En apenas dos días, se han puesto en evidencia los continuos bandazos de la política exterior de Pedro Sánchez. El jueves Santo, el ministro Albares se reunía en Madrid con su homólogo marroquí para confirmar el apoyo incondicional del Gobierno español por la anexión “de facto” del Sáhara Occidental por nuestro vecino del sur, a pesar de la resolución en contra de la ONU que exige un referéndum para resolver el litigio. Y en contra también de la histórica postura de España, en especial, de la izquierda, lo que ha provocado otro encontronazo con Sumar. Paradójicamente, este “acuerdo” ha sido el único motivo del encuentro, lo que acrecienta las sospechas de la todavía misteriosa decisión del presidente español.
Al tiempo, Carlos Cuerpo regresaba de Washington, donde se había reunido con el secretario del Tesoro norteamericano que no le cortó el cuello, pero le dejó magullado después de maltratarlo dialécticamente por la racanería española en su contribución económica a la defensa, en especial a la OTAN. Scott Bessent ni escuchó las súplicas del ministro español para amortiguar la amenaza arancelaria impuesta por Trump a nuestro país. Un fiasco de reunión y otra humillación de Estados Unidos a España, más aún después del descacharrante viaje de Sánchez a China.
Giorgia Meloni, sin embargo, ha sido recibida en la Casa Blanca por Donald Trump y, a la espera de acontecimientos, ha conseguido que el presidente norteamericano se avenga a llegar a acuerdos con la UE en materia arancelaria. El mensaje de la presidenta italiana se ha centrado en reclamar “la unidad de Occidente” frente a las delirantes veleidades ideológicas de otros mandatarios europeos; sin mencionar siquiera a Pedro Sánchez y su estancia en Pekín.
Resulta indefendible el matonismo desplegado por Donald Trump tras su entrada en la Casa Blanca. En apenas tres meses, ha reventado la estabilidad económica mundial con su carrusel de aranceles. Pero, a pesar de todo, hay que negociar con él, no con Xi Jinping. De ahí, el acierto de Giorgia Meloni y su argumento pro occidental, en lugar de acercarse al dictador chino para llegar a supuestos acuerdos sobre la exportación de porcino o medicamentos, que es todo lo que, supuestamente, ha conseguido Pedro Sánchez en su viaje a Pekín.