Opinión

De la estupidez y el peligro

TRIBUNA

Fernando Muñoz | Lunes 31 de marzo de 2025

¿Ignorancia o mala fe? seguramente ignorancia y mala fe. Sin ningún reparo se exige del acusado que demuestre su inocencia, como hace siglos recaerá sobre el acusado la carga de la prueba. Pueden ya desatarse todas las acusaciones y acondicionarse los patíbulos. Cuando la acusación alcanza, además, al conjunto del género masculino dispongámonos a una masiva emasculación.

En realidad, la vociferante resulta ridícula, pero como ostenta no sé que cargo, al parecer de alguna importancia, hemos de atender sus estridencias. Yo acuso a la señora de voz en grito de responsable estupidez en todos los dialectos del suelo patrio y estoy convencido de que tendrá serias dificultades para demostrar su inocencia. Como primer consejo su abogado debiera pedirle que cierre la boca.

Pero dejemos a María Jesús que sigue encerrada en su batallita de fidelización del voto menos valioso. Es poca cosa ante la situación especial en que se encuentra Europa. Sería posible que el rearme – o como se diga en la neolengua gubernamental – se dirija contra occidente y no contra oriente. Al fin y al cabo, Dinamarca es miembro de la misma OTAN que los EE. UU amenazó con abandonar. Parece que, mientras se nos señala a Moscú, podríamos encontrarnos con un frente al oeste, si Groenlandia está cubierta por la alianza de seguridad de la OTAN y si es que EE.UU es, por un vuelco inesperado, su más entrañable enemigo. Europa toda ocupa hoy una indeseable posición central y extremadamente frágil.

En este mapa enrarecido el ilusionista del nada por aquí y nada por allá, nos dice que ya veremos, pero asegura en Europa que este verano ya estaremos dedicando el 2% del PIB a la defensa, sin que sepamos si hemos de protegernos al este o al oeste. En nuestro caso, no parece tampoco que al sur podamos dormir tranquilos. Espléndido panorama. Supongo que la ministra de hacienda prefiere acordarse de Alves antes que de los compromisos que el Sr. del rictus contraído va asumiendo con sus socios. Como estos son de condición parecida, no creo que se dejen engañar fácilmente. Es más fácil el timo en casa.

La atmósfera doméstica viene siendo irrespirable de largo tiempo atrás. Cuando esto coincide con una situación internacional como la actual no podemos permitirnos pronósticos tranquilizadores. Si añadimos la condición de nuestros gobernantes no debiéramos albergar ninguna esperanza. En circunstancias como éstas sólo podemos apelar a una fe en lo increíble o a la esperanza en lo inesperable, nada más puede aportar consuelo.

Es cierto que siempre podemos acudir al humor que, si no consuela, al menos atempera la desolación de nuestro tiempo. Ocasión para la risa, aunque sardónica, nos ofrece a diario la patulea gobernante. Ahora nos recomiendan un kit salvífico para las 72 horas posteriores a la catástrofe. Han conseguido subir un poco más el precio de las baterías e incrementar el temor de los idiotas.

Por mi parte creo que sólo la comunión puede salvarnos más allá en cualquier tiempo y que cada cual entienda esa comunión como le parezca. Desde luego, la consolidación de una unión real entre lo que quede de los pueblos de Europa daría aliento a la esperanza, pero lo que quede de Europa – si algo queda de Europa – también nos llevaría a escuchar en el término “comunión” su dimensión sacramental. Es ése el fundamento sobre el que se erigió la vieja Europa. Me temo que en la tan postindustrial y postmoderna Europa, tan posterior a sí misma, ya no sabemos a quién rezar. No sé si está en nuestra mano recuperar ese viejo gesto. Entenderemos en algún agónico momento que esa ausencia ha sido la raíz real de nuestros últimos problemas.