El Atlético de Madrid festejó este sábado su "Día del niño" en el Metropolitano de la mejor manera: goleando a la Real Sociedad (4-0) en un evento que comenzó con la traca de fuegos artificiales futbolísticos más estruendosa posible. Los colchoneros venían de un aviso lanzado por su propia afición tras las actuaciones más que discretas en los duelos previos ante Alavés y Las Palmas. Una parte sonora de la hinchada criticó con dureza a algunos jugadores, a Diego Pablo Simeone y al palco a través de las redes sociales. El asunto llegó al club, como no podía ser de otro modo, e incluso saltó a la sala de prensa, donde el entrenador señaló lo siguiente: "Esperemos que nuestra gente nos exija, porque esa exigencia nos va a hacer mejores y nos va a hacer entrar mejor en el partido". Dicho y hecho, sus muchachos saltaron esta noche al verde con hambre y al minuto 12 ya ganaban 3-0.
El 'Cholo' enfrentaba una anomalía de inicio ya que no podía contar con Julián Álvarez. La estrella argentina se ausentó por vez primera en 51 encuentros debido a la acumulación de tarjetas, de modo que el técnico tuvo que repensar la ofensiva. Y lo hizo eligiendo a Alexander Sorloth como delantero referencial y relegando a Antoine Griezmann al banquillo. Las suplencias de la leyenda son cada vez más habituales, si bien no deja de resultar llamativo. Por detrás del punta noruego soltó a Pablo Barrios con libertad, en una decisión que se demostraría como un acierto absoluto. El canterano de 21 años (centenario ya con la elástica rojiblanca) dañó sobremanera por la banda diestra, en asociación con el extremo Giuliano y con el hoy carrilero Marcos Llorente. Ese perfil quemó desde temprano a la zaga donostiarra y allanó el camino para un festival reconfortante en el estadio de San Blas-Canillejas.
La movilidad de Samuel Lino y Giuliano, que fluctuaban del exterior al centro, terminaría de afilar a una orquesta dirigida por Koke Resurrección. El capitán volvió al foco y rindió con solvencia, en la base junto a Rodrigo de Paul, aunque la endeblez defensiva mostrada por el equipo entrenado por Imanol Alguail ayudó en demasía. Que no iba a ser ésta una fecha feliz para la retaguardia visitante se notó desde el calentamiento, momento en el que cayó lesionado el valioso zaguero Nayef Aguerd. Aritz Elustondo emergió como relevo pero ni él ni el juvenil Jon Martín disfrutaron del viaje a la capital. Las dudas de esta pareja imprevista coronaron un desempeño sonrojante en el que ni Martín Zubimendi salió a flote. Quisieron los txuri urdin presionar con personalidad y acabaron agujereados, también cuando replegaban. Cojearon por la falta de ayudas colectivas a sus laterales, síntoma de lo descosido de este proyecto de próxima extinción.
Los lamentos vascos arrancaron en el primer minuto, cuando Llorente se escapó a la espalda de la adelantada zaga rival y emitió un mal centro. El siguiente acercamiento por esa vía derivó en el 1-0. Una circulación rápida encontró a Barrios llegando a línea de fondo sin marca y centrando con clase una pelota que Sorloth tradujo en una volea atronadora e imparable -minuto siete-. Sin tiempo para lamerse las heridas, la Real encajaría el segundo tras una pérdida de Jon Aramburu, que cayó en una emboscada colchonera. Porque esta vez sí, esta vez los rojiblancos compitieron con el ritmo e intensidad que demandan las gradas. Lino recogió el cuero suelto y puso un balón en profundidad con el que el noruego encaró y descerrajó un zurdazo cruzado que se coló tras besar la madera -minuto 10-. Y acto y seguido, segundos después, Giuliano era el que ganaba la espalda a la carrera y centraba, Martín despejaba al cuerpo de Zubimendi y el propio Sorloth embocaba el regalo para un 3-0 supersónico -minuto 11-.
