Me entristece la cicatería de un sector de la afición deportiva que celebra con miserable entusiasmo la derrota del Barcelona en la semifinal de la Champions. En primer lugar, porque se trata de un equipo español que luchaba por situar a España en lo más alto del fútbol europeo. En segundo lugar, porque el Barcelona jugó mejor que el Inter, porque le aplastó en el segundo tiempo y sólo la mala suerte evitó la victoria del equipo español.
Naturalmente, yo soy partidario, como Dios manda, del Athletic de Bilbao, el único equipo relevante que juega siempre con once españoles. Hasta que el dinero se adueñó del éxito deportivo, el Athletic estuvo entre los tres grandes del fútbol español. Y todavía se mantiene en lugar destacado. Nunca bajó a Segunda. La generación a la que yo pertenezco admiró al equipo bilbaíno por su nobleza deportiva y su calidad indiscutida. Aquella delantera de fuego, Iriondo, Venancio, Zarra, Panizo y Gaínza, contaba con la admiración general. Zarra ha sido el mayor goleador de nuestro fútbol. Seis años “pichichi”, en 1946-47 marcó 1,42 goles de media en el campeonato liguero, mientras que la cifra máxima alcanzada en su temporada estelar por Messi fue de 1,26 por partido y la mejor de Ronaldo, 1,25. Gaínza, por su parte, está considerado como el mejor futbolista español del siglo XX, solo por detrás de Ricardo Zamora, que mantiene el gran récord de nuestro deporte: 17 años internacional indiscutido.
Piru Gaínza, al que el inmenso Stanley Mathews, “el hechicero del regate”, consideró como el mejor jugador del Campeonato Mundial de 1950, era además un sabio del fútbol. Mantuve con él largas conversaciones y en una ocasión me dijo algo que he publicado varias veces: “En los grandes partidos, la suerte juega al 50 por ciento”
Y eso es lo que faltó al Barcelona en su encuentro con el Inter: la suerte. Estaba ya en la final de la Champions cuando en el minuto 93 del partido, una jugada inesperada le dio al Inter el empate a tres goles.
Estoy, estaré siempre, al lado del Barcelona en sus partidos contra equipos extranjeros. Máxime en esta ocasión en la que asombró a la afición europea con un espléndido juego de la más alta calidad.