Opinión

Hartazgo y náusea ante un gobierno que se tornan insufribles

TRIBUNA

Roberto Alifano | Lunes 14 de abril de 2025

En el origen quieto y en los dormidos ámbitos,

la esperanza, sin hombre, manaba inmensa y muda”…

Carlos Mastronardi

Nos ha tocado una época extraña. A pesar de los grandes avances en el terreno científico y comunicativo, la sociedad contemporánea en general sigue supeditada a los dogmas políticos de la economía y de las finanzas; en algunos casos, como a una la fe religiosa. Pero las contradicciones entre ciencia y creencia son la base compulsiva de las relaciones humanas. Unos de manera prosaica y otros con el agregado romántico, todos cortados por la misma implacable tijera siguen tropezando con la misma piedra.

Con otros protagonistas, la historia se repite. Las crisis también. El eterno retorno, la idea central en la filosofía de Friedrich Nietzsche, conjetura que todos los acontecimientos se reproducen sin fin. Un concepto que invita a reflexionar no solo sobre el enojoso asunto político, sino además sobre la subsistencia en el mundo que nos ha tocado. En la Argentina, la sensación de vivir atrapados en un callejón sin salida, se vuelve cada vez más palpable hasta representarse en un túnel o ante un abismo.

Se repite así el ciclo de una economía que promete despegar y vuelve a caer, adosada a una política que anuncia reformas estructurales y se disuelve en internas frente pueblos que desconfía, con toda razón, de cada nuevo comienzo que repite viejos e idénticos errores. Incluso para los que hacen esfuerzo para comprender racionalmente la realidad, más allá o más acá de Las Fuerzas del Cielo a las que recurre en su delirio nuestro cada vez más desolado Presidente.

Javier Milei es un paradigma de los confusos tiempos que vivimos. Dios, aunque él insiste en su recurrencia, parece no guiarlo y todo se remata al mejor postor en un país donde lo único que se registra son los datos de una despiadada macroeconomía, que viene dejando de lado a los más desprotegidos; tan es así que ni la misma fe religiosa ya le pone límites a alguien que hasta pretende jugar alternativamente en la liga del judaísmo, en busca de mayor asistencia, habiéndose postrado con kipa incluido (el símbolo que llevan en la cabeza como reverencia a Dios los israelitas) muy alegremente en el Muro de los Lamentos.

Los días convulsionados que sacuden al mundo, y en cierta forma arrasan a una desnutrida Argentina, acorralada por acreedores, muy lejos de aquietarse y donde las demandas sociales exigen mejoras para poder seguir comiendo, en tanto que los frentes de tormenta amenazan con nuevos desastres, sobre todo en un terreno donde la política doméstica, empieza a ganar las calles sin preanunciar nada nuevo, volviendo sobre los viejos pasos, que pronostican más temporales.

Para el Gobierno, para los mercados; inclusive para los flotantes radicales y kirchneristas, incluidos los resbalosos macristas, conducidos todos por líderes mediocres, incluidos los sindicalistas (que parecen despertarse de un coma inducido) serán días intensos. Nada terminó y todo está empezando, un volviendo a empezar para seguir girando en el mismo círculo. Lo contrario de lo que pronostican algunos todavía crédulos economistas y politólogos, pues el inquietante terremoto mundial amenaza con derrumbar también las aparentemente sólidas estructuras de los omnipotentes mercados.

Es así como en el contexto internacional, se instaló un debate donde la gente se comunica entre sí, sin pasar por los filtros de las élites dominantes de medios informativos; aunque claro, la sociedad vertical que vivimos en nuestro rincón del Occidente, derrumba con estas flamantes noticias una endeble lógica que cuesta trabajo aceptar. Pero la realidad tira por tierra este marco conceptual y nos ubica en otra realidad, que empieza a estallar en mil pedazos y donde las palabras, separadas de su sentido, se convierten en cascotes que cualquier ignorante lanza a la cabeza del enemigo.

