Opinión

Demócrito y José Manuel Lomas

TRIBUNA

Martín-Miguel Rubio Esteban | Viernes 04 de abril de 2025

Cuando el anciano manchego Don José Manuel Lomas mató al delincuente relapso que estaba poniendo en peligro su vida y su hacienda en el asalto criminal de su casa, el Sr. Lomas estaba siguiendo una ética clásica, particularmente muy bien representada en la figura del gran filósofo Demócrito de Abdera. Curiosamente Demócrito pertenece a los pocos grandes filósofos del Mundo Antiguo que, como su paisano Protágoras, defendía la Democracia y el orden de la pólis democrática. Recordemos que los filósofos más conocidos, como Platón y Aristóteles la despreciaban.

Demócrito sostenía que los intereses intrínsecos del individuo dictaban un comportamiento acorde con el orden social. En una notable serie de fragmentos de la colección de citas democriteas del macedón Estobeo ( s. V-VI d. C ), muestra que la continua reflexión sobre los propios intereses exigida por la doctrina atomista del bienestar, era en sí misma esencial para la capacidad del orden social de reflejar genuinamente los intereses humanos. Ciertos rasgos básicos de la condición del hombre, como un hombre entre otros, permanecen constantes. Reafirmar la existencia de estos rasgos y su importancia constituye una contribución al esfuerzo constante del hombre por hacer más útil y beneficioso el mundo que habita. Los fragmentos relevantes con el caso Lomas son los siguientes:

«Con respecto a las criaturas animadas, la regla sobre matar y no matar en casos concretos es la siguiente: quien mata a un malhechor o a alguien que pretende hacer el mal está exento de castigo, y hacerlo contribuye al bienestar en lugar de no hacerlo».

«Es necesario matar a todos aquellos que dañan contrariamente al derecho (parà dikên), en todos los sentidos. Y quien haga esto tendrá mayor cuota de dikê y seguridad («fundamentos de confianza», tharsós) en todo orden social (kósmos)».

«Quien mate a un salteador de caminos o a un pirata quedará exento de pena, tanto si lo mata por su propia mano como si lo hace dando una orden o por votación». «Es necesario vengar a los que han sufrido agravios, en la medida del propio poder, y no descuidar esto. Hacer esto es justo y bueno; no hacerlo es injusto y malo». «Aquellos que hacen algo digno de destierro o prisión, o que merecen castigo, deben ser condenados por votación y no absueltos. Quien quiera absolver violando el derecho consuetudinario, decidiendo sobre la base de la ganancia o el placer, hace mal, y dolerá necesariamente en su corazón». Estos fragmentos se han interpretado como parte de un relato de la organización gradual del hombre en agrupaciones sociales con el fin de protegerse de las fieras. Si se comparan estas observaciones con otros relatos antiguos sobre el desarrollo social del hombre, se puede ver que Demócrito consideraba la habilidad política como compendio de la justicia y la habilidad bélica: para defenderse de otras especies, los hombres tenían que preservar su propia unidad imponiendo relaciones pacíficas entre los miembros del grupo. Presumiblemente, el respeto (aidôs) y la justicia (dikê) impiden que los hombres maten a otros que no han hecho nada malo y les exigen castigar a cualquiera que desafíe dichas restricciones y cometa un asesinato no provocado. Una fuente epicúrea tardía (Hermarco) afirma explícitamente que las prohibiciones contra el homicidio dentro del grupo social y la ausencia de prohibiciones contra la matanza de animales estaban motivadas por el deseo de garantizar la seguridad. Hermarco ofrece una etiología de las prácticas actuales que traza una línea clara entre las relaciones sociales dentro del grupo y el trato a los forasteros hostiles (otros hombres, así como animales). La interpretación de los fragmentos de Demócrito nos lleva a la conclusión de que este filósofo vio el origen de la actitud de la sociedad hacia los criminales en la temprana lucha del hombre por la supervivencia contra otras especies.

