Cultura

La poética musical de Javier Centeno: Canciones del alba

RESEÑA

Javier Mateo Hidalgo | Lunes 31 de marzo de 2025

Tiene la música española actual auténticos garantes de la tradición y de la pervivencia pura de su lenguaje. Uno de ellos es sin duda Javier Centeno Martín (1973), que conoce a la perfección los signos que dan sentido a la partitura y los combina y moldea de forma excepcional en sus composiciones. Conocedor del secreto sonoro, nos propone piezas delicadas que nos conmueven y transportan más allá del presente hacia lugares difíciles de describir con palabras. He aquí el sentido de la música: tocar el alma humana, penetrar en el interior de cada uno de nosotros y movernos hacia su misterio.

Canciones del alba es un ejemplo perfecto de lo expuesto. Un álbum donde podemos escuchar algunas de las piezas para canto y piano más interesantes del músico. Cada una de ellas queda grabada en el oyente y le acompaña de algún modo en su futuro. Forman ya parte de su cúmulo de experiencias, merecen pervivir dentro de su naturaleza sensible. Su magia la hace posible la pianista Irene Alfageme y el barítono Raúl Baglietto, que consiguen hacer una puesta en escena memorable de las mismas. La primera, con su personalidad sutil y siempre respetuosa hacia lo interpretado; el segundo a través de su voz profunda y cálida. Juntos transmiten de forma ejemplar el mensaje de Centeno.

Como expresa Raquel Aller Tomillo en el texto incluido en el CD, el universo de este autor se erige en el melómano como un auténtico remanso de “honestidad y sutileza”. Una “música vinculada con el lenguaje tradicional, más comprensible para una mayoría de oyentes a los cuales las músicas más experimentales les resultan en exceso ajenas”. El compositor conoce las fuentes fundamentales del lenguaje armónico y melódico que reconcilia al oyente con la escucha y le deleita, tal vez porque su formación le ha llevado a ser un auténtico humanista y, por tanto, renacentista. Y es que Centeno, además de compositor, es cantante, pianista, pedagogo, investigador, director de coro y profesor. Sus conocimientos sobrevuelan disciplinas y enriquecen un trabajo artístico que no entiende de geografías ni de épocas. Ese respeto por los tiempos previos que nos han llevado hasta la cultura actual queda expuesto en los textos que inspiran las canciones de este disco, a través de los cuales cinco siglos nos contemplan.

El álbum supone un viaje inverso en el tiempo iniciado con un conjunto de tres poemas que supondrán una sorpresa para buena parte del público melómano. Y es que este tridente de canciones surreales, titulado Canciones soñadas se inspiran en textos ideados por el barítono madrileño José Julián Frontal (1975) y que forman parte de su poemario Aprendiz de poeta. La rosa posee un aire delicado y enigmático gracias a sus acordes arpegiados. Los versos remiten al bello momento de una rosa abriéndose, asociando su misterio natural al del interior humano. Sueño adopta un carácter impresionista en la descripción de aquellos elementos de un paisaje idílico que parecen fundirse con los humanos. De nuevo, el alma humana y el entorno se fusionan en una especie de Anima mundi. Lo onírico juega igualmente un importante papel, subrayando el carácter evocador de la música, como si de un duermevela se tratase. La espera posee un cierto dramatismo sonoro, con el que se subraya la sensación angustiosa de la voz poética, que no soporta la espera para encontrarse con el ser amado.

El primer bloque de canciones se hermana con el segundo, pues el autor del texto único es también cantante como el anterior. Con Moriré de Madrid, el tenor canario Karim Farham (1968) representa un canto a la capital española, con sus luces y sombras. Mezcla de atracción y rechazo, de amor y de dramatismo, la partitura se inicia con un marcado carácter solemne para progresivamente adoptar un aire lírico, emulando la profundidad y pasión plena de contrastes presente en la voz narrativa.

