Opinión

Con Vargas Llosa, ¡el boom ha muerto, viva el boom!

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Carlos Ramírez | Miércoles 30 de abril de 2025

La muerte de Mario Vargas Llosa puso punto final al ciclo literario conocido como el boom latinoamericano, aunque solo por la permanencia en vida del peruano-español. Ahora sí puede decirse ya el boom es un hecho histórico, pero seguirá siendo un referente de escritores de diferentes edades que publicaron en el periodo cultural 1958-1975, y teniendo como punto equidistante de esas fechas a Carlos Fuentes con sus obras fundamentales La región más transparente y Terra Nostra.

El boom latinoamericano se configuró en tres espacios muy precisos: el estrictamente de obras literarias publicadas, la capacidad de comercialización de la representante Carmen Balcells y el tiempo histórico de la revolución cubana que --no debe deslindarse-- contribuyó al boom, para bien o para mal.

El pivote que dinamizó a los escritores del boom fue Carlos Fuentes, quien 1958 había dado por terminada la corriente rural de la novela mexicana y había sacudido con la presentación de la temática urbana con La región más transparente, una novela polifónica, con revolución estilística y una temática histórica que tuvo como eje la Ciudad de México.

Fuentes, además, fue ciertamente el que marcó el nacimiento del boom en julio de 1964 con el ensayo “La nueva novela latinoamericana. Señores, nos engañen: los viejos han muerto. Viven Vargas Llosa, Cortázar y Carpentier”, publicado en el suplemento 128 de La cultura en México de la revista Siempre, dirigido por Fernando Benítez. En 1969, Fuentes recuperó el ensayo como columna vertebral de un libro que presentaba ya formalmente en sociedad al boom: La nueva novela hispanoamericana, editada por Cuadernos de Joaquín Mortiz en julio. En este texto, Fuentes abríó el obturador geográfico de la nueva novela en español con la incorporación de Gabriel García Márquez (que publicó Cien años de soledad en 1967) y el español Juan Goytisolo que había sacudido el ambiente novelístico con Señas de identidad (1966).

El empuje comercial de estos autores por el dinamismo de Balcells no creó el boom literario, sino que catapultó comercialmente las propuestas el estilo de estos autores, abriendo espacio a figuras que no participaban del boom comercial pero que estaban aportando propuestas narrativas: el sorprendente José Donoso, el siempre cuidadoso Jorge Edwards, el tímido Juan Carlos Onetti y por las fechas los mexicanos de la literatura de la onda --lenguaje de caló juvenil-- José Agustín y Gustavo Sáinz.

La cantera de propuesta literaria fue de ruptura estilística y el dinamismo de Balcells solo encauzó comercial y propagandísticamente obras que de suyo estaban ya irrumpiendo entre los lectores.

El contexto político del boom fue la revolución cubana. A principios de los sesenta, un grupo de escritores latinoamericanos se enfilaron por tren a Chile a un Congreso de cultura y ahí --cuenta Donoso en sus memorias del boom-- Carlos Fuentes anunció que dejaría de escribir literatura para dedicarse a promover el modelo educativo cubano que había emprendido una fenomenal campaña de alfabetización.

El trasfondo inevitable del boom --de sobra conocido-- fue, pues, la revolución cubana: los escritores se entusiasmaron realmente con la propuesta político-social de Fidel Castro porque enarbolaba las banderas de la pobreza latinoamericana, aunque con el resquemor del autoritarismo marxista-leninista. Sin embargo, el intento de invasión a Cuba en bahía de cochinos en 1962 cambió el panorama estratégico de La Habana: Fidel declaró su revolución como marxista-leninista y desde el principio dejó ver su vena autoritaria contra escritores independientes o críticos.

Fidel nunca ocultó sus cartas ni sus prioridades. En junio de 1961 participó en una reunión masiva con intelectuales para responder a las preocupaciones de que los participantes en la revolución estaban criticando a la revolución y pronunció su apotegma --repito: 1961-- de que “con la revolución, todo; contra la revolución ningún derecho". De 1964 a 1969, la revolución cubana apretó las tuercas de los escritores para reclamarles que publicaran libros de temáticas fantásticas o individualistas --sobre todo 62: modelo para armar, de Cortázar, y Cambio de piel, de Fuentes--. En 1968 estalló el primer caso Padilla cuando el gobierno revolucionario se vio obligado a publicar un libro de poemas de Heberto Padilla con contenido calificado como antirrevolucionario, pero dejándolo pasar con muchas restricciones. En 1971, Padilla fue arrestado, torturado psicológicamente y obligado a escribir una confesión al estilo de los juicios de Moscú para declararse contrarrevolucionario y delatar a sus presuntos cómplices.

Los intelectuales decantaron lealtades y rompieron con Cuba, de manera sobresaliente el francés Jean-Paul Sartre que había visitado La Habana, charlado con Castro y siendo seducido por el Che Guevara y Mario Vargas Llosa que había sido un pivote muy importante de la literatura latinoamericana dentro de los espacios culturales de la Casa de las Américas. Sin avisarle, la firma de García Márquez apareció en el primer desplegado de 1971 y desapareció en el segundo. Carlos Fuentes simplemente se deslindó de Cuba y Cortázar quedó atrapado en la maquinaria estalinista de la cultura cubana y publicó su poema de afecto a Cuba y a Fidel titulado Policrítica a la hora de los chacales.

Ya sin la sombra de la revolución cubana y de las exigencias de Fidel Castro --vía Óscar Collazos, en su polémica de 1969 con Vargas Llosa y Cortázar en la revista uruguaya Marcha de Carlos Quijano--, los escritores del boom siguieron su camino; atrás dejaron una estela de pistas en que todos ellos llegaron a pronunciarse por una literatura de la revolución o para la revolución, aunque la hora de la creación solo respondieron --en figura retórica de Vargas Llosa-- a sus propios demonios.

Después de 1971, el boom logró sobrevivir pocos años hasta que en términos ya de cohesión de grupo se terminó el ciclo con Terra Nostra, de Fuentes. Las pistas del boom están en multitud de ensayos, libros recordatorios, de manera sobresaliente quizá la reciente edición de Las cartas del boom (Alfaguara. 2023). La presencia física de Vargas Llosa hasta abril de 2025 mantuvo todavía por ahí, con preguntas irrelevantes, repetitivas y poco serias, el espíritu del boom. La muerte del peruano-español marcó el fin del ciclo histórico del boom, pero al final de cuentas el boom seguirá siendo referente, para bien o para mal, de la literatura hispanoamericana de la segunda mitad del siglo XX.


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