Tampoco está tranquilo con la Comisión Europea que ha tachado su encuentro en Pekín de “inconveniente” en medio de la guerra comercial. De ahí, el viaje precipitado de Carlos Cuerpo a Washington a reunirse, precisamente, con el autor de la frase amenazante que ponía en riesgo su pescuezo. Pedro Sánchez intenta, a la desesperada, con el encuentro con el secretario del Tesoro aplacar la ira de Trump por sus continuos insultos y sus delirantes maniobras orquestales acercándose a los dirigentes comunistas con la intención de construir un muro para frenar al presidente estadounidense. Como si se tratara de Núñez Feijóo.
Pedro Sánchez, aun a regañadientes, empieza a entender que la ofensiva de Trump requiere, al menos, la coordinación con la UE. Que él solo, con su hueca palabrería, no va a resolver la crisis económica que se extiende por el mundo. Y, mal que bien, hay que contar con la UE para acercarse a Estados Unidos. Hay que llegar a acuerdos sobre los aranceles para evitar la ruina, por ejemplo, del campo y la industria de España.
Porque, al final ese es el camino. Lo han entendido los dirigentes de la Comisión Europea que tienden la mano a Trump para evitar la catástrofe económica que supondría la salvaje aplicación de los aranceles. No es fácil saber el siguiente zarpazo que llegará de Estados Unidos. Pero, al menos, conviene evitar la división de los dirigentes europeos. Pues algunos, como Sánchez o como Orbán, van por libre. Brincando de aquí para allá. Uno, con Xi Jinping; el otro, con Putin. Porque la Unión Europea requiere, precisamente eso, unidad.