Opinión

Esta es la Iglesia que quiero

EN LA FRONTERA

Rafael Ortega | Sábado 12 de abril de 2025

Una Iglesia a cuya cabeza está un hombre, el Papa, que es capaz de acudir a la Basílica de San Pedro sin las vestimentas papales, sentado en su silla de ruedas, asistido con oxígeno y vestido con un pantalón negro, una camisa y una especia de poncho-manta, para saludar y agradecer a los que todavía estaban trabajando en el templo en la restauración de parte del mismo, tras haber recibido en audiencia al Rey Carlos de Inglaterra y a su esposa Camila.

FRANCISCO entró en la Basílica por la Puerta de la Oración, que es la que está cercana a su residencia de la Casa de Santa Marta, donde se encuentra pasando la convalecencia, tras los 38 días ingresado en el hospital Gemelli de Roma, a causa de su grave infección pulmonar.

Este es el Papa que yo quiero. Un hombre sencillo y capaz de acercarse a los que necesitan de su apoyo. Un hombre que representa a la Iglesia que debe estar al día y no la que nos quieren hacer ver esos ultras, que solo buscan la confrontación y que nos quieren irritar, gracias a Dios sin conseguirlo.

Lo último, lo tenemos en nuestro país, en esta bendita España en dónde ni la Iglesia se libra de los enfrentamientos, pues algunos tomando como excusa los últimos acontecimientos del Valle de los Caídos, intentan dividir a los obispos en buenos y malos, es decir, “para ellos” en los “antiFRANCISCO”, y los que siguen al hombre que busca la armonía y el acuerdo.

Y eso último, ha sido presentar como un hombre con un pasado comunista, al actual Presidente de la Conferencia Episcopal Española, el Arzobispo de Valladolid, Luís Argüello, en una fotografía en la que se ve a un hombre con un cierto parecido al Arzobispo, tras el entonces Secretario General del PCE, Santiago Carrillo, en un acto de dicho Partido.

No es la primera vez que esto ocurre y no es la primera vez que el asunto ha tenido que ser desmentido. Todo ello orquestado por aquellos que han visto el tema de la negociación del Valle de los Caídos como una cesión sin más de la Iglesia Española al gobierno de nuestro país, sin conocer nada de la complicada negociación, y presentan al Presidente de la CEE, Argüello, y al Vicepresidente de la misma, el Cardenal-Arzobispo de Madrid, Cobo, como los culpables de-son sus palabras- “esa barbaridad histórica”.

Lo malo de todo esto, es que tras los hacedores materiales de estos hechos, se esconden los verdaderos culpables, que no otros que algunos no muy alejados de mitras, y con conexiones en ciertos blocks y digitales de un difícil y complicado gusto, que se ha llegado a alegrar, incluso, de la enfermedad del Papa.

“Ya está bien”, apunto yo, y no nos extrañemos cuando de Roma nos puedan llegar noticias del malestar del Pontífice ante la división que existe en ciertos sectores de la Iglesia de nuestro país, malestar que a mí me deslizó sutílmente en una audiencia privada hace casi dos años.

Basta ya, por tanto, y animo a los señores obispos a que vivan en unidad de verdad, y no solo de cara a la galería, y que no se dejen aplaudir por los cantos, no precisamente de sirenas, que les llegan de sectores que no merecen ninguna credibilidad.

Así, que ánimo a todos y adelante, Argüello, Cobo, Blázquez, Osoro, Omella, y todos los demás, que son “casi todos”, y que merecen mi respeto y admiración, porque esta es la Iglesia que yo quiero.