El París Saint-Germáin jugará la final de la Liga de Campeones de Múnich después de apocar al Arsenal en las semifinales. Hace una semana conquistaron Londres y este miércoles corroboraron las sensaciones al ganar por 2-1 con una solvencia y seriedad que abruman. Los ingleses nunca brillaron y confirmaron la presunción que señala que su éxito en el Bernabéu se debió más al demérito merengue que a las virtudes propias. El orden y la intensidad franceses bastaron para generar un claro problema de fútbol a los británicos, que se han desinflado en el peor momento y vuelven a casa con dos derrotas repletas de impotencia.
Mikel Arteta recuperó para esta cita, en la que estaban obligados a remontar el 0-1 de la ida, a Thomas Partey. Eso significa que recobró el equilibrio en el eje, refrescó la libertad de movimiento del portentoso Declan Rice y devolvió a Mikel Merino al rol de 'falso nueve'. Es decir, reprodujo el esquema que les había llevado hasta esta altura europea. Y comenzaron el evento con la voluntad de reivindicarse. Aplicaron la presión altísima, ritmo abrasivo y velocidad de pase que han alimentado su sueño. Su cuarto de hora inicial recordó a la versión que doblegó al Real Madrid. El detalle es que sólo duró 15 minutos en los más de 120 totales de este emparejamiento anglo-francés. En ese lapso sufrió de verdad un PSG atrincherado, que no alcanzaba más que a achicar agua. Emergió entonces, en este segmento de necesidad, la figura de Gianluigi Donnarumma. El portero se agigantó en este tramo clave y protegió la calma de sus compañeros. En el tercer minuto ya había visto cómo Rice cabeceaba cerca del palo un centro de Jurriën Timber y a continuación exhibió la jerarquía que le valió el MVP en la Eurocopa de 2020. En el cuatro repelió una volea en el área pequeña de Gabriel Martinelli y en el minuto ocho se estiró, rebosante de reflejos, para desviar un trueno raso que Martin Odegaard emitió desde la frontal. En un paradón de videoteca.
Los 'Gunners' apretaban con todo, encendidos al fin. Bukayo Saka, Martinelli y Odegaard lucían más participativos que hace unos días y los locales yacían sin el balón. Impusieron un tempo insostenible pero en ese frenesí y dominio aplastante se susurraba una carencia profunda: sólo creaban peligro a través de envíos bombeados, bien en juego, a balón parado o en los saques de banda parabólicos de Thomas. No podían dividir entre líneas y cuando lo intentaban se topaban con un Joao Neves majestuoso en la destrucción y el despliegue físico. Ese defecto iría torpedeando sus opciones. Aunque en el primer tiempo impidieron que Vitinha y compañía discutieran la posesión y la iniciativa, la falta de amenaza seria fue acrecentando la seguridad del plan preparado por Luis Enrique. Sabían que los visitantes iban a arriesgar y a dejar huecos atrás, de modo que en cuanto localizaban un segundo se lanzaban en transición. Avisaron en el minuto 11, con la escapada inaugural del protagónico Achraf Hakimi, y en el 17 Khvicha Kvaratskhelia estrelló en la madera un latigazo desde el pico del área. Los galos se manejaban replegados con el poso del que conoce a la perfección la solución a cada desafío, con la apariencia de los equipos muy bien trabajados.
Las coberturas, las ayudas de los creativos a los laterales y los automatismos han confeccionado un PSG monstruoso en 2025. Con la Ligue 1 en el bolsillo mucho antes del cierre del calendario, pocos pueden argumentar que haya un mejor escuadrón en el presente en el Viejo Continente. Su maquinaria funciona a la perfección, con Willian Pacho en la élite de los anti-aéreos, Vitinha en la cima de los arquitectos y 'Kvara' demostrando por qué costó 70 millones de euros en enero. En cuanto que el esfuerzo coral igualó la energía del Arsenal, los isleños se quedaron sin recursos para dañar. Las ayudas apagaron a Saka y a Martinelli, y los contragolpes parisinos prometían veneno.
