convertirse en nunca…

No somos entes, títeres, muñecos sin alma, como otros pretenden considerarnos, subestimándonos, manipulando nuestro vivir…

Siempre he procurado mantener al niño que llevo adentro y capitalizar esa empatía que he tenido con ellos, porque en mi interior, pretendo mantenerme como un ser que no envejece, aunque por fuera no pueda ocultar las cicatrices que me va dejando el vivir, convencido de que las que perduran y más duelen, son las que no se ven, las heridas del alma…

Aprendí mucho en las diferentes bibliotecas repletas de diversidad conceptual, con las cuales he procurado levantar vuelo como lo hacen los pájaros siempre gozando de la libertad, porque siempre supe y defendí incluso arriesgando seguridades materiales y poniendo en riesgo mi propia vida, que sin libertad no es posible siquiera aproximarse a la dignidad, de la misma forma que dejar de amar es empezar a morir, y yo sin Libertad y sin Amor, axiomas imprescindibles como lo es el aire que respiro, no puedo ni quiero vivir…

En mis amaneceres, siempre, siempre, están dispuestas mis ganas y mi fervor latente para ir al frente sobre el ring donde se pelea en el buen sentido la vida.

He recibido muchos golpes, pero no han podido conmigo, y si alguna vez tropecé por algún paso equivocado, me levanté y reinicié mi caminar, y tuve tiempo y generosidad, para ofrecer mi mano a más de un semejante en dificultades, para ponerlo en marcha como debe ser, sin que ello significara mérito alguno, sino el simple cumplimiento de un deber humanitario…

Y en cuanto a mis silencios, los mantengo si son dignos, pero los rechazo y me expreso, en las circunstancias donde están en juego mis seres queridos, las generaciones donde ya forman parte nuestros hijos y nietos, y también, cuando se hiere la dignidad de nuestros semejantes, estafándoles su realización y los resplandores de su mañana…, razones por las cuales me enfrento a mordazas y a todo absolutismo dictatorial que le niegue dignidad a nuestra especie…

En fin, por buscarle un cierre a este aporte, y sin jamás pretender que está todo dicho, “a esta altura de mi vida”, solamente me queda devolver algo de lo que tanto más recibí y atesoré, porque insisto, lo he tenido todo, he amado y me han amado y mis intentos se orientan a alcanzar la cúspide, el culmen de la Gloria en la Eternidad, que a nadie le es regalada, porque hay que conquistarla…, para tener la legitimidad de poder abrir ese venturoso portal hacia el destino por que jamás dejaré de soñar…