A lo largo de cinco décadas, Pedro Ruiz ha construido una de las trayectorias más singulares y versátiles del panorama cultural español. Actor, presentador, escritor, director, compositor y provocador inteligente, ha sido testigo privilegiado y protagonista activo de la evolución del espectáculo y la sociedad española.
Con motivo de sus 50 años de carrera artística, Ruiz regresa a los escenarios con un espectáculo tan personal como su título indica: Mi vida es una anécdota by confidencial. Una propuesta que se presentará del 2 al 4 de mayo en los Teatros del Canal de Madrid.
El espectáculo no es solo una celebración, sino una confidencia: transforma el escenario en el salón de su casa y comparte anécdotas reales con personajes conocidos, reflexiones sobre la vida, la política, el humor y la identidad. Con su característico estilo directo, afilado y humano, invita al público a reconocerse en sus historias, a reírse con él y, sobre todo, a pensar.
¿Cumplir 50 años de carrera artística no se ve todos los días. ¿Qué le pasa por la cabeza al mirar atrás?
No demasiado. Cada paso ha sido un aprendizaje. He aprendido un poco, pero me queda muchísimo por aprender. La vida no da tiempo más que para ser amateur, un pensamiento de Chaplin que yo suscribo. Estoy tan motivado como en el primer momento. Soy una mezcla de optimista, de pesimista y de estoico, pero cuando me entrego a algo —como en este caso con el espectáculo— lo hago con total entrega, porque cada día respeto más al público.
En mi caso son un todo. Me considero artista, y eso abarca prácticamente todo lo que mencionas. Cuando me llaman periodista, por ejemplo, no me quejo pero no lo soy. Nunca quise serlo, ni buscar la noticia, ni ser intermediario entre lo que ocurre y el que lo lee. No se trata de ponerte etiquetas de lo que haces sino sencillamente ir haciendo cosas nuevas. Cuando me preguntan: "¿Tú qué eres?", me limito a decir de un modo muy claro que no quiero ser nada sino que lo que quiero es ir siendo, porque la vida es movimiento. Alguien puede decir: "Soy ingeniero industrial", pero ¿lo eres todo el tiempo? Otro puede decir: "Soy veterinario", ¿pero lo eres a cada minuto? Somos muchas cosas y a mí me gusta expresarlas de una manera extrovertida.
Y en estos años de carrera con tantos momentos, ¿ha habido alguno que considere un punto de inflexión?
Ha habido muchos que han condicionado mi vida. No lo digo de un modo gozoso pero sí de un modo bastante asumido: el momento de la enfermedad de mi madre, que me tuvo un tiempo apartado de esto. Requería esa prioridad y eso es lo que más ha influido. Luego también he tenido muchos problemas —y los tengo— porque a mí el sistema no me quiere. A mí el sistema me hace una caricia un minuto y luego me veta un año. No lo digo por hacerme la víctima sino porque ya me acostumbré a esto de pequeño. Yo dejo Estudio Estadio cuando tengo 24 años, porque en ese momento -y lo digo sin juzgar-, los que estaban a cargo de Televisión Española eran miembros del Opus Dei y me dicen que no es digno hacer teatro y televisión, que elija. Y elijo hacer teatro y dejo Estudio Estadio, cuyo nombre es mío, y desde entonces me he dedicado al espectáculo y a mil cosas más.
"A mí el sistema me hace una caricia un minuto y luego me veta un año"
Usted siempre ha sido alguien que no tiene miedo de decir lo que piensa, incluso si resulta incómodo.
Sí, pero siempre con educación. Yo ahora mismo donde milito es solo en la concordia. Quiero que quede muy claro. No me encontrarán ya discutiendo de política. Uno, porque no me interesa; dos, porque ya la conozco; y tres, porque quiero ser la paella en la que coman todos ellos. Es decir, que nos podamos llevar bien, que no entremos en esta dinámica en la que nos han metido para que nos muramos enfadados. Nuestra vida es muy corta, el planeta muy pequeño y la historia es el trocito de línea que pasamos por aquí. No quiero contribuir a esta crispación extraordinaria, idiota y malvada.
