Han pasado las 72 horas recomendadas y aquí no ha venido nadie. Me he comido las tres latas de atún en aceite de oliva, y aquí no aparece nadie. Me he bebido los cinco litros de agua y sigo esperando a que alguien llame a mi puerta para rescatarme. Las velas continúan encendidas, aunque las llamas parpadean en sus últimas voluntades. Del kit de supervivencia me queda la navaja suiza, el transistor, seis metros de cuerda y algunas cerillas. Sigo esperando.
Desconozco quién vendrá a por mí y cómo me sacarán de este claustro. Me preocupa saber que Albares, uno de esos ministros que “ni fu ni fa”, haya manifestado que no conviene inquietar, pues nadie se prepara para una guerra. A lo mejor me he precipitado en exceso con esto de la supervivencia, pero es que en España nunca pasa nada y si pasa, pues, “pio, pio, que yo no he sido” y claro, te quedas para siempre con un daño emergente difícil de superar y además escondido como Ana Frank.
Para mí que la UE se ha columpiado con este performance circense, que nada tiene que ver con mis admirados profesionales del mundo del circo. Europa está en el climaterio de la tontería y de esa factoría nos llegan los ataques de migraña porque la guerra, en sentido figurado, no se puede guardar en un kit de supervivencia para 72 horas. Una guerra con Putin o una invasión de pájaros al estilo Alfred Hitchcock nos resultaría difícil de digerir, no por vaciar la despensa comiéndote hasta las uñas, sino porque la condición humana es incapaz de desprenderse de la necedad que atesora.
Lo que suenan no son tambores de guerra, más bien tambores de derrota. Y aquí me tienen, a dos velas venidas a menos, cuya luz alumbra con la timidez propia de lo inseguro, más no por ello me impide escribir el presente artículo, consciente de mi habitual cita semanal. Debo decir que este país está lleno de miércoles, pues en España el transcurrir del tiempo es diferente al del resto del mundo; tal vez por estar gobernados por perdularios diosecillos que despilfarran hasta los días sobrantes del calendario. Y digo esto no por establecer comparación alguna entre las debilidades del alma humana y los caprichos de la clase política, pero es que dentro de una despensa como la mía, escribiendo al vaivén de las sombras con olor a cera, uno se convierte en testigo de la estupidez humana esperando la llegada de alguien que no va a venir por mucho kit de 72 horas que me haya proporcionado.
Mucho me temo que al transcurrir de las horas mi cerebro deje de escribir y comience a hacerlo con el estómago, pero es lo que tiene confiar en los inventores de una alarma haciéndonos creer que el papel higiénico sirve para algo más que para cuidar los destellos del área inhóspita de cada cual; por no mencionar el juego de cartas para entretenerse, las gafas de sol, la cinta americana resistente para reparaciones urgentes, sin olvidar el famoso paracetamol que igual sirve para un resfriado como para una herida por asta de toro, con dos trayectorias.
Mi temor no es otro que el haber interpretado mal el mensaje de la Unión Europea, máxime cuando llamo a la Moncloa haciéndoles partícipes de mi situación y nadie sabe decirme cómo debo actuar. Todo el mundo me remite al kit y claro, me estoy comiendo hasta los polvorones sobrantes de las últimas navidades. Fíjense ustedes por dónde que esto me recuerda a la pandemia y su problemático confinamiento.
Desconozco si la narrativa del miedo forma parte de una presunta o real catástrofe climática, una nueva pandemia o un ataque bélico de gama alta, pero en lo que un servidor demanda es que alguien me atienda una vez transcurridas las 72 horas de validez del kit. ¿Y ahora qué? Yo he cumplido con lo de resistir los tres primeros días según las instrucciones dadas por la señora Hadja Lahbib, comisaria europea de Preparación y Gestión de Crisis e Igualdad, que se supone que es la encargada de ir casa por casa para rescatarnos a partir del cuarto día de reclusión casera. Pues nada. Aquí sigo sin atreverme a salir a la calle por si acaso. Basta con que uno salga para que vengan cuando yo no esté.
Un sinvivir.