En este contexto de fanatismo se difunden los hechos entre versátiles sentimientos que suplantan conceptos y todo lo que consideramos con cierta lógica. Dentro del marco internacional los arrebatos de Donald Trumps, han puesto al mundo al borde de un filoso puñal; en tanto que en el orden local, el cada vez menos exultante Javier Milei, se expresa con incoherencias. En todos los casos usando conceptos anacrónicos, y en una cuasi divertida lucha con sus fantasmas de izquierda que ya no existen porque la guerra ahora es por la hegemonía comercial de las potencias; en un marco donde la Argentina es una de las principales deudoras, a la vez que invitada de piedra en rodeo de los ogros internacionales.

Lo concreto es que el mundo entró en crisis por las medidas económicas tomadas por Donald Trump, personaje locuaz y al borde de lo pintoresco, que ganó legítimamente las elecciones en los Estados Unidos, y con el poder de su estructura arremete en contra de su propio país y de todo el Occidente, creando una convulsión de consecuencias imprevisibles. Ataca a su principal cliente sin tener en cuenta la hegemonía económica de China, a la que la Argentina le debe 5 mil millones de dólares y los Estados Unidos cifras fabulosas de su deuda al exterior.

Pero resbalamos en tierras pantanosas sobre una ignorancia supina, menos ilustrada que absurda, que nos muestra personajes tan similares como disimiles, entre los que se cuentan el mencionado Presidente de la gran potencia y un desarrapado Milei, devoto suyo, en un país subdesarrollado, al que ni siquiera recibe para permitirle una humillante fotografía a su lado y prefiere jugar al golf. El viaje turístico de Milei para recibir un premio consuelo, incluyó a un par de ministros (Caputo, por supuesto) y a la hermana presidencial junto a una comitiva, que siempre forma parte de ese tipo de excursiones que suman gastos absurdos a las saqueadas reservas argentinas.

Vivimos tiempos extraños, sin ninguna duda, donde el poder de las redes sociales proporciona cantidades ilimitadas de información, pero muchos de nuestros líderes carecen de algo fundamental como es la visión coherente y holística de una realidad, que les permita superar la idea de que los problemas de los seres humanos no se reducen a las decisiones de los negocios de bienes raíces. La pulseada de aranceles golpea en plena mandíbula, aunque los cruciales problemas que enfrenta el mundo siguen siendo sociales e incluyen el día a día de un hambriento jubilado. Lo simbólico, que está más allá de la realidad, en estos frívolos casos pesa más que estos hechos que parecen de ciencia-ficción.

No es posible que algunos dirigentes, sean políticos, mercaderes o gremialistas impongan al conjunto de la sociedad sus flaquezas, ni en el mundo ni en la endeudada Argentina, que va por hueso de más deuda. Lo único cierto es que la incertidumbre de los inocentes sigue como un fenómeno eterno y repetitivo. También es necesario reconocer que vivimos una época donde unas ojivas nucleares pueden cambiar la historia en el momento menos pensado. Tiempos en que los espectáculos valen más que la verdad, y los mitos que están en las atormentadas cabezas de algunos mediocres líderes, cuentan menos que el despiadado presente. En los casos de Trump y de su lacayo Milei, ambos embriagados de poder, chocan entre ellos mismos y se desencuentran despiadadamente.

La democracia supone límites al poder. Ojalá la existencia de instituciones sean un contrapeso a tales vanidosos autoritarismos individualistas. Eso es más importante en algunos casos que la ideología de estos estrafalarios mercaderes morales.

Mientras tanto, la contradictoria administración libertaria de la Argentina (mezcla rara de anarquismo y liberalismo, que no encaja en ninguna mente sensata deberá transitar a pedal por el pantano financiero (con sus efectos y defectos en la economía real). La guerra comercial ha empezado sin cuarteles y ambos protagonistas, norteamericanos y chinos, afilan sus espadas. En tanto en el orden telúrico la fortaleza oficialista local se resquebraja más y más cada día que pasa.

No hay forma de razonamiento posible con creciente pobreza y hambrientos jubilados, cuyo salario les permite comer una semana del mes. Lo demás que te ayude la suerte. La pregunta es cuánto oxigeno le queda a estos despiadados. Es probable que la ayuda del FMI (más deuda al endeudado pueblo argentino), los saque por un tiempito del apuro. Eso sí, se debe tener en cuenta que esta el resto del mundo en un contexto similar, y la Argentina es un apartado trivial donde lo insufrible supera a lo razonable.