Faltó “trumpulencia”. Prosiga su agradecida lectura, si es tan amable. Parto de que estando en América hablo español, aquel castellano que rebasó el entrañable solar hispano y en su universalidad –que trasciende la península Ibérica– aquí más denominamos como español, que, fuera de España, no compite ni convive de forma extendida con otras lenguas peninsulares. Español, pues esa lengua venía “de España”. Ello explica vehementemente por qué he intitulado con la palabra "español" a la presente entrega que mucho agradezco a usted que le prodigue su valioso interés en revisarla.
La nota corrió a finales de marzo: el Diccionario Oxford de la lengua inglesa añadía 66 nuevos vocablos en lengua española a su acervo lingüístico, cual préstamos como dice el argot correspondiente, recogidos del habla de mexicanos, cubanos y puertorriqueños afincados, sobre todo y esta vez, en los Estados Unidos. Es verdad que abundan notas similares y no es propiamente, una rareza. Si es llamativo el número añadido de golpe y porrazo. Eso sí no es habitual.
Lo sumado no siempre es de lo más granado entre las palabras, pero los añadidos sí que delatan la presencia de esas potentes comunidades que se traducen allí en una existencia significativa, ineludible, inocultable. Los agregados igual incluyen el emblemático órale o el “güey” mexicano al ‘cuchifrito’ y ‘boricua’ puertorriqueños. Suman birria, chilango, primo, comal, bochata, Californio, barbacoa y tantas más. La lista completa puede consultarla
aquí.
Mueve a la reflexión que también la lengua inglesa adopte palabras de nuestro idioma por su constante contacto con ellas, así sea en determinado espacio geográfico y nos deja en presencia de expresiones peculiares, arrobadas, sonoras, ilustrativas o simplemente, originales y que llenan vacíos con su existencia. La lengua es el espíritu de las ideas y ellas reflejan aquello que desea expresarse, condensándolas en palabras. Y advierten qué quiere decirse. Y se sobreentiende que las ahora incluidas las utilizan anglófonos.
Un reportaje publicado meses atrás en un diario mexicano mostraba un estudio llamado "influencia croslingüística léxica" elaborado por la editora del Oxford Dictionary, Danica Salazar, de origen filipino, y el profesor honorario español Muñoz-Basols que documentan 1904 vocablos del idioma español en las entradas del Oxford hasta ese momento, señalando Salazar que en las cuatro actualizaciones anuales siempre se incorporan palabras de origen español. Ello patentiza la creciente influencia –me limitaría yo a decir presencia– de nuestro idioma en el habla cotidiana de Estados Unidos, que perdura en el caso concreto, pese a ser una lengua que si bien, nutrida de nuevos migrantes, desde el primer día de la perdida de los territorios mexicanos (1848), fue sitiada, despreciada y perseguida de múltiples maneras, pero ahí la tiene, ha sobrevivido y eso es encomiable. Esta adición al Oxford por eso la considero doblemente valiosa.
Como apostilla denunciemos que Trump, en su infinita “trumpulencia” (por turbulencia, ya se sabe [¿o flatulencia?] cundiendo la palabreja) elimine servicios de información pública en español. Ignorante de su propio país, racista, discriminador paupérrimo y empedernido, propone que sea el inglés su única lengua oficial. Tontito. A ver qué le dirá a Nuevo México, único estado que tiene al español como idioma cooficial. Y a Puerto Rico que, como uno libre asociado ha defendido estupendamente que el español permanezca. Deseamos que fracase en su intentona, burda, reprobable y abominable en grado extremo. Nadie ha podio arrancar el español de EE.UU. pese a instrumentar políticas de exterminio. ¡Bravo por esa resistencia y ese crecimiento en la jeta del botarate aquel!
