No hay tregua. No hay día sin sobresaltos, sin incidentes, sin caos. En una semana, España ha pasado de sufrir el gran apagón al colapso de la red ferroviaria. Desde que Óscar Puente es ministro de Transportes se han multiplicado las incidencias: incontables averías, retrasos, parones, descarrilamientos, accidentes. Son habituales las escenas de gente atrapada en los vagones a cualquier hora de cualquier día, de viajeros durmiendo en el suelo de las estaciones por la cancelación de los trenes, de colas interminables, de desesperación y hartazgo.
Pero no se trata de ciberataques en la red eléctrica o sabotajes en la red ferroviaria. Ni siquiera ha estallado una guerra de las galaxias provocada por los extraterrestres, como cualquier día insinuarán los propagandistas de Moncloa. Es la consecuencia de la incompetencia, de la ineficacia de un Gobierno que, a pesar de su voracidad fiscal, en lugar de gestionar adecuadamente las estructuras estratégicas, de invertir en los servicios públicos como las redes eléctrica y ferroviaria, está más preocupado por salvar el pellejo con excusas delirantes. Un gobierno ineficaz por estar plagado de enchufados con el carnet en la boca, de altos cargos inútiles con sueldos estratosféricos, de fanáticos políticos en guerra permanente contra todos los que no aplaudan sus fechorías.
Y en su defensa, el Gobierno se sacude su responsabilidad en busca de culpables imaginarios. Pedro Sánchez nunca asume los errores, las trapacerías, las chapuzas, la improvisación o la corrupción que le rodea. En sus comparecencias, el presidente siempre se muestra como el salvador del caos en el que está sumida España. No hay una sola evidencia del ciberataque que, según él, causó el gatillazo energético. Pero, el zafio de Óscar Puente ha ido más lejos y se ha sacado de la manga un sabotaje de la red eléctrica insinuando sin ambages que el PP (“la derecha”) estaría detrás del robo del cable de las vías que ha provocado que 30 trenes con más de 11.000 pasajeros sufrieran el colapso en pleno puente de mayo.
La imagen de España se desmorona. Europa se escandaliza con el desprecio a la democracia del Gobierno por el absolutismo de Pedro Sánchez y su permanente asalto a las Instituciones. Y, ahora, los dirigentes de todo el mundo se muestran perplejos por la crisis permanente que sufre nuestro país entre apagones y colapsos en la red ferroviaria.
Pero en lugar de reaccionar para resolver los problemas, el Gobierno arremete contra la Oposición por cumplir con su misión de denunciar sus errores. Pedro Sánchez insulta al PP por desvelar la torpeza de atiborrar la red eléctrica de energía proveniente de las renovables, lo que, según los expertos, ha sido la causa del apagón. Y Óscar Puente, en lugar de renovar e invertir en la red ferroviaria, se dedica en cuerpo y alma a escribir mensajes en las redes sociales para acusar al PP de “carroñero”, como si Núñez Feijóo hubiera arrancado los cables para provocar el caos de este lunes. España, en fin, sufre un caos permanente por el propio caos del Gobierno. No por ciberataques, ni sabotajes, ni guerras de las galaxias.