Entonces, antes de la media hora, se confirmaron los malos presagios de la hinchada londinese. En el 23 William Saliba cometió una pérdida terrible en salida de balón y Desiré Doué perdonó; y en el 27 Rice falló un control y regaló una falta que acabó en el 1-0, obra de Fabián Ruiz. Vitinha puso en vuelo la acción de estrategia, Thomas despejó mal, Martinelli se durmió en la búsqueda del rechace y el zurdo andaluz pintó un golazo. Ejecutó un control-regate con el pecho y conectó un cañonazo de zurda que se coló pegado al poste.
La gloria europea se trata casi siempre más de no perder pie al encajar los golpes que de resplandecer en ataque, y en ese cruce (como en el de este martes en el Giuseppe Meazza) también se cumplió dicha afirmación. No le sentó bien el 1-0 a los pupilos de Arteta y en el 30 Rice y Raya les salvaron al abortar un remate de Bradley Barcola, justo después de la pifia en el pase de Myles Lewis-Skelly. A este canterano juvenil, fundamental en esta temporada, se le notó la inexperiencia y acabó sustituido, pero su actuación no difirió demasiado de la del resto de la delegación visitante. Un par de centros de Saka sin rematador en el área (mal endémico escondido hasta estas semifinales, como la endeblez defensiva del Barcelona) les encaminaron a vestuarios con la mirada de los 1.000 metros. Habían tenido el 54% de la posesión y chutado 10 veces, mas sólo dos de esos intentos fueron a portería. La mayoría se toparon con los zagueros rivales. Y, enfrente, los galos volvieron a subrayar su puntería con tres de sus disparos realizados dirigidos a la diana.
Odegaard se había esfumado y no levantaría el vuelo. El noruego ha dejado muchas dudas en esta exigencia, al igual que Martinelli. Las lesiones de Kai Havertz y Gabriel Jesús han pesado demasiado. También la de Gabriel Magalhaes, santo y seña del sobresaliente balón parado ''Gunner'. La reanudación arrancó con los ingleses desnortados y de brazos caídos. Sin chispa ni inventiva, los pelotazos de Raya y la búsqueda de las segundas jugadas se convirtieron en sus armas. Por ende permitieron ganar peso a un PSG que instalaría de manera definitiva su comodidad. Es más, probaron al guardameta español por medio de Doué y de Vitinha. Y en el minuto 69 subieron la apuesta con una contra finalizada con un derechazo de Achraf detenido por Raya que derivó en un penalti de VAR -por mano de Lewis-Skelly- Vitinha lo lanzó con parsimonia y David se vistió de héroe, pero en el 73 no pudo hacer nada ante el misil de Hakimi (2-0). 'Kvara', Ousmane Dembélé (recién entrado por el gris Barcola) y la indolencia de Thomas Partey hilvanaron la sentencia.
Los ingleses, en los que Saliba, Raya y Rice fueron sus mejores jugadores (síntoma de la densidad atacante), despertaron con todo perdido. Merino pasó a distribuir, mejorando las prestaciones de la ofensiva, y Saka se desperezó con un intento de gol olímpico y un zurdazo maravilloso que Donnarumma detuvo con otro paradón. En el 76 encontraron el tanto al ganar Leandro Trossard un cuerpeo a Marquinhos (nuevo episodio en el debe del capitán brasileño). El belga centró mal una pelota a la que los rebotes giuaron hacia el remate de Saka a puerta vacía (2-1). Y, cosas del fútbol, en el 80 el zurdo pudo empatar el partido y meter en eliminatoria a sus colegas... mas no atinó ante un arco sin portero tras el centro estupendo de Riccardo Calafiori.
Hasta ahí llegaron los británicos, que padecen otro fiasco continental en el que parecía el renacer del proyecto de Arteta. La ausencia de títulos importantes sigue lastrando la impresionante labor del técnico vasco en estos seis años de mandato. Todo lo contrario ocurre en París, donde Luis Enrique se ha transformado ya en un mito. El asturiano ha devuelto al club francés a la final de la Liga de Campeones. La única vez que la habían pisado antes fue en 2020, con Kylian Mbappé y Neymar en la plantilla. Ahora no poseen estrellas rutilantes del estilo, pero están mejor preparados para hacer historia. La genialidad se encuentra en el banquillo y en la fuerza del colectivo. Y esos son argumentos muy potentes para iluminar los Campos Elíseos como nunca.