Opinión

Nonú revisitado

TRIBUNA

Luis Bravo | Domingo 30 de marzo de 2025

En uno de los últimos poemas de su primer libro, se condensaba la idea, o se desembocaba en ella, más bien, de que el conocimiento del mundo no es lo mismo que conocer los nombres que hacen existir a las cosas y a los seres que lo habitan. Es la inquietud que ha movido toda su poesía. Con el fundamento de los nombres ha moldeado un territorio mítico, único, un poco familiar también para los que hemos sido —somos— asiduos a sus libros, que son hasta la fecha únicamente tres, pero han ido consiguiendo una especial y merecida atención. Tener la oportunidad de regresar después de que en los anteriores sólo apareciera esporádicamente, fue la razón de peso para que la poeta Laura Ramos se entregase definitivamente al despliegue de esa tierra colindante con el mar, instigadora de fantasías.

‘Toda la costa suroeste está blindada por una hilera de naranjos./ Nosotros solíamos acercarnos en las tardes de calor y recostar nuestros cuerpos a la sombra y cantar/ algún rezo pagano que habías aprendido/ quién sabe dónde./ Mi favorito era aquel de los niños alados/ custodiando una cama, me recordaba a la historia/ de Hipónade, mamá me hablaba de Hipónade antes de dormir./ ¿Puedes contarme la historia?/ Jugamos al trueque verbal: yo te prometía/ una historia y tú/ me prometías un rezo’, dice en uno de los primeros poemas que componen el poema- nouvelle “Igual que él yo era una negociadora de la noche”, la parte más exponencial de Nonú, cuya sola denominación referencia algo diminuto, fascinaciones que no han podido apagarse, pequeñas combustiones desde hace siglos ocultas y poco a poco exploradas por los versos de Ramos.

Con este libro, asistimos a la metáfora mejor urdida y mantenida de la Asturias natal de la autora, pero sin que la intención suponga una predecible loa a lo comunitario de índole partidista o nacionalista de lo regional, nada de eso; Nonú es la personalización del poderoso alcance del folclore unido a ese otro alcance que nos llega mucho antes, cuando somos niños, y que sucede en el sencillo momento en que nos transmiten una historia y queda enraizada y demanda saber más y más. Estos poemas existen por ofrenda a la imaginación. Existe el desconocimiento, también, pero dentro de él, la pregunta de si las palabras —y por tanto los lugares, los seres, su fauna y flora— son las cosas, si hay un fallo en la traducción del verbo al mundo. ‘El vacío. Y el vacío es el deseo. Y el deseo desemboca en el vacío, como un pez que corona el arrecife’. Presentada la cuestión, prosigue la narración trágica del primer poema hacia el segundo, “La verdadera estoria de la niña de goma”, más naif, más parlanchina y prestada a intercambiar con los clásicos personajes de cuento —un gnomo, una bruja— algo de ese cobijo que representan las leyendas y sus encantos.

Laura Ramos ha querido quedarse un poco más allí donde lo visto parece pintado, ya que en Nonú, aparte de la mención a través de las citas literarias, con nombres poderosos como Anne Carson —indiscutible sustento de su poesía—, Guillermo Carnero, Georg Trakl, hasta particulares como Ángela de Foligno o la letra de una muy famosa canción de Rigoberta Bandini, lo visto, decía, recibe un atractivo reforzado por las pinturas de Leonora Carrington, Isabel Quintanilla y Clara Peeters. Ellas hacen de lo pictórico en Nonú como un aire apresado. Junto a Ramos, nos dejan en silencio y expectantes, sin oportunidad de preguntar por qué nos están contando esa aventura, pero en cambio con el ruego y las ganas de que nos cuenten otra más. Felizmente, uno se percata. De Nonú es imposible marcharse.