Demócrito sostenía que los hombres deben matar tanto a los enemigos humanos como a los no humanos; la seguridad del hombre -no como especie, sino simplemente como ser- depende de que se proteja contra animales mortales, humanos o no. El estribillo constante en estos fragmentos es que cualquier criatura, hombre o bestia, que haga el mal o tienda a hacerlo puede y debe ser asesinada. Así pues, dikê no es una característica exclusiva de las relaciones dentro de la pólis, sino que rige las relaciones entre el hombre individual y todas las demás criaturas: es necesario matar a cualquier ser que haga daño, violando la justicia. Lesionar violando la justicia es dañar a una criatura que no ha hecho ningún daño ni tiene intención de hacerlo. Aunque el énfasis en estos fragmentos que nos trae Estobeo está en la necesidad de matar para prevenir tal daño ( cualquier criatura que «pretenda» el mal debe ser castigada ) y para vengar la injusticia, ésta se debe precisamente a que se asume que matar a otras criaturas es incorrecto o "malo", y arriesgado. Considérese el énfasis del dictamen de Demócrito: quien mata a un malhechor no debe ser castigado; su acción promueve el bienestar en lugar de lo contrario; quien lo haga mejorará su posición dentro de la comunidad; no debe ignorarse la necesidad de hacerlo. Y en otro fragmento Demócrito declara que "la justicia es hacer lo necesario, la injusticia es no hacer lo necesario, sino desviarse". A lo largo de todos los textos queda implícito que los hombres temen realizar tal acto, quizás por temor a la contaminación, el castigo divino o la venganza. Demócrito argumenta que uno debe superar los reparos personales y matar a animales y hombres amenazantes incluso cuando, como ocurre a menudo en la sociedad política, la propia seguridad no está directamente amenazada. Los fragmentos no se centran en la cuestión de la autodefensa per se, sino más bien en las implicaciones y la necesidad de actuar para asegurar que el daño no provocado a los miembros de un orden social (desde dentro o desde fuera) sea prevenido o vengado. Cualquier hombre que mate a un malhechor tiene asegurado no sólo que escapará al castigo por el hecho ( y Demócrito también puede estar negando que tenga que temer la mancha de la contaminación o el desagrado divino ) sino que se beneficiará personalmente y será honrado por la comunidad. Por otro lado, para proteger a sus miembros, el orden social concibe medios de castigo institucionalizados y comunitarios, en lugar de confiar en la fuerza y la iniciativa de los hombres individuales.

Los salteadores de caminos y los piratas evidentemente se califican como hombres que cometen un mal o lo intentan contra la comunidad en su conjunto, aunque solo algunas personas se ven amenazadas directamente. Se puede decir plausiblemente que quienes matan a estas personas actúan en defensa propia en el sentido amplio, que informa todos los requisitos que deben cumplir los hombres para ayudar a hacer cumplir la prohibición de la violencia no provocada. Esto ilustra vívidamente el argumento más general de Demócrito de que todos los malhechores, y los potenciales malhechores, representan una amenaza para la comunidad en su conjunto.

La justicia, para Demócrito, no consiste simplemente en la aquiescencia a las leyes del país. La justicia es una virtud activa; como señala en un fragmento: «Justicia es hacer lo necesario, injusticia no hacer lo necesario, sino apartarse». Dos fragmentos afirman explícitamente que hay que vengar a los que han sufrido un agravio: hacerlo es justo y bueno. El abderita sostiene que este principio se aplica a los individuos de las sociedades que imponen castigos por ley, individuos que podrían estar tentados a no comprometerse en asegurar que el malhechor llegue de hecho a sufrir castigo. Cualquiera que, movido por el afán de lucro o placer, vote por la absolución de un hombre que ha hecho algo digno de castigo, obra mal, insiste Demócrito, «y esta voluntad necesariamente recaerá en su corazón». El ciudadano que elige ignorar la nómos o ley, que es su verdadera salvaguardia, se sentirá pesaroso. Este peso es a la vez una sanción y una motivación: es la sensación reflexiva de haber obrado mal, una señal de que uno ha socavado su propio bienestar, y una razón para no volver a hacerlo. Demócrito no reniega de la lex talionis, el principio de represalia. Al contrario: lo que es hacer mal es, o bien dañar a alguien que no tiene mala intención, o bien no vengar ese daño. Demócrito apela a la sensación de seguridad, confianza y bienestar del hombre en la sociedad para fundamentar su argumento de que todo hombre tiene un interés intrínseco en actuar con justicia tanto en sentido pasivo como activo. Si todo daño a aquellos que no quieren hacer daño debe ser evitado o castigado, entonces la administración cívica de este principio asegurará de hecho que se cumpla universal y consistentemente, contribuyendo así a la seguridad y bienestar de cada hombre. Como indican los fragmentos sobre el asesinato de los malhechores, en opinión de Demócrito es la autoconciencia la que asegura la virtud, y la virtud de los ciudadanos la que asegura la fuerza de la ley y las normas sociales, y no al revés. Las nómoi o leyes, observa Demócrito, «no impedirían a cada uno de nosotros vivir según las capacidades/recursos propios de él si no nos hiciéramos daño entre nosotros. La envidia maliciosa es el origen de las luchas entre facciones”. Esto no significa que las nómoi solo sirvan para evitar que los hombres se dañen entre sí, sino que interfieren en el autodesarrollo del hombre solo porque tiende a caer en la envidia. Demócrito evidentemente consideraba que tanto la nómos como la pólis contribuían al bienestar humano: «la nómos desea beneficiar la vida de los hombres. Y puede hacerlo cuando ellos mismos desean el bien. A quienes obedecen, la nómos revela su propia aretê o excelencia».