Opinión

El bar de Flori

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 14 de mayo de 2025

No era el Rick’s Café de la legendaria película Casablanca, ni tampoco estaba Sam al piano. Era el bar de Flori y la única música de ambiente provenía del soniquete de la máquina tragaperras. Las fichas de dominó esculpían sobre el mármol de las mesas la fuerza de un seis doble mientras unos cafés, junto a unos carajillos poco alambicados, dibujaban el pasatiempo de un pueblo cuyo pasado hacía las veces de memoria.

En una de esas reuniones lugareñas alrededor de si la tierra era plana o redonda, uno de los tertulianos me lanzó la pregunta de la misericordia: ¿Qué es la vida? Pude haber recurrido a lo del frenesí y la ilusión de Calderón de la Barca, pero a veces la poesía, al igual que la vida misma, lo que parece real puede ser solo un sueño.

La vida, querido amigo, no es algo tangible. Mas ya que usted parece tener dudas sobre el ser y el tiempo, le diré que la vida del ser humano no consiste en poner negro sobre blanco a una incertidumbre como la suya. Cada instante de su duda impide el discurrir mundano de su propia existencia. El ser no es otra cosa que el estar, mientras que el tiempo es un solo instante de su suerte por el hecho de haber llegado hasta aquí.

La riqueza interior de cada cual es el único combustible capaz de hacernos parecer inviolables ante la esperanza de vivir cada nuevo día. De manera que no malgaste usted un ápice de esperanza ni por lo vivido y mucho menos por un presente tan evanescente como el instante en el que estamos, pues todo se diluye al pasar. Aquí y ahora toda esta mi teoría quedará como una parte de nosotros mismos y sin ir más lejos tendrá la importancia que tiene el moderno existencialismo.

Me pregunta usted a mí y yo le digo: ¿Quién soy yo para saber qué es la vida? Le diré que no somos diferentes. Hemos venido al mundo con idénticas indicaciones que la propia naturaleza nos atribuye. El resto es bondad y destino. Ya sé que son dos factores de extraña mixtura, pero la especie humana casi siempre viaja en el vagón del favor y de la suerte. ¿Acaso le extraña? El pobre, al igual que el rico, depende de terceras personas para colegir el sentido temporal de su estadía terrenal. De ahí el concurso que tiene la generosidad. De igual manera, el hado de la vida, ya sabe, la fatalidad o la buena estrella del ser y el estar que ya referí, da y quita según designio.

Destierre toda teoría de que la vida es un desengaño. Hay quienes dicen que es un asco e incluso otros la tratan de burla. ¡Qué sé yo de tantos decires que no alimentan más que al indolente y al incauto! La vida no es otra cosa que el milagro de venir al mundo para ayudar al prójimo. Es el ahora y el aquí; después la materia se mezcla entre una de cal y otra de arena.

Pues bien, mi querido amigo, aunque la existencia humana no coincidiera con el tiempo mismo, su discurrir mundano existe en el espacio propiamente dicho, de tal manera que las prisas por llegar a ninguna parte están marcadas desde que alumbramos al mundo con nuestra presencia. Y esa es la grandeza del porqué nos corresponde vivir y dejar vivir sin la angustia del final que nos depare nuestro ser y la temporalidad de nuestro paseo por la vida.

Pueden las tragedias acortar las esperanzas o tal vez ofuscarnos al creernos ser todopoderosos sin serlo, más la condición humana no acostumbra a poner en valor lo que tiene, sino más bien lo que desea, y es ahí donde lo temporal nos sorprende con el fin de toda oportunidad perdida. Disfrute usted de este misterioso instante que, aun siendo irrepetible, nos llena de extraña realidad. Ya lo ve, una vez más todo lo que se precisa está aquí y ahora.

Querido amigo, tal vez no sea esta la respuesta que usted esperaba de mí, pero yo soy el instante que le brinda su pregunta y por eso para mí la vida no es el Santo Grial que tan afanosamente busca el ser humano para convertirse en inmortal. Yo soy más de vivir con arreglo al amanecer de cada nuevo día. Y así será hasta que el rumboso destino venga a flirtear conmigo.

Mañana, usted mismo y yo seremos el pasado, pero por suerte siempre nos quedará el bar de Flori.