El escritor burgalés Faustino —Tino— Barriuso (1948-2017) es el tercer autor escogido por el compositor para dar musicalidad a su voz poética. De él son los textos que dan forma al siguiente tríptico. Además de dar título al disco, Al alba supone un canto al amor y al miedo de su siempre posible pérdida, por lo que se torna en lamento o elegía melódica. El tono melancólico prosigue en Le jeune Werther; cuyo texto toma el verso inicial del famoso número de la ópera de Massenet —inspirada en la novela de Goethe—, convirtiéndose en el último del poema. Centeno rememora las notas de la mencionada obra, mientras el transcurso imparable del tiempo como tema fundamental —la efímera primavera vital— se traduce musicalmente. Una pieza que comunica de forma delicada y etérea la gravedad de su contenido. La dulzura llega con El niño que quería ser poema, donde las notas parecen emular ese viento que permite volar al protagonista del relato poético.

Llegamos a la segunda parte del disco, evidente por tomar como objeto de inspiración los textos de poetas clásicos de la tradición española. Sus cuatro primeros conjuntos pertenecen a autores del s. XX, comenzando por los dos iniciales, que tienen a Federico García Lorca (1898-1936) como protagonista. Tal vez se trate de uno de los poetas más citados por los compositores del Lied español, debido a su poderoso universo lírico. Centeno se inspira de forma exquisita en estos textos, en su mayoría breves, logrando obtener de ellos partituras complejas a pesar de su aparente sencillez. Textos de Federico García Lorca se compone de dos poemas. El primero, Cuatro hojillas, tiene su inspiración en una canción popular, tan del interés del granadino. Pertenece a su obra teatral Tragicomedia de don Cristóbal y la señá Rosita y, en ella, el aire vuelve a ser protagonista como mecedor de las hojas que penden de un árbol. El aire naíf se hace presente en la partitura, recordando el espíritu infantil del escritor del 27. Santiago, balada ingenua corresponde como poema a la etapa del paso de Lorca por Galicia y forma parte de Libro de poemas. La música se torna casi en nana en este canto donde un grupo de niños comentan, jugando en un prado, cómo el apóstol Santiago se convierte en peregrino celeste. En Melodía y texto de Federico García Lorca, Centeno pone melodía a dos poemas del andaluz. Canción de otoño en Castilla supone una nueva labor de recuperación oral por parte de Lorca —en este caso, una canción procedente de Burgos—, dándole una atmósfera que recuerda a la famosa tarara lorquiana. Nuevamente será el viento en su aire simbólico el elemento central empleado. En Duérmete, niñito mío, la canción se hace hermosamente dramática en una aparente simbiosis imposible: “Duérmete, niñito mío, / que tu madre no está en casa; / que se la llevó la Virgen / de compañera a su casa”.

Llegamos a Miguel Hernández con dos poemas: Llegó con tres heridas proviene de Cancionero y romancero de ausencias —ideado desde la celda de la posguerra e inacabado tras la muerte del poeta pastor—. Versionado en su momento por Joan Manuel Serrat, en este caso se aleja de toda influencia del cantautor para conformar una interpretación absolutamente intimista de los versos del de Orihuela. Canción primera procede de El hombre acecha y tiene como fondo las duras experiencias vividas durante la Guerra Civil. Por ello, nos transmite el poder destructor del ser humano, a pesar de la serenidad que caracteriza la presente adaptación musical. Algo bien positivo, pues el compositor logra un equilibrio, no redundando en el contenido dramático o trágico.

Miguel de Unamuno (1864-1936) también tiene su presencia en esta grabación a través de uno de sus poemas más célebres: El Cristo de Velázquez. El contenido místico de la pieza poética se convierte, adoptando forma de interrogante, en reflexión y contemplación a través de la música, gracias a Centeno.

Las tres últimas canciones del disco toman como referencia a Teresa de Jesús (1515-1582). El músico transmite en ellos un ambiente de recogimiento dulce, tocando lo amoroso. La primera, Dulce Jesús bueno, procede de una copla que hizo a la santa entrar en éxtasis. Dicha pieza, que ya fue musicalizada por Felipe Pedrell, retorna hasta la época actual en esta interpretación plácida de la misma. Sea mi gozo en el llanto toma parte del poema En la profesión de Isabel de los Ángeles evocando aires renacentistas. Del mismo modo Hermana, porque veléis, donde esa ambientación arcaica nos lleva a la quietud del retiro espiritual, a las obligaciones religiosas.

En palabras de Centeno, cada uno de estos textos “logran que la música vuele sin límites”. Pero también el propio compositor consigue que la poética escrita se convierta en milagro musical, pareciendo una vez oída que fue ideada para esta sonoridad. He aquí el buen oficio de este magnífico creador.