¿Cuál ha sido el secreto para mantener un humor fresco y relevante después de tanto tiempo? ¿Cómo evoluciona uno a lo largo de los años?
Sólo una parte de mí es humorista, eh. Tengo una parte humorista pero luego escribo poemas, libros, canciones, etc. Pero mi parte humorística lo que pretende es decir del modo menos suicida las cosas que más nos preocupan. Yo soy muy irreverente pero no soy nada maleducado. Hablo de los conceptos pero nunca de las personas. Ese aprendizaje me ha hecho convertirme en un estoico. Un estoico amable, agradable, que no pretende tener razón sino tener derecho a no tener razón y no discutir. Quizá mi salud se explica, primero porque tengo la mente siempre despierta, porque hago deporte, porque me cuido, como poco, no fumo, no bebo, no me drogo y, sobre todo, porque no discuto. Estoy en ese punto donde sonrío ante todo porque he llegado a la conclusión personal, que no le quiero pasar a nadie, de que el mundo es una farsa. Luego hay cosas estupendas que no son las normales -lo normal viene de norma-, son las naturales. Entiéndase: la integridad, los afectos y la naturaleza. El resto es un constructo que tiene más de decorado que de verdad.
"Mi salud se explica, sobre todo, porque no discuto"
¿Qué se va a encontrar el espectador en "Mi vida es una anécdota"?
Se va a divertir, se va a recordar a sí mismo en pasajes de su vida que coinciden con la mía y, sobre todo, encontrar una cosa muy verdadera en el sentido de que todo lo que cuento es verdad. Sin faltar a nadie, sin poner en tela de juicio a nadie pero contando esas cosas que construyen la historia de un país a través de la vida de una persona. Es un recorrido por la historia de este país desde alguien que ha tocado muchas teclas y que piensa tocar muchas más. El espectáculo, como casi todos los que hecho, no es cuestión de explicarlo sino de verlo. Porque definir una cosa tan mezclada es complicado. Hay 60 anécdotas, filmaciones, una pantalla enorme, canto, cuento y parodio, el público interviene… Es un espectáculo muy vivo. Lo presento como si fuera el salón de mi casa. Les digo “esto no es un teatro, es el salón de su casa”, y vamos a divertirnos con esa naturalidad.
A lo largo de estos años ha tenido la oportunidad de trabajar con grandes figuras del espectáculo español. ¿Cuál ha sido la colaboración más gratificante para ti?
Todas me aportan. Desde dirigir el último espectáculo de Sara Montiel -que también escribí-, de tener el honor de que Joan Manuel Serrat viniera a cantar una canción mía a Como Pedro por su casa -y desde entonces tenemos una gran amistad-, desde ser íntimo amigo de Raphael, desde haber tenido la suerte de componer para Rocío Jurado -cuyo reloj llevo en la mano, regalado por las canciones que le compuse, desde las charlas en Noches abiertas con Saramago, con Camilo José Cela -al que acompañé cuando le dieron el Premio Nobel… He vivido muchas cosas porque no he querido ser sólo el que está en la televisión. La televisión me parece un medio bastante pobre. Mi hogar es el teatro. Intento vivir experiencias, que no se me conocen pero me han enriquecido mucho. Se aprende mucho más de escuchar a los que saben que de leer libros o de muchas cosas.
¿Hay algo que no haya hecho todavía y le gustaría hacer?
Lo que no he hecho ni haré es rendirme. No tengo esa palabra en mi diccionario. Tengo por hacer muchas cosas. Todas las que ya he hecho las tengo que hacer mejor y muchas otras que no he hecho todavía. He dirigido sólo una película y ahora quiero dirigir otra. Tengo escrita una película que se llama Un día libre y no sé si la podré producir. En la reciente Semana Santa he escrito un libro nuevo, que se titula Que paren el mundo que yo me bajo. Compongo canciones todos los días, escribo poesía y quiero estar siempre en lo próximo. El pasado es una buena referencia pero no es una buena residencia.
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