Opinión

Galicia y las malas lenguas

Olga González Alonso | Sábado 29 de noviembre de 2008
Estupefactas nos hemos quedado las mujeres de Galicia esta semana al enterarnos de que somos, sin saberlo, víctimas de una nueva forma de violencia de género que consiste en que nos vemos obligadas a hablar en castellano por imposición machista. Toda la vida hablando en los dos idiomas oficiales de esta Comunidad y convencida de que uno lo utilizaba cuando me apetecía y el otro cuando me daba la gana y ahora resulta que no, que lo de expresarme en la lengua que habla toda España deriva de un maltrato. Una terrible realidad que hemos descubierto gracias a una campaña de la Universidad de A Coruña y del Ayuntamiento de la misma ciudad, apoyada (aunque ahora lo desmiente) por la Diputación provincial coruñesa que, aprovechando la conmemoración del Día de la No-violencia contra las mujeres, han confundido la velocidad con el tocino, se han pasado unos cuantos pueblos y han sentenciado que la utilización del castellano por la mujer es una forma de violencia sexista, hay que ser brutos.

Lo que confirma que en Galicia hay dos lenguas buenas –el gallego y el castellano- y unas cuantas malas lenguas, las de quienes no saben ya cómo escupir la rabia que les produce no ser capaces de imponer sus criterios y no dudan en inventar monstruosidades con las que perseguir a los gallegos para convencerlos de que el gallego está perseguido. Desde que aquí gobiernan los nacionalistas, con todo el permiso de sus socios del PSOE, el idioma autóctono ha entrado en la vía de la imposición. Pero está claro que algunos aspiran al totalitarismo absoluto y, en su empeño, no dudan en acudir a la violencia verbal en el mismo acto en el que condenan otro tipo de violencia.

Equiparar el uso de un idioma a un acto de maltrato contra la mujer no es sólo una más de las estupideces a las que nos tienen acostumbrados estos absolutistas lingüísticos; es una burla patrocinada institucionalmente para las cada vez más numerosas –a pesar de lo mucho que aseguran Zapatero y, aquí, Quintana, que hacen para evitarlo- víctimas de una de las lacras de nuestra sociedad. Y es, también, una agresión escandalosa contra muchas mujeres a las que, con un panfleto y un lema de mal gusto, colocan en los más bajos niveles de la ignorancia y la debilidad por el hecho de elegir un idioma sin darse cuenta, según ellos, de que esa elección no es tal, sino una obligación impuesta por esta sociedad machista en la que, dicen, si eres mujer y además hablas gallego no llegas a ningún sitio.

El siguiente paso, supongo, será hacernos sentir culpables por no haber denunciado tan deplorable acto de violencia. Por si llegamos a ese punto, quede claro desde ya que no me siento en absoluto víctima de nada cuando me da por hablar en castellano. Y que pienso seguir alternándolo, sin sentimiento alguno de culpabilidad, con el gallego cuando me plazca, con el catalán cuando tenga oportunidad y con el inglés cuando consiga aprenderlo lo suficiente. Digan lo que digan esas malas lenguas que están tan decididas a extender su incultura en Galicia.

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