Pues bien, así como en el inglés se adoptaron ya hace tiempo expresiones tales como rodeo o crudo (el petróleo), así ahora la lengua inglesa de nuevo suma vocablos tales como cotija, perreo, papi o charrería y expresiones mexicanísimas como “Jarabe Tapatío” o “tres leches”. Nadie busca así, la aquiescencia de Trump.
Son vocablos del habla más popular y, por lo tanto, muy vivos y consiguen ser identificados y reconocidos. No se trata de expresiones –voces y frases– merodeando las áreas lingüísticas anglófonas. No, conviven y se han nutrido y fortalecido en ellas y, acaso, donde ya se afianzó al idioma, puesto que allí ya se hablaba español antes que el inglés y se sigue modificando, adoptando también nuevas palabras o mudándolas, como sucede con toda lengua viva. No es cosa menor, después de todo. Recordemos que recién Estados Unidos se convirtió en el segundo país con más hispanohablantes. Enhorabuena.
Quizá lo he contado alguna vez en este su espacio leído en ambos hemisferios. Un familiar me trajo de San Francisco un pequeño compendio de las misiones de la Alta California. Era un texto fotocopiado y engrapado, humildemente presentado, muy documentado, bien escrito, pero con cierta pobreza de vocabulario. En efecto, la palabra "iglesia" aparecía en demasía. Acaso, la misma narración en manos colombianas o españolas hubiera optado por denominar como templo, capilla, oratorio al sitio del que partía cada una de las misiones enlistadas y descritas profusamente. Se colaba algo de spanglish de manera apenas perceptible, empero el trabajo de investigación en su conjunto es una joya, una excelente muestra recapituladora y condensaba perfectamente bien la herencia hispana de aquellos pagos testimoniando su supervivencia y loable conservación. La sintaxis eras elogiable y realmente, muy correcta.
Ya metido a disertar, como apunte diré que me llama poderosamente la atención cuando una palabra existe en un idioma, pero lo que nombra, aún existiendo a los ojos de todos, tal idea no la recoge ni solo vocablo en otra lengua o con ninguna variable o frase. Me encanta el italiano denominando capodanno al primer día del año, mas en español denominamos como Nochevieja a la última del año viejo y ambos idiomas carecen de su similar respectivo, pese a saber del 1 de enero y del 31 de diciembre. Me hace falta un evening que no hallo mejor expuesto en español y a cambio de, si entiendo bien, es curioso que no exista en la lengua inglesa la idea de “estrenar” ropa o zapatos. Los estrenos son de funciones o temporadas teatrales y tal, por ejemplo, mas no de objetos como los citados. Resulta interesante cómo se conducen los idiomas y las minucias que los nutren.
En todo caso, cabe un apuntamiento final. Las lenguas recogen momentos que se trocan en cicatrices que deja la historia de sus pueblos. Si el Oxford recoge la palabra "armada" con la inconfundible alusión a la Española de 1588, la de Felipe II de triste memoria por su desenlace y al vocablo lo describe expresando un "A large group of armed ships sailing together" y, de inmediato, coloca el Oxford una referencia en los ejemplos de uso a la Invencible con estas palabras en el Oxford Learners Dictionaries: “(figurative) A small armada of fishing boats blocked the port in protest against the new regulations”, que me suena peyorativo o reduccionista frente a lo que fue aquella otra, pues resulta en cambio que el Diccionario de la Lengua Española (DLE) auspiciado por la Real Academia y la ASALE, recoge la palabrilla “anabolena” refiriéndola así: “De Ana Bolena, mujer de Enrique VIII, REY DE INGLATERRA”: Mujer alocada y trapisondista”.
“Ser una anabolena” no conlleva una definición muy gratificante, pero bosqueja la venganza española al trato indigno recibido del afamado rey hacia la monarca consorte Catalina de Aragón frente a la arribista Bolena. Es un ida y vuelta, una rivalidad lingüística bien plasmada en los diccionarios de ambos idiomas. Quisicosas de las lenguas y de sus hablantes, desde luego.