Opinión

Dalmacio Negro: en el tiempo de la reclamación de los derechos infinitos

TRIBUNA

Pedro Gago | Viernes 28 de marzo de 2025

La fuerza didáctica que posee la obra de Dalmacio Negro se debe a que no sólo transmite un conocimiento muy útil que a cualquier lector y estudioso, sino que, además, le servirá para poner una barrera a las siniestras ideologías y a sus dementores intelectuales –los intelectuales orgánicos (Gramsci) y poder tener una percepción clara y objetiva de las estructuras sociales y políticas. En la época histórica actual, se vislumbra “el vacío espiritual existente” (H. Jonas), ni tampoco entender “el espíritu de la época próxima” (D. Negro). Entre otras razones por la voluntad de deshistorificar al hombre, convertido en un ser ahistórico, después de querer hacer de la Historia un apartado de la ideología.

Dalmacio Negro procederá al análisis filosófico y político a partir de un encuentro constante con el pasado, intentando llegar a la verdad histórica. Su finalidad sería descubrir las conexiones con la realidad, de la que en gran medida es una consecuencia existencial. En sus numerosos estudios de pensamiento no se limitará a hacer un statu quaestionis o una elaborada descripción de las realidades, sino a buscar el sentido de las configuraciones, estructuras y sistemas políticos, con especial atención al Estado, a la naturaleza y al ejercicio del poder político, buscando sus derivaciones. Es decir, el enfrentamiento con el enemigo, las alianzas con los amigos y la relación con los adversarios. Conseguirá hacer una ordenada composición intelectual, conjugando los más influyentes pensadores y las más decisivas manifestaciones humanas, políticas, sociales y técnicas. Con los cuales abrirá una vía segura para comprender el espíritu social dominante; esto es, con el espíritu de la época que entronca con el espíritu del tiempo, sin dejarse arrastrar por la palabrería o el sistema de palabras (Goethe), vacías de sentido profundo y ausencia de conceptos, cuyo fin consiste en ocultar la realidad a las sociedades de masas estatizadas que no pueden vivir sin el alimento de los demagogos. El pensamiento dalmaciano posee la solidez de quien conoce profundamente cómo se han gestado las ideas de los pensadores, sus peculiaridades, sean plisadas o despegadas, sumergidas o emergentes, entrelazándolos para descubrir los procesos contingentes, demostrando cómo se han incorporado en las estructuras y, en particular, para conseguir determinar el hálito vital de la época, dentro de un sistema de formas que es la civilización.

El voluntarismo intelectualista ignora la procedencia de su propia imaginación, siendo un reproductor de las consignas ideológicas, con el fin de cancelar la verdad y por lo mismo, la realidad. Dalmacio Negro, en pos de la veritas, relacionará en lo posible las ciencias del espíritu, las ciencias de la naturaleza y la tecnología, dentro de una estructura jurídica, económica, social, etc., partir de un proceso de constantes probaturas, con la correspondiente recogida de fragmentos importantes –las cualitativas, que son las que caracterizan las épocas- y que ensamblará sin distorsiones, ni falsos engalanamientos que impedirían mostrar objetivamente la realidad.

La conceptualización teórica dalmaciana no estará invariablemente marcada por la ciencia o por la razón histórica, en el sentido de que sólo debe validarse por la prueba empírica, en una época de crisis de la razón objetiva. Entendía que el historiador o el estudioso no podía limitarse a presentar los hechos, por lo que habría de acudir a la reflexión filosófica y las fuerzas espirituales, dado que el hombre no solo es un ser orgánico destinado a ser estudiado como materia biológica, ya que la libertad humana le permite liberarse de las leyes naturales, aunque desde hace años se ha entrado en un despotismo burocrático, con el cual “todo está prohibido salvo lo expresamente permitido” (D. Negro). Motivo por el que también estimó imprescindible acudir al pensamiento religioso –incluyendo la teología política, aparecida modernamente con Hobbes, que llegó a subordinar a la teología jurídica y a la metafísica-, sin el cual no sería posible dar una acertada dimensión de la actividad política y de las ideologías como religiones seculares (R. Aron).

Dalmacio Negro sostenía que las fuerzas principales del movimiento histórico no estaban en las masas sino en las oligarquías, depositarias reales del poder, sin excluir la relevancia de las incontables actividades sociales, miméticas, formales y creativas, Por esta razón, para esclarecer las condiciones de su tiempo, el estudioso estará obligado a descubrir los intereses y pretensiones de las oligarquías, sin despreciar los movimientos, de mayor o menor repercusión, las tendencias históricas o fuerzas vitales (von Ranke), que se producen en el interior de los Estados y en la relación de estos entre sí, intentando vincular las tantas veces caóticas realidades sociales. Las oligarquías actuales suelen apoyarse en un sistema cuyas estructuras desenraizan al individuo del hogar común y le despegan o le enfrentan a lo que antes eran sus amparos más vitales, además de alejarle de la realidad. La consecuencia más visible es la grave disminución de la libertad y despersonalización de las relaciones sociales en el conjunto social. Concretamente, a cambio de la cooperación, la sospecha; en lugar de la ayuda mutua, el enfrentamiento.

Dalmacio Negro dio pruebas suficientes de que el Estado, –deus mortalis-, como forma política artificial y tecnicidad institucionalizada, se había vuelto muy perjudicial para el pueblo, que se fundamenta en la amistad civil, al que posiblemente ha neutralizado definitivamente - ¿acaso habrá alguien tan ingenuo que crea que el principio salus populi suprema lex tiene la más mínima aproximación a lo real?- Expondrá con suficiente fundamento que en las transformaciones del Estado, el pueblo primero se convertirá en sociedad, para con el transcurso del tiempo se fuera estatalizando hasta ser absorbido por una institucionalización salvaje o más suave (Tocqueville). En el proceso de imposición estatista se llevará a cabo la actividad impolítica, por causa de la politización total –totalitarismo o democratismo de la gobernanza-, debido a lo cual el hombre sería un aparente beneficiario al otorgarle todos los derechos, que son una transformación de las libertades, como propiedad de las personas. “Derechos que conllevan paradójicamente la negación del Derecho (D. Negro), al tiempo que se le estimulará a rechazar los deberes morales colectivos e imponer los deberes que imponga la legislación creadas por los procedimientos del artificialismo normativista, que genera “inseguridad y suscita incertidumbre” (D. Negro), entre otros efectos negativos.