El Real Madrid desembarcó en Mendizorroza este domingo en una situación precaria. La goleada encajada ante el Arsenal ha causado un daño sobresaliente, tanto que las trompetas de remontada esta vez se entonan en voz baja. Suenan más los reproches y las preguntas inquisitivas que apuntan hacia un cambio de entrenador. En esas circunstancias, y con siete puntos de desventaja con respecto al líder de LaLiga, los merengues se descubrieron en una semana clave. Una de esas en las que pueden perder los objetivos del curso en un plumazo. Sin embargo, salvaron la primera prueba por la mínima al ganar al Alavés.
Carlo Ancelotti, que en esta fecha estuvo en la grada por haber visto cinco amarillas, reclamó en la previa la necesidad de mantener la mente en este duelo liguero. Sabía que una derrota podría significar descarrillar de forma definitiva en la pugna por el trofeo doméstico (tras caer in extremis ante el Valencia) y, además, entendía que para pensar en lograr una hazaña el próximo miércoles, en la Liga de Campeones, debían ganar sensaciones este fin de semana. Y no estaba de más repartir descansos. Pero lo acuciante de la tesitura le llevó sólo a sentar a Jude Bellingham y a Vinicius. Peones exprimidos como Antonio Rüdiger o Fede Valverde volvieron a ser titulares, no en vano se están jugando la temporada.
Los locales están a un punto de los puestos de descenso. Eso significa que esta tarde se iba a ver un intercambio de urgencias... y así fue. Los vitorianos arrancaron con más intensidad, hambre y agresividad. Presionaron a cancha completa ante un sistema visitante que reprodujo sus males estructurales: presión deficiente, discreta organización en el achique y muchos problemas para recuperar la pelota. En consecuencia, el dominio vasco se estiraría durante todo el primer tiempo y avisaron en el tercer minuto con una falta lanzada por Joan Jordán y rematada a córner por Carles Aleñá.
La supervivencia del equipo preparado por Eduardo Coudet se cimenta en ataque en el balón parado y en la pericia de ese guerrero del gol llamado Kike García (con 35 años, lleva 13 goles en esta campaña). El plan de juego 'babazorro' se desarrolla en torno a los centros al área para que el veterano atacante pesque un testarazo o provoque segundas jugadas. No pierden el tiempo elaborando desde atrás, no están para perder ni un segundo. En el 14 le robaron el cuero a Fede Valverde con una emboscada adelantada y Kike estrenó los guantes de Thibaut Courtois. Pero el meta belga no volvería a intervenir antes del descanso. Los locales chutarían seis veces mas sin la puntería recomendable.
En el otro área llegaron menos balones aunque el ratio de puntería mejoró notablemente. Arda Güler, titular por quinta vez en 2025 y mejorado, a punto estuvo de embocar un gran pase al espacio de Rüdiger en el minuto 9. En el lance quedó en mano a mano con el portero Jesús Owono (relevo de Antonio Sivera) mas no consiguió disparar con finura y el internacional guienano acabó tocándole en el área. Pidieron penalti los visitantes sin éxito y Rodrygo prosiguió con la fabricación de veneno. Desde el perfil zurdo que dejó vacante la suplencia de 'Vini', trazó dos slaloms consecutivos que desequilibraron al Alavés. En su segunda aventura individual creó un córner que concluyó en gol de Raúl Asencio. En cambio el VAR intervino y señaló una falta previa de Rüdiger a Owono -minuto 19-.
Los vitorianos no se amilanaron por las dos advertencias serias recibidas y obligaron al inseguro Madrid a atrincherarse en su campo. Sin Luka Modric o Dani Ceballos -recién salido de lesión, tendría minutos sólo en el desenlace- se le indigestó al favorito la fluidez combinativa. Esta realidad dio alas a los pupilos del 'Chacho', que a la media hora competían de tú a tú. De hecho, en el 27 trazaron la mejor circulación del evento y Kike no definió como merecía la jugada. Y, cosas del fútbol, cuando mejor estaban los alaveses llegó el 0-1. Ocurrió a partir de una doble pared en la mediapunta que hilvanaron Fede Valverde y Eduardo Camavinga, que el motor francés usó para ajustar un latigazo al poste.
El golazo de Camavinga, que brilló con balón, en el rol destructor y en la ocupación de mucho terreno, parecía allanar el camino y acercar el cumplimiento del triple objetivo pautado por los Ancelotti (ganar, rotar y recuperar sensaciones). Pero en este año no hay nada sencillo para los madridistas y en el 39 se dio un imprevisto absoluto: Kylian Mbappé, transparente en el juego, perdió la cabeza y asestó una patada infame a Antonio Blanco. El VAR y el colegiado le mostraron una roja directa más que merecida y que ahonda en el desconcierto que este curso está representando para el madridismo. Los de Chamartín volvieron a complicarse, en una tendencia demasiado familiar en estos meses.
Llegaron a vestuarios con el 45% de posesión y en ventaja. Asencio había salvado a los suyos al desviar lo justo un buen pase al espacio que dejaba solo a Kike García -minuto 48- y un centro-chut de Carlos Vicente -nadie centra más en LaLiga que este extremo- a punto había estado de colarse. Los merengues se escabulleron como pudieron en un partido que correspondió con la expectativa en tanto que bronco, físico y trabado (17 faltas cometidas en el primer acto). Davide Ancelotti no tocó nada a pesar de lo visto y en la reanudación sus muchachos se aproximaron al descalabro. No pasaban de achicar ante el renovado brío del 'Glorioso' y dos testarazos de Kike y un cañonazo centrado de Carlos Martín alertaron de lo peligroso de relajarse en este escenario. Así que en el minuto 63 comparecieron Vinicius y Bellingham.
Coudet ya había pasado a jugar con dos delanteros rematadores y el recién entrado, Toni Martínez, conectaría varios envíos de Carlos Vicente, aunque sin el tino suficiente para superar a Courtois. Y el Madrid había alcanzado a refrescarle la sensación de amenaza al Alavés sólo con colocar a Vincius buscando la espalda de los zagueros. De esa argucia sacó el favorito la roja directa a Manu Sánchez, en una acción similar a la que despidió a Mbappé. Corría el minuto 70 y se igualaban las fuerzas antes del epílogo. Y, de repente, se le torcía el envite a los locales ya que se lesionó Abdel Abqar, su mejor defensor.
El agujero dejado por el central marroquí les afectaría tanto como las bajas de Sivera y de Jon Guridi. Por ahí se coló el contragolpe madrileño, que rascó un cañonazo lejano de Fede Valverde que lamió la madera -minuto 71- y un dos para uno mal resuelto por Bellingham -minuto 89-. No dio para más un Madrid gris, muy alejado de su mejor versión y con la mente y el corazón ofuscados. Al menos cortaron la racha de 11 goles encajados en los cuatro partidos precedentes. Y a los de Coudet les volvió la impotencia. No se han hecho fuertes en casa como antaño y desaprovecharon el pinchazo del Leganés de este sábado. A pesar de cometer más faltas que nadie en Primera no consiguen dejar su portería a cero y así es muy difícil asentarse en la élite. Deberán seguir trabajando para que el triunfo en casa del Girona no sea un espejismo.