Opinión

No es Trump, es el imperio histórico y el Estado de naturaleza

WELTPOLITIK

Carlos Ramírez | Miércoles 09 de abril de 2025

Es muy conocida de la historia del alacrán y la rana. Un día, un alacrán tenía que cruzar un pequeño lago y le pidió a la rana que lo aceptara en su espalda y lo trasladará a la otra orilla. Desconfiada, la rana dijo que temía que la picara. El alacrán le razonó que no era posible porque los dos se podían hundir y morir. La rana aceptó el argumento y subió al alacrán a su espalda, Pero a la mitad del lago el alacrán picó a la rana y ésta, dijo antes de ahogarse. “¿Por qué lo hiciste? Ahora vamos a morir los dos”. El alacrán respondió: “es mi naturaleza”.

Esta historia nos explica a Donald Trump. Todos los movimientos para reconstruir el imperio no son de él, sino que pertenecen a la naturaleza del Estado americano. Estados Unidos nació al comienzo del siglo XVII con la fundación de las llamadas 13 Colonias como entidades que ocuparon una lengua territorial pegada al Atlántico desde la entrada a Florida hasta Maine al norte. Más o menos, ese espacio representaba dentro del territorio total hoy de EE UU aproximadamente el 10%.

A partir de las 13 Colonias, Estados Unidos se expandió territorialmente desde 1783 hasta la anexión de Hawái en 1898, comenzando con una superficie original de apenas 10% de lo que hoy es el gran territorio de América. Conquistó tierras, negoció cesiones españolas, compró Louisiana, fomentó la división en Texas y luego la absorbió, le arrebató la mitad del territorio a México y hasta compró tierra a Gran Bretaña.

La expansión territorial de Estados Unidos se hizo, en términos literales, a sangre y fuego y esa lucha creo el fundamento --es decir, un origen fundamentalista-- de que había que defender la tierra y la expansión igual a sangre y fuego, lo que se cristalizó después en la Segunda Enmienda en que los americanos tienen el derecho constitucional a poseer el número y calibre de armas que desee y la cecision de crear milicias para defenderse de los extranjeros.

Trump quiere convertir a Canadá en el estado 51 y le quiere comprar Groenlandia a Dinamarca, además de que está presionando a México para subordinarlo a los principios de seguridad nacional del imperio y quiere recuperar el Canal de Panamá para fijar ahí su frontera sur de seguridad nacional, posesionándose directa o indirectamente de casi el 65% del territorio del continente americano.

Al sur solo hay tres países viables: Venezuela por su petróleo, Argentina por su extensión territorial y sobre todo Brasil por su doctrina geopolítica y militar de seguridad nacional.

En su conquista territorial del siglo XIX, los estadounidenses aplastaron a los indios que poseían las tierras donde corrían los búfalos pero mantenían una vida nómada. Hacia finales del siglo XVIII principios del siglo XIX, el imperio español se desmoronó desde la crisis de Bayona que colocó como Rey de España a José Napoleón Bonaparte y las posiciones coloniales que giraban en torno de la nueva España --es decir, lo que después sería México-- quedaron al garete y Estados Unidos se hizo de más o menos un cuarto de los territorios españoles; luego le decretó la guerra a México para quitarle Texas, Nuevo México, parte de Colorado, Arizona y California. En 1867 compró Alaska, en 1898 se anexó Puerto Rico y Hawái.

El expansionismo estadounidense del siglo XIX se presenta como el telón de fondo de todas las decisiones del presidente Donald Trump para revertir el proceso de globalización que desarticuló el poderío productivo de Estados Unidos y que ahora se quiere otra vez reconcentrar dentro de su propio territorio. La anexión de Canadá es prácticamente imposible --cuando menos hasta ahora-- y puede haber alguna posibilidad de negociar la compra de Groenlandia.

El mapa que acompaña este texto ilustra en el color rojo en la lengua territorial de Florida a Maine del lado derecho lo que fue el territorio original de Estados Unidos al declarar la independencia en 1776. Lo que animó el expansionismo territorial de Estados Unidos en el siglo XIX fue la mentalidad empresarial de los presidentes, sin la cual Estados Unidos sería hoy un pequeño país.

La naturaleza del alacrán con la rana es el que domina el espíritu conquistador de Donald Trump.