No cabía en sí la tribuna, al fin satisfecha tras sus reclamos. Estaban viendo la versión del Atlético campeón de LaLiga y aspirante a todo. Esa que se esfumó en la segunda vuelta de LaLiga y que en marzo perdió los títulos y los papeles. Reivindicación 'violenta' de Sorloth, que desde su discutible condición de suplente salió del césped aumentando su cosecha global de la temporada hasta los 21 goles, 17 en el campeonato liguero. Porque tuvo tiempo antes del descanso para firmar un póker histórico, al anotar a placer un centro de Javi Galán, en el enésimo desbarajuste del achique donostiarra -minuto 30-. Para localizar un precedente de semejante puntería en tan corto lapso hay que trasladarse hasta el de 'Mundo' Suárez, con el Valencia, en 1941. Y en el primer tiempo el ridículo visitante todavía pudo ensancharse si no fuera porque Javi López le arrebató a Giuliano una diana cantada. Mientras tanto, Jan Oblak se marchó a vestuarios sin haber estrenado los guantes. No recibió ni un remate a portería y la única inquietud que le llegó se trató de un centro pasado de Takefusa Kubo -el único punzón blanquiazul lúcido, desequilibrante y concentrado- que Zubimendi mandó fuera en el segundo palo. Con esta placidez el meta esloveno prosigue su senda hacia el que sería su sexto 'Zamora'. Lo nunca visto en España.
La Real dio testimonio de los problemas que han terminado por derrumbar a Imanol. La plantilla nunca ha dispuesto de un goleador que sostenga la altura de los objetivos planteados, la exigencia física del estilo presionante ha pasado factura y la consistencia mental no es una de las virtudes de ese grupo de jugadores que ahora tiene a cuatro puntos jugar en Europa el próximo curso. Han llegado a estos meses vacíos desde todo parámetro, sin confianza, energía ni pasión. Ese estado sale a la superficie de forma explícita en el esfuerzo defensivo. La pobre organización sistémica provoca que caigan en casi todos los anzuelos, como les ocurrió ante la libreta del 'Cholo'. Una y otra vez las bajadas de Lino y Giuliano para lanzar a sus compañeros desde segunda línea perforaron la resistencia visitante. Además, realizaron muy pocas faltas para contener el naufragio, otro síntoma del apagón general. Ni haber frenado al Athletic la pasada semana les ha levantado. Suman cinco jornadas sin ganar.
La reanudación no vería ya ni a Kubo ni a Mikel Oyarzabal. Ambos fueron suplidos por Igor Zubeldia -recuperado de una lesión muy dañina para su equipo- y el prometedor atacante Arkaitz Mariezkurrena (activo, fogoso, protagonizó el solitario chut hacia Oblak de este partido). Alguacil priorizó la protección ante un descalabro mayor y atinó, en parte porque los locales bajaron las revoluciones. En consecuencia el minutaje se quemaría sin sobresaltos ni acelerones. Sólo una volea potentísima de Sortloh que hizo temblar al larguero -minuto 50- y el paradón de Álex Remiro en el descuento -minuto 91- supusieron un grito en la planicie. Ni la entrada de los relevos y menos habituales serviría para cimentar algo de interés en el segundo tiempo. Desfilaron por el guión sin significado, sin alzar la voz, Griezmann, Ángel Correa, Thomas Lemar, Nahuel Molina, Conor Gallagher, Sergio Gómez, Beñat Turrientes y Jon Olasagasti. Los puntos y las sensaciones ya estaban repartidas. El Atlético se ganó una transición más dulce hasta el Mundial de Clubes y el juicio popular rojiblanco emitió un veredicto positivo en otra cita que refuerza la especial conexión entre jugadores y aficionados que media en el club. Aunque, visto lo visto, ya no sacia clasificarse a la LIga de Campeones durante los últimos 13